Rafael Fraguas (MUNDO OBRERO), 21 de Enero de 2026
El imperio se propone quitar de en medio a Nicolás Maduro y su Gobierno, para poder arrebatar a los venezolanos gas, hidrocarburos, materias primas, minerales, tierras raras, uranio y oro.

Nicolás Maduro | facebook.com/NicolasMaduro
Poco antes de morir en 2013, presumiblemente a causa de un cáncer que le fue inducido con plutonio, Chávez recomendó a los venezolanos que adoptaran a Nicolás Maduro como su sucesor natural. Valoraba sobremanera la dote de experiencia sindical, política, parlamentaria y diplomática de Maduro, perfil que el aparato mediático oculta cuidadosamente.
El motivo oculto de la inquina del Imperio y sus secuaces contra Nicolás Maduro (Caracas, 1962), presidente de la República Bolivariana de Venezuela, al que el aparato mediático imperial trata de crucificar cada día con nuevas y escabrosas acusaciones, no es otro que el temor que profesan a su dilatada experiencia política, diplomática y, señaladamente, sindical. Maduro presenta un currículum como activista social, líder laboral y dirigente político y parlamentario sin parangón entre la clase política iberoamericana. Pero eso no se dirá nunca ni en Estados Unidos ni en Europa Occidental, donde sus élites económicas están interesadas, durante demasiado tiempo, en derrocarle, sin conseguirlo. Se intentará ridiculizarlo, degradar su imagen, arrastrarlo por el fango de acusaciones sin fundamento como la fantasmagórica dirección de un cartel de narcotraficantes que no existe. Con ello tratan de erosionarle a él y ensalzar la débil imagen de personajillos titiritescos, marionetas oligárquicas, corruptas y manejables desde Washington y Miami, para auparlos al poder en Caracas y, con su aquiescencia, volver a expoliar Venezuela como sucedía antes de triunfar la revolución nacionalista bolivariana de Hugo Rafael Chávez Frías (1954-2013). Asimismo, las actuales amenazas militares por parte de Estados Unidos, que ha desplegado su flota en el mar Caribe, encubren el propósito reiterado de Washington de pertrecharse de reservas energéticas estratégicas en Iberoamérica, en el preludio de guerras de mayor envergadura, como la que la Casa Blanca perpetra contra China, como ya hiciera antes de intervenir en la Primera y la Segunda Guerras Mundiales.
El imperio se propone quitar de en medio a Nicolás Maduro y su Gobierno, para poder arrebatar a manos llenas a los venezolanos sus riqueza en gas, hidrocarburos, materias primas, minerales, tierras raras, uranio y oro, señaladamente… tesoros de los cuales posee Venezuela una extraordinaria abundancia. El país de Simón Bolívar, con una superficie que dobla casi la de España y cerca de 30 millones de habitantes, cuenta asimismo con una riqueza hidrológica sin par en el surcontinente americano.
Militante precoz
Veamos la biografía de Nicolás Maduro Moros. De origen sefardí, su padre fue militante de la formación socialdemócrata Acción Democrática, luego de una escisión de izquierda, y su madre tenía también formación y militancia políticas. Vivían en un barrio de clase media de la capital venezolana, donde Nicolás había nacido el 23 de noviembre de 1962. Fue educado en la caraqueña Unidad Educativa Nacional Juan Ávalos, recién rehabilitada por las Brigadas Comunitarias Militares, una institución típicamente bolivariana que garantiza la defensa popular en Venezuela.
Como ex alumno de ese centro, Maduro lo definió entonces, cuando en él cursaba sus estudios, como “epicentro de ideas revolucionarias y hervidero de sueños”. Por ello, precozmente, ya a sus 12 años, militaría en un grupo izquierdista denominado Ruptura. Pronto comenzaría a militar en otro grupo político progresista, denominado Liga Socialista, cuyo líder, el dirigente estudiantil Jorge Antonio Rodríguez, de 34 años, murió en julio de 1976 bajo custodia policial, presumiblemente a consecuencia de las torturas recibidas entonces a manos de la policía política, Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención, del régimen bipartidista venezolano ADECO-COPEY, alternativamente socialdemócrata y cristianodemócrata. A Rodríguez la policía le atribuía la responsabilidad del prolongado secuestro de un ejecutivo, supuesto agente de la CIA, que sería liberado tras su captura.
Liderazgo sindical y experiencia clandestina
A través de Liga Socialista, Nicolás Maduro obtendría una beca para formarse políticamente, entre 1986 y 1987, en la escuela de cuadros Ñico López, de la capital cubana, La Habana. A su regreso a Venezuela, decide abandonar los estudios y emplearse como conductor de autobuses en la red caraqueña de transportes urbanos. A partir de entonces, Maduro iniciará una militancia sindical ininterrumpida hasta su paso a la política, que le llevará a fundar y dirigir el Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas, matriz del futuro bloque político denominado Fuerza Bolivariana de Trabajadores, de la cual será fundador y coordinador nacional.
De su paso por el sindicato del metro, obtendría Maduro una experiencia singular para la lucha abierta —y también clandestina—, que le será de gran utilidad para realizar acciones de abastecimiento, protección y seguridad de dirigentes de izquierda a través de la red subterránea del ferrocarril metropolitano, que conocía a la perfección. Fueron estas vías clandestinas las empleadas para asistir al comandante Hugo Chávez, líder militar revolucionario bolivariano, cuando fue detenido y encarcelado dos años tras protagonizar un golpe en el año 1992. Por los túneles del metro, Maduro se encargaría de suministrar apoyo y abastecimiento de armas y bastimentos a militares y civiles revolucionarios nacionalistas, así como los empleó para su propia huida de la policía cuando fue perseguido por su actividad clandestina.
Nicolás Maduro, poco a poco, se fue convirtiendo en el líder sindical y dirigente de la clase trabajadora de Venezuela. Tras sucesivos pasos ideopolíticos y orgánicos, que le van aproximando al Movimiento Bolivariano, conoce en 1993 a Hugo Chávez en la prisión de Yare, donde éste le encomienda tareas clandestinas de enlace con distintos núcleos militares bolivarianos. Su nombre de guerra será Verde.
El presidente Rafael Caldera, del partido socialcristiano COPEY, cuyo segundo mandato presidencial abarcó desde 1994 a 1999, confiesa a este periodista en 1998, que indultó a Hugo Chávez “para evitar una guerra civil en Venezuela”, dado su ascendiente y su carisma entre las Fuerzas Armadas, a las que el líder bolivariano llevó su mensaje nacionalista revolucionario mediante una meticulosa persuasión ideológica entre la oficialidad, la suboficialidad y la clase de tropa. Tal fórmula fue heredada de la propuesta política entrista del guerrillero venezolano Douglas Bravo, futuro dirigente del Movimiento hacia el Socialismo, MAS.
Tras el triunfo revolucionario bolivariano, con un programa de transformaciones cívico-sociales doctrinalmente ceñido a la defensa de los intereses populares, así como a la de la soberanía nacional, política, económica y antiimperialista de Venezuela, Nicolás Maduro aporta su experiencia sindical, como líder de la clase obrera, al partido recién creado por Hugo Chávez. Será diputado a la Asamblea Nacional y presidirá Comisiones Parlamentarias como las de Asuntos Sociales, Medios de Comunicación, Juventud-Deporte y Participación Ciudadana, donde incrementará su desenvoltura como hábil negociador y organizador, signado por un especial pragmatismo, al decir de sus allegados.
El régimen bolivariano da la puntilla al bipartidismo, se despega de la influencia estadounidense, crea mecanismos de control cívico y democrático de la política, despliega una política de vivienda social, educación y valores nacionalistas y lleva al poder a una clase social trabajadora, marginada históricamente por las élites. La revolución triunfa, al igual que prospera una correlación de fuerzas favorable a los sectores populares.
Parlamentario y Ministro de Exteriores
En 1999 Maduro será diputado a la Asamblea Constituyente, donde encabezará la Comisión Parlamentaria de Desarrollo Social, para acceder a la Presidencia de la Asamblea Nacional en 2005 y, un año después, será designado como Ministro de Poder Popular para las Relaciones Exteriores de Venezuela. Desde su cargo, en el que permanece hasta 2012, encabezará la representación venezolana en organismos internacionales de marcado carácter antiimperialista como el CELAC, UNASUR, MERCASUR y ALBA. Promueve Nicolás Maduro el despliegue diplomático de relaciones políticas y económicas con China; rompe relaciones con el Gobierno anticomunista de Taiwan; apoya al régimen libio de Muamar El Gadafi; corta las relaciones de Venezuela con Israel a consecuencia de las matanzas israelíes durante la primera guerra en Gaza en 2008; reconoce los Gobiernos de Abjasia y Osetia del Sur y avala al régimen sirio.
Por otra parte, estimula contactos políticos, económicos y militares con la Federación Rusa y despliega una notable influencia de Venezuela en el seno de la OPEP, la organización de países productores de petróleo, donde su país cuenta y dispone de un gran ascendiente. Llegará a la Presidencia de PDVESA, la empresa estatal venezolana del Petróleo y accederá, en 2012, a la Vicepresidencia ejecutiva del país y en 2013, a la Presidencia del Consejo de Ministros.
Candidato de Chavez a sucederle
Poco antes de morir en 2013, presumiblemente a causa de un cáncer que le fue inducido con plutonio impregnado sobre la montura de su caballo por una organización del espionaje occidental, Hugo Chávez recomendó a los venezolanos que adoptaran a Nicolás Maduro como su sucesor natural. En los cálculos sucesorios del líder bolivariano se incluía, sin duda, la dote de experiencia sindical, política, parlamentaria y diplomática del caraqueño Nicolás Maduro, experiencia que es contemplada por sus enemigos estadounidenses como un verdadero peligro a la hora de poder derribarle. Por todo ello, el aparato mediático denominado occidental, oculta cuidadosamente este currículum, que Hugo Chávez valoraba sobremanera.
Sectores altoburgueses y burgueses locales no admiten la revolución nacionalista y progresista que les ha desplazado del poder y piden la intervención militar de Estados Unidos
Desde el origen mismo de su mandato, la reacción interior, avalada y financiada por los poderes estadounidenses más agresivos, con zancadillas parlamentarias incesantes, sedición organizada, impugnaciones violentas, ha obligado al Gobierno de Venezuela, acosado política, diplomática, económica y militarmente, a vivir en un estado de excepción permanente, que Maduro y su Gobierno han tratado de superar en busca de una normalidad política para su pueblo. Los procesos electorales regionales y municipales han sido convocados regularmente e impugnados furiosamente por una oposición interna muy dependiente de Washington, a la que pide intervenir militarmente en su propio país. Los boicoteos económicos inducidos desde la Casa Blanca y sus onerosas sanciones económicas y comerciales de todo tipo, forzaron a un doloroso exilio a miles de venezolanos que no aceptan la austeridad impuesta a un país tan rico como Venezuela, empobrecido por las presiones del poderoso vecino del Norte.
A su pesar, sectores altoburgueses y burgueses locales no admiten el hecho objetivo que implica una revolución nacionalista y progresista, como la que ha vivido Venezuela y que ha desplazado del poder a una clase elitista, oligárquica y haragana, marioneta imperial, para dar paso a la clase obrera y campesina que pugna secularmente allí por su dignidad y su soberanía. Maduro se ha involucrado en armar y militar a los comités cívicos, así como pertrechar a las Fuerzas Armadas Bolivarianas con armamento moderno adquirido de sus aliados y fortificar cadenas montañosas del occidente del país. Cualquier intento de invasión de Venezuela desde el exterior, dicen los expertos, costará muy caro a quienes lo intenten.
(*) Periodista, experto en geopolítica
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