Gaceta Crítica

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Alianza Catalana y Vox: diferencias aparentes, coincidencias de fondo

Guillem Pujol (CATALUÑA PLURAL), 26 de Enero de 2026

Silvia Orriols y Santiago Abascal en una imagen conjunta que compara Aliança Catalana i Vox

Silvia Orriols y Santiago Abascal, líderes de Aliança Catalana y Vox. Fotomontaje.

Independentismo o nacionalismo español. Feminismo instrumental o antifeminismo abierto. Pero también neoliberalismo, racismo y orden. Una comparativa entre Aliança Catalana y Vox más allá del ruido político.

Decir que la extrema derecha está de moda es una frase casi caduca a estas alturas. Las modas aparecen, se imponen durante un tiempo y terminan desapareciendo. La extrema derecha, en cambio, lleva tiempo aquí. No como una novedad, sino como una presencia estructural que ha aprendido a adaptarse a los contextos políticos, culturales y territoriales en los que opera. En Cataluña y en el Estado español, esta realidad toma forma, entre otras, a través de Aliança Catalana y Vox.

Las divergencias están ahí y no son menores. Pero a menudo responden más a estrategias de implantación que a proyectos ideológicos realmente antagónicos.

Feminismo, derechos y uso instrumental del conflicto cultural

Uno de los contrastes más visibles tiene que ver con el feminismo y los derechos LGTBI. Aliança Catalana no ha tenido inconvenientes en apropiarse simbólicamente de algunas de estas banderas. El caso más evidente es la exhibición de la bandera del arco iris en el Ayuntamiento de Ripoll, presentada como una muestra de compromiso con la libertad y los derechos individuales.

Sin embargo, este gesto no se inscribe en una lógica emancipadora. Funciona sobre todo como una herramienta discursiva para señalar al islam como enemigo cultural y reducirlo a una religión incompatible con los derechos de las mujeres o de las personas LGTBI. El feminismo aquí no es un fin, sino un recurso. Una coartada para legitimar un discurso profundamente islamófobo.

Vox, sin embargo, no juega a este juego. Su posición es mucho más frontal. No instrumentaliza el feminismo, sino que lo señala directamente como adversario. El antifeminismo es uno de los ejes centrales de su relato político, y cualquier acercamiento a las luchas de género es visto como una amenaza ideológica.

La diferencia está clara, pero no contradictoria. Son dos formas diferentes de operar sobre el mismo conflicto cultural, adaptadas a contextos sociales diferentes.

Inmigración y lengua, matices que no cambian el fondo

Las divergencias aparecen también en la cuestión migratoria. Vox ha mantenido una posición relativamente flexible con la inmigración procedente de Latinoamérica. El vínculo lingüístico, el pasado colonial compartido y la idea de una comunidad cultural hispanohablante permiten establecer una distinción entre inmigrantes percibidos como asimilables y otros que no lo serían.

Esta estrategia no es inocente. Sirve para reforzar el papel del castellano y una determinada idea de España, al tiempo que se mantiene un discurso duro contra otros colectivos migrantes.

Aliança Catalana rechaza abiertamente este planteamiento. Critica Vox por considerar que esta apertura contribuye a perpetuar el castellano como lengua dominante y diluye el proyecto nacional catalán. Su rechazo a la inmigración es mucho más global y no realiza excepciones relevantes. Además, incorpora de forma explícita la cuestión lingüística, con una oposición frontal al uso del castellano en el espacio público.

A pesar de estas diferencias de relato, el resultado práctico es similar. La inmigración sigue siendo presentada como una amenaza estructural y como una fuente de conflicto social, independientemente de su origen. Los matices en la instrumentalización de la política cobarde del miedo que emplean VOX y Aliança Catalana es una cuestión estratégica, no de fondo.

Economía y el silencio interesado sobre las élites

Es en el ámbito económico donde las similitudes se hacen más evidentes, aunque a menudo pasan desapercibidas en el debate público. Tanto Aliança Catalana como Vox defienden una agenda claramente neoliberal. Reducción generalizada de impuestos, eliminación del impuesto de sucesiones, de patrimonio y de donaciones, y una retórica fiscal que promete aliviar a las clases populares.

En la práctica, estas medidas benefician sobre todo a las rentas más altas ya las grandes fortunas. Lejos de cuestionar las relaciones de poder económico, las refuerzan. El discurso contra las elites queda neutralizado cuando se analiza con detalle el contenido real de los programas.

No sorprende, por tanto, que a medida que estas formaciones ganan presencia institucional, determinados sectores económicos empiecen a acercarse a ellos sin excesivos escrúpulos. El caso del reciente encuentro de la líder de Aliança Catalana con figuras destacadas de la burguesía catalana y del mundo de la abogacía es ilustrativo. Cuando existe expectativa de poder, las élites saben identificar interlocutores útiles, más allá de las diferencias identitarias.

Nacionalismos en conflicto y electorados menos homogéneos

Aparentemente, el nacionalismo es el gran elemento de separación entre ambas fuerzas. Por un lado, el independentismo y el nacionalismo catalán. Por otro, el nacionalismo español y el centralismo. Pero esta frontera se difumina cuando se observan los datos de apoyo electoral con mayor detenimiento.

Una parte significativa de los votantes de Aliança Catalana no es independentista. Aproximadamente la mitad de su electorado no se sitúa en ese eje como prioridad política. Esto indica que su atractivo no reside exclusivamente en la cuestión nacional.

Lo que más pesa, en muchos casos, es el discurso abiertamente racista, la promesa de orden, la simplificación extrema de los conflictos sociales y la identificación constante de un enemigo interno. En este terreno, las distancias con Vox se reducen de forma notable.

Más allá de las banderas

Comparar Aliança Catalana y Vox no implica equipararlas mecánicamente. Implica entender cómo operan las nuevas derechas extremas y cómo adaptan su discurso a cada contexto. Las diferencias son reales, pero a menudo tácticas. Las coincidencias, en cambio, apuntan a un proyecto compartido que combina autoritarismo cultural, exclusión social y neoliberalismo económico.

Guillem Pujol es Licenciado en Ciencias Políticas (UPF), MSc en European Politics and Policies en la University of London, Birkbeck College y Doctor en Filosofía con mención Cum Laude (UAB). Co-autor del libro «Cartha on Making Heimat» (Ed. Park Books). Director del medio Cataluña Plural.

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