Gaceta Crítica

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Nacho Vegas: «Ser facha no es la nueva rebeldía, es el nuevo postureo»

Henrique Mariño (PUBLICO), 25 de Enero de 2026

El músico asturiano apela a la ternura y a la lucha en su nuevo disco, Vidas semipreciosas (Oso Polita), donde advierte del auge de la ultraderecha.

Nacho Vegas publica nuevo disco, Vidas semipreciosas.
Nacho Vegas publica nuevo disco, Vidas semipreciosa

En Nacho Vegas (Gijon, 1974) no hay belleza sin política. En su nuevo disco, Vidas semipreciosas (Oso Polita), laten la lucha y la ternura, el intimismo y la militancia. También el recuerdo de los represaliados y una llamada a la resistencia en un «tiempo de lobos», protagonizado por el auge de la extrema derecha. Y un canto a lo colectivo, a la imperfección, al asombro y, por qué no, al dolor frente a la dictadura de la felicidad como producto impuesta por el capitalismo.

¿Asombrarse es una forma de resistencia frente al cinismo?  

El arma contra el cinismo es la ternura, relacionada con la capacidad de asombrarse, que provoca emociones que implican reconocer al otro. Al contrario, el cinismo es encerrarse en uno mismo, la actitud que impera en un individualismo fomentado por el liberalismo. Asombrarnos puede ser una manera de combatirlo. Y, frente a una postura descreída con todo, reivindico la ingenuidad. Tengo que volver a ese lugar cada vez que escribo, es decir, recuperar el grado de inocencia necesario para sorprendernos, porque las canciones tienen algo de descubrimiento.

La imperfección es bella, de ahí sus Vidas semipreciosas.  

La búsqueda de la perfección está abocada al fracaso y es un poco estúpida. Debemos reconocernos como seres imperfectos, llenos de contradicciones y a veces infelices, así como permitirnos hablar de la infelicidad, porque muchas veces revela verdades importantes. Obviamente para combatirla, no para regocijarse en ella. Sin embargo, hoy en día las lógicas de consumo nos impelen a estar contentos o satisfechos todo el tiempo, mientras que mostrar nuestra fragilidad se ve como un defecto. Por eso reivindico en el disco que somos imperfectos y mestizos, no puros, lo que hace que nos necesitemos tanto los unos a los otros.

El «me cago en Dios», que se repite en Deslenguarte, era muy de Jorge Ilegal.  

Es muy asturiano, aunque la gente se caga bastante en Dios en todo el Estado español. Jorge, además, se cagaba en Dios con mucho estilo. Su pérdida se sintió mucho en mi tierra, porque parecía que iba a aguantar carros y carretas, pero el cáncer no perdona. Fue bonito ver lo querido que era Jorge en Asturias, hasta el punto de que la muerte de Robe Iniesta pasó más desapercibida, porque en los días siguientes de lo que se hablaba era de Jorge. Y eso que el fundador de Extremoduro tenía mayor proyección pública.

De hecho, políticos de derechas fueron acusados de apropiarse de la figura de Robe Iniesta.  

No me extraña, porque es algo habitual. Recuerdo una encuesta de una revista musical que reflejaba que Joaquín Sabina era uno de los músicos preferidos de la gente conservadora. A la derecha le gusta disfrutar del rollo canalla e irreverente de la farándula, pero con la barrera del escenario. Contemplan a artistas como Robe o Sabina como titiriteros con mucho talento. Ahora bien, en cuanto cruzan ciertas líneas, ya no…. Caso de Albert Pla, al que no le perdonan una. 

En Seis pardales aborda el caso Las seis de La Suiza y, a lo largo del disco, hay mensajes de represaliados, como Anna Gabriel (referéndum de Catalunya), Javitxu Aijón (Los seis de Zaragoza) o Adur Ramírez (caso Altsasu). ¿Teme perder a algunos fans por estos gestos? ¿Cree que excluyen a algunos oyentes?

Si vives en Xixón y tienes conciencia política, me parecía muy difícil que no permeara en las canciones lo que había pasado con Las seis de La Suiza. Y cuando se me ocurrió tender puentes con interludios que fueran marcando el camino hasta Seis pardales, la conecté con otros casos que me parece aberrante que se hayan normalizado tanto. Se habla de los presos políticos de Venezuela como si aquí no los hubiera. Todo eso va en el oficio, por lo que no me planteo si me puede hacer perder seguidores o no. Hay que ser honesto contigo mismo y volcar en tus canciones las cosas que te preocupan y que forman parte de tu vida y del mundo en el que vives. A costa de lo que sea, incluso de perder fans.

Porque tendrá seguidores de derechas.  

Supongo que sí. He conocido a gente de derechas a la que le gustaba mi música y precisamente la parte política no era lo que más le disgustaba. Quien más me ha criticado porque el compromiso político esté presente en mis canciones es gente que se supone de izquierdas. Siempre me ha gustado la canción popular y política, pero no soltar sermones ni aburrir con mítines, porque las canciones tienen que ser básicamente actos emocionales

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Lo íntimo no está reñido con la lucha.  

No. Hay canciones que parten de sentimientos muy íntimos pero conectan con mucha gente. Creo que todas las canciones parten de lugares muy concretos, aunque si tienes conciencia de ello pueden llegar más allá. Por eso es importante perderle miedo a mencionar tu ciudad y sus rincones, porque partir de lo más íntimo o local es la mejor manera de llegar lo más lejos posible, de entrar en comunión con más gente compartiendo esa intimidad y de alcanzar algo más universal. 

¿Siente que se abre más con manifestaciones políticas explícitas en sus canciones o cuando habla sin pudor de sí mismo?  

En los inicios, había gente que me acusaba de ser excesivamente impúdico. Para mí era importante escribir canciones que partían de experiencias vividas de primera mano, aunque me daba rabia que me preguntaran si eran autobiográficas, porque trataban de trascender lo vivido. Quizás el término autoficción hubiese sido una buena manera de describir ciertos temas. Cuando hablas de sentimientos muy íntimos, tienes que marcar una línea entre la canción y la realidad pura y dura. La realidad por sí misma no resulta emocionante: debes transformarla en una verdad emocional para que brille de verdad, y eso exige una distancia. Cuando no escribes sobre lo que te obsesiona o atormenta y se cuelan cuestiones sociales o políticas, el proceso es diferente, porque conviene abrir las ventanas y ver qué está pasando afuera. Tras la pandemia, estaba bloqueado con una canción y recibí una noticia trágica. Ese hostión de realidad me espabiló, porque eres consciente de que ahí afuera están pasando cosas maravillosas, pero también terribles. Además, hay que entender que cuando cantas en primera persona no tienes por qué identificarte necesariamente con ella. Cuando publiqué El hombre que casi conoció a Michi Panero, donde hablo a través de un personaje, me llegaron a preguntar: «¿Crees que follas más por decir que eres mal amante?». Fue muy extraño, aunque me gusta la idea de ponerme una máscara no para esconderme, sino para poder contar la verdad de una manera más poderosa, algo que también sucede cuando subes al escenario.

¿»Quizás cualquier placer sea un alivio» porque la curación no es posible?  

A veces me planteo: “Si fuera feliz, ¿necesitaría hacer canciones? ¿O preferiría ser moderadamente infeliz y seguir escribiendo?”. Nunca sabes qué responder, porque es una pregunta trampa. No sé si hay curación, pero todos necesitamos esos alivios y ojalá fueran auténticos placeres, porque la vida muchas veces se muestra hostil. En todo caso, no es bueno evadirse del todo, porque puedes correr el riesgo de anestesiarte. Entonces dejas de sufrir, aunque también de emocionarte, de asombrarte o de enamorarte. Debemos huir de eso. La canción no es una oda a los alivios, sino al contrario: hay que tomar conciencia de lo que nos provoca buscar esos remedios, porque muchas veces son parches.

Nacho Vegas publica nuevo disco, Vidas semipreciosas.

«Soy hijo de Cristina Vegas, antifascista», canta en Fíu. Su madre le dio herramientas y le enseñó que «sin justicia libertad no es cosa cierta», por eso «en esta familia somos de izquierdas».  

Tenía ganas de rendirle homenaje por todo lo bonito que me ha dado, aunque también debería leerse como una canción que habla del aprendizaje en la vida, donde mi madre fue un elemento muy importante. Se necesitan unos valores y principios a los que puedes aferrarte, aunque te lleven a contradicciones, a dudar de ellos y a cambiarlos. Al final acaban siendo compromisos que vas estableciendo a medida que te haces adulto: compromisos afectivos, políticos o con tu trabajo. Y lo haces a pesar de haber hecho daño por el camino, de que eso te siga doliendo y de que sigas culpándote por ello. 

Su madre era maestra. ¿Qué le enseñó?  

Mis hermanos y yo siempre fuimos a colegios e institutos públicos, pero teníamos amigos que iban a colegios privados. En la adolescencia comprobé el choque: el clasismo y el machismo —que entonces no identificaba como tal— que se respiraban en los colegios privados. Percibí la diferencia con el ambiente que se vivía en un colegio público, aunque tampoco era una panacea y todavía hoy la educación pública, de la que soy defensor, tiene mucho que mejorar. Recuerdo precisamente cuando mi madre nos explicó por qué era importante defender una escuela pública que nos educara con unos valores progresistas y muy alejados de lo que ella había vivido en el franquismo. Y, entre otros valores que fueron importantes para mí, de ella también aprendí el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo.

  «Lo que más me aterroriza es que se normalice la ultraderecha como una opción política más»    

¿Se imaginaba hace unos años este auge de la ultraderecha y los apoyos que tendría Vox?  

No lo imaginaba así. Yo siempre recuerdo el antifascismo como algo importante, pero cuando era guaje la ultraderecha no estaba organizada. Lo que me ha sorprendido es el proceso mediante el cual han conseguido organizarse, colarse en las instituciones y, sobre todo, lograr que una parte de la población normalice el fascismo como una opción política más. Da igual que sea un discurso de odio, de exclusión, racista o antifeminista, porque se asume como «tan respetable como otro cualquiera». Eso es lo que más me aterroriza. Ahí creo que tenemos gran parte de culpa la izquierda, por no haber sabido elaborar un discurso que le llegue a todo el mundo. Lo he dicho en primera persona del plural, pero pienso que la izquierda institucional o más socialdemócrata ha dirigido su discurso a las clases medias y se ha olvidado de las clases más desfavorecidas. Y cuando estas se encuentran con que nadie les da respuestas, llega la ultraderecha y les ofrece una respuesta obscena, que algunos aceptan porque no tienen a qué aferrarse. Por ejemplo, culpar a la inmigración de que no tienen trabajo, en vez de a un señor trajeado, blanco y rico que, seguramente, es el que se lo está quitando. Que la izquierda no haya sabido ver eso es un problema que deberíamos analizar. 

¿El fascismo tiene tope?  

Estamos asistiendo a un genocidio en directo ante la impasibilidad de casi todos los dirigentes de las llamadas democracias liberales. Vemos que un país considerado como «la mayor democracia del mundo» bombardea a otro y secuestra a su presidente con total impunidad y sin que pase nada. No podía imaginar tales barbaridades y ahora me siento un poco ingenuo, porque no puedo asumirlas.

Nacho Vegas publica nuevo disco, Vidas semipreciosas.

¿Cree que la llegada de Vox al Gobierno es inminente?  

Nos están vendiendo la idea —y no digo que no sea cierta— de que los jóvenes van a votar a Vox en masa. Conozco a gente que milita en el PSOE cuyos hijos adolescentes, sin ser de Vox, les han comprado el discurso, sobre todo el antifeminista o el de la inmigración, algo que también sucede en familias de clase trabajadora. Como me decía una amiga: «Antes, para distinguirte, la gente tenía que vestir de marca. Ahora basta con ponerte la pulserita de España y ya parece que cambias de estatus, aunque lleves ropa barata». Ser facha no es la nueva rebeldía, como dice alguna gente, sino el nuevo postureo. O sea, la búsqueda de una identidad en un momento en el que se tienen muchas dudas. Por el contrario, no se está contando que mucha juventud  se está autoorganizando. Un ejemplo es la reacción a la Vuelta a España: fue emocionante ver un Madrid antifascista boicoteándola. Creo que todavía se puede frenar la llegada del fascismo al poder. 

 «Quien más me ha criticado por el compromiso político en mis canciones es gente que se supone de izquierdas»  

¿Uno se cansa de resistir?  

Algunos, sí. He visto a mucha gente que de joven era muy luchadora y que, con el tiempo, ha acabado desencantada e incluso ha adoptado actitudes reaccionarias. Tenemos que ser conscientes de que a veces nos tenemos que cansar y desencantar para volver a ilusionarnos. Ahora estamos en un proceso de reconstrucción, sobre todo después de la pandemia, que afectó a muchos espacios sociales y culturales donde se vivía lo común. Reconstruir el tejido social, afectivo y cultural es algo bonito, porque veníamos de unos años prepandémicos en los que la izquierda —sobre todo el activismo y las diferentes trincheras— estaba en horas muy bajas. No nos deberíamos permitir dejar de luchar para siempre, desde la trinchera que sea, incluida la de la cultura y las canciones. Y, por supuesto, desde la trinchera de la dignidad.

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