Génesis y evolución de la noción «ideología de género» usado por las extremas derechas.
Mauricio Prado Jaimes (Substack del autor), 25 de Enero de 2026

Después de la revolución feminista y de la comunidad de la diversidad sexogenérica de los últimos diez años vino la reacción conservadora. Arropada bajo el manto de un nuevo aparato discursivo, con la “ideología de género” como uno de sus pilares, las extremas derechas contemporáneas han renovado su discurso sobre la supremacía masculina, con nuevos marcos de interpretación para oponerse a los cambios que las mujeres plantearon en todos los ámbitos sociales y culturales.
Prácticamente todo el espectro de la derecha mundial tiene, en mayor o menor medida, integrada la lucha contra la llamada “ideología de género”. En América Latina, presidentes como Javier Milei, Daniel Noboa, Nayib Bukele, Jair Bolsonaro, José Antonio Kast, y otro puñado de referentes de las extremas derechas locales, han despotricado e impulsado una agenda conservadora usando la “ideología de género” como dispositivo discursivo. A nivel mundial, la lista es interminable, pero los más representativos son Donald Trump en Estados Unidos, Viktor Orbán en Hungría, Vladimir Putin en Rusia y Giorgia Meloni en Italia.
Ante esta reacción conservadora, múltiples autoras feministas han empezado a analizar qué ha sucedido con la noción de “género” en las últimas décadas que ha llevado a una explosión de significados y ha unificado a extremas derechas tan disímiles. En este esfuerzo colectivo se encuentra el libro que publicó la feminista mexicana, Marta Lamas, en 2025.
En este libro se propone analizar en qué consiste la disputa en torno a lo que se denomina “ideología de género”, pero sobre todo en explicar de forma pedagógica el desarrollo intelectual que llevó a que el concepto de “género” esté en el centro de investigaciones académicas, en políticas públicas, en las protestas plazas públicas por todo el país y se haya convertido un dispositivo discursivo usado por las extremas derechas.
Para ello, Marta Lamas explica el surgimiento del concepto de género, la génesis de la cruzada religiosa contra esta innovación académica, la disputa por políticas públicas que incorporen una perspectiva de género, así como diversos debates dentro de las discusiones sobre este tema, como la tensión entre la igualdad y diferencia, las dificultades de romper con los esquemas binarios y la complejidad de la construcción de la individualidad a partir de lo biológico, lo social y lo psicológico.
Aunque todos estos aportes de Marta Lamas son muy valiosos, y ampliamente recomendables para cualquier lector/a que le interese introducirse en los estudios de género, en esta reseña me concentraré en el abordaje que hace sobre la noción de “ideología de género”, desde su génesis hasta su evolución actual, por mis intereses particulares de estudios en las extremas derechas contemporáneas.
Nuestra América – Altopías es una publicación apoyada por lectores. Para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo, considera convertirte en suscriptor de contenido gratis o suscriptor de pago.Actualiza a la versión de pago
La Ideología de género como dispositivo discursivo
La Iglesia Católica fue la institución que creó la categoría “ideología de género” para combatir los avances del feminismo. Específicamente, fue el cardenal Joseph Ratzinger en la década de 1980 quien impulsó esta noción cuando comenzó su cruzada contra las exigencias de las mujeres, después de que el papa Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución heredera de la Inquisición medieval.
Ante el avance del feminismo en Europa, los cuestionamientos al Vaticano por el rol de las mujeres en la estructura eclesiástica y el surgimiento de organizaciones de laicas como Catholics For a Free Choice en Estados Unidos que protestaban por el rechazo católico a que la Iglesia tomara decisiones sus cuerpos, Ratzinger empezó a advertir sobre la “trivialización de la especificidad sexual que hace intercambiable cualquier rol entre mujeres y hombres” (p. 88).
A contracorriente de otras organizaciones religiosas que comenzaron a incluir a las mujeres en sus instituciones, como el judaísmo con rabinas o los evangélicos con las pastoras, la Iglesia Católica se atrincheró en su división de trabajo tradicional. También reiteró una postura firme contra la concepción de la vida de la Iglesia Católica que postulaba “tener todos los hijos que dios mande” y rechazar métodos anticonceptivos, así como la interrupción del embarazo en cualquier caso.
Contra estas demandas, el Vaticano comenzó una campaña internacional para posicionar sus posturas en escenarios internacionales de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Particularmente importantes fueron la IV Conferencia de Población y Desarrollo, la Conferencia de El Cairo y la IV Conferencia de Mujer en Beijing, llevadas a cabo entre 1994 y 1995. Pese a los esfuerzos diplomáticos del Vaticano, sus posiciones no obtuvieron respaldo mayoritario y avanzaron las propuestas de las mujeres feministas en estos foros internacionales.
A partir de estas derrotas, la cruzada de la Iglesia Católica liderada por Ratzinger intensificó su campaña contra los avances en materia de género, en alianza con algunos grupos evangélicos, primero contra el aborto, después contra la procreación asistida, que después se amplió contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción homoparental y el reconocimiento de diversas identidedes de género.
Todo esto fue englobado bajo la noción de “ideología de género” a la que Marta Lamas identifica, siguiendo al filósofo Giorgio Agamben, como un dispositivo discursivo, entendido como un concepto operativo que tiene una función estratégica concreta y que se relaciona con una relación de poder (p. 92).
“El hilo narrativo de esta lucha contra la ‘ideología de género’ consiste en sostener que los seres humanos tenemos una condición ‘natural’, determinada por la biología, y que el género es una ideología importada que atenta contra la esencia humana”, sostiene Marta Lamas, como fundamento discursivo que a su vez está basado en la doctrina clásica de la Iglesia Católica.
Sin embargo, la “ideología de género” no se mantuvo como una categoría de uso exclusivo para la Iglesia Católica. Con el paso de los años se integró a los repertorios discursivos de las derechas cristianas estadounidenses, el movimiento Alt-Right del Partido Republicano y nacionalistas de diversos países. Con el indudable avance de las demandas feministas y de la comunidad LGBTIQ+ se fue popularizando esta noción para identificar sus conquistas como una campaña coordinada.
Esta etiqueta fue fundamental para que diversas expresiones reaccionarias tuvieran un marco común de entendimiento sobre los cambios que estaban experimentando. “Ideología de género” se convirtió en una especie de “pegamento ideológico” que logró unificar expresiones diversas del conservadurismo, que pronto empezaron a construir espacios transnacionales como la Family Research Council, Concerned Woman of America, la Federación Pro Europa Cristiana, la Convención de los Derechos de las Familias, la Red Política por los Valores, la National Organization for Marriage, la Tradition, Family and Property, entre muchas otras.
“Así, lo que inicialmente fue una reacción eclesiástica, en la actualidad se ha convertido en un movimiento transnacional, muy bien financiado, que maneja una retórica populista para apelar a valores tradicionales en torno a la protección de la familia”.
En México, fue uno de los hijos de Carlos Slim y directivo de Sanborns, Patricio Slim Domit, quien fue el fundador del movimiento antiaborto en México, vinculado con esta ola de organizaciones religiosas que buscaron movilizarse internacionalmente contra el aborto. Slim Domit fue presidente global de la “Misión por el amor de Dios”, una organización creada en 2009 por el sacerdote inglés John Rick Miller que promovió la agenda antiaborto por todo el mundo, México incluido.
Marta Lamas continúa el desarrollo del concepto “ideología de género” con un giro más. A la popularización de este término falta sumarle el “giro gramsciano”, según lo ha denominado la académica brasileña Sonia Correa, que ha terminado por darle una potencia política a esta noción que en sus orígenes no tenía.
“Dicho giro consiste en salir de una posición reaccionaria, estática, de defensa del orden, para buscar un consenso social por la vía de una política estratégica que algunos denominan metapolítica porque pasa por abajo, o al lado, y va más allá de las instituciones políticas. O sea, es una política que moviliza afectos, y al filtrarse en las mentalidades, es capaz de incidir en la realpolitik” (p. 108).
En otras palabras, este giro gramsciano ha implicado que las extremas derechas no sólo se concentren en sus viejas estrategias políticas de cabildeo con tomadores de decisiones (políticos, empresarios, poderes fácticos), sino que se amplió hacia una búsqueda de construir consensos sociales amplios, desde las bases sociales, a partir de buscar influir en espacios culturales y mediáticos diversos. Es el cambio de estrategia política del lobbying a la batalla cultural (otro término que merece su propio análisis).
Más allá de la evolución y apropiación del concepto por diversos sectores de las extremas derechas, Marta Lamas también remite la popularidad de la noción de “ideología de género” a los contextos de precarización actuales, los cambios en los roles de género y las representaciones de la diferencia sexogenérica y la incertidumbre sobre el futuro.
Un asunto llamativo del análisis de Marta Lamas, y que considero que merece ser reconocido, es que dentro de las batallas globales contra el género incluye a las feministas que son críticas del género y de la posibilidad de transitar en él, particularmente en contra de la comunidad trans:
“A la batalla cultural contra el género se han sumado, tal vez sin decidirlo claramente, estas feministas antigénero que luchan contra las mujeres trans alegando que su presencia implica un ‘borrado’ de las ‘verdaderas’ mujeres, o sea, las que tienen útero ¡El biologicismo en su pleno esplendor […] De nuevo, parece que volvemos como punto de partida al debate naturaleza o cultura”. (p. 127).
Este sería otro frente de la actual campaña contra el “género” como categoría, ajeno al desarrollo del conservadurismo y nacido en el seno de las divergencias feministas, pero que desde la perspectiva de Lamas contribuye a formar un mismo movimiento reaccionario global.
También es notable que Marta Lamas hace una autocrítica sobre los excesos que han llevado las políticas identitarias de los últimos años. En este caso, retoma a Wendy Brown para señalar que “si bien la política de la identidad nació como una respuesta a la exclusión y como demanda legítima de un trato igualitario, en muchos casos acabó encerrándose en un razonamiento autorreferencial” (p. 200) y su preocupación porque estas políticas de identidad terminen siendo antipolíticas, en el sentido de no preocuparse por un proyecto en común al centrarse en las reivindicaciones particulares de diversos grupos.
Es un gran aporte de Marta Lamas explicar el surgimiento y la evolución del concepto “ideología de género”, pero en lo personal me hizo falta una discusión más directa con algunos de sus principales promotores y difusores. El debate se puede leer entre líneas, pero para un combate efectivo contra este tipo de impulsores ideológicos, no basta con hacer una labor pedagógica (siempre necesaria), también hay que desmontar con particularidad sus falsedades y tergiversaciones.
Deja un comentario