Lioubov Kriakvina (Blog del autor y Topo Express), 19 de enero de 2026

¿Por qué las guerras modernas son más lentas que las antiguas?
Desde su inicio, el análisis del conflicto en Ucrania ha estado dominado por una sentencia concisa: «Rusia perdió la guerra al no conquistar Kiev en tres días».
Esta sentencia, atribuida al «fracaso» de alcanzar el objetivo inicial en pocos días, ignora dos factores cruciales que redefinieron el conflicto: el papel de la intriga política en la retirada inicial, concretamente la «traición» en los Acuerdos de Estambul, y, sobre todo, un cambio radical en la fisiología de la guerra que convirtió las maniobras rápidas en un suicidio logístico.
Para comprender el conflicto actual, debemos remontarnos dos mil años atrás y preguntarnos: ¿por qué los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Kan fueron, proporcionalmente, más rápidos e imparables que las columnas blindadas modernas?
1. El «fracaso inicial».
Es innegable que el objetivo principal de Rusia, una guerra relámpago con la decapitación política del gobierno de Zelenski, lograda simplemente mediante el despliegue de tropas a pocos kilómetros de Kiev, ha fracasado. Sin embargo, desestimarla como una simple «derrota» ignora los matices políticos.
Los rusos llegaron a las afueras de la capital muy rápidamente (por lo que se produjo la «guerra relámpago»), pero la retirada posterior, llevada a cabo para iniciar las cruciales conversaciones en Estambul en marzo de 2022, hizo retroceder el frente, llevando las columnas blindadas rusas de vuelta a la línea fronteriza.
Desde la perspectiva de Moscú, la retirada se presentó como un «gesto de buena voluntad» destinado a crear las condiciones para un acuerdo de paz. El objetivo político era la neutralidad de Ucrania a cambio del fin de las hostilidades. La promesa de paz, como sabemos, no se materializó debido a la intervención de la OTAN por parte de Boris Johnson y la posterior reacción de la Unión Europea, que, impulsada por Biden, adoptó inmediatamente una postura hostil.
En la narrativa rusa, la retirada fue una apuesta política basada en promesas incumplidas, no una derrota militar. Este detalle es crucial: Rusia se vio obligada a cambiar de estrategia, pero no necesariamente debido a su colapso. Sin embargo, esta retirada, no debida a derrotas militares sino a una apuesta política (perdida), obligó a Rusia a reiniciar su rumbo desde la posición en la que se encontraba el 23 de febrero de 2022, antes de la invasión. Y en ese momento, las cosas cambiaron.
2. La lección de los antiguos conquistadores: la guerra de baja fricción.
La verdadera herramienta analítica es la comparación histórica. La velocidad y la eficacia de las campañas de Alejandro Magno, o incluso más claramente, de los mongoles de Gengis Kan, revelan la diferencia entre la guerra antigua y la moderna.
Los mongoles, armados únicamente con caballos y arcos, llegaron a Europa con una velocidad inimaginable para los ejércitos blindados actuales. Su secreto residía en una guerra de baja fricción:
Logística integrada: El ejército mongol contaba con su propia logística. Se reabastecían en el lugar, sin depender de largos y frágiles convoyes de combustible o municiones. Esto eliminaba el mayor obstáculo para cualquier ejército moderno: la ausencia de sensores: Su velocidad garantizaba el factor sorpresa. No había nada capaz de rastrear o informar de sus movimientos con la suficiente antelación como para organizar una defensa eficaz.
La guerra antigua era «rápida» porque la tecnología defensiva del enemigo generaba una fricción mínima.
3. La nueva fisiología de la guerra: la era de los sensores.
Hoy en día, la guerra en Ucrania es lenta porque se ha convertido en la máxima expresión de la guerra de alta fricción. La alta fricción se produce cuando se utilizan nuevas armas defensivas en el campo de batalla, en las que el atacante no tiene ninguna posibilidad de éxito sin sufrir pérdidas masivas. Esto es lo que ocurrió en la Primera Guerra Mundial con el uso de fortificaciones y ametralladoras.
Nuevas armas, drones y sensores han reescrito el manual militar de este nuevo siglo, dejando obsoleta la guerra móvil del siglo XX, donde los vehículos blindados podían avanzar kilómetros sin ser detenidos.
El dominio de los drones: La omnipresencia de los drones (UAV para reconocimiento, FPV para ataque) hace visible cada movimiento. En cuanto una columna blindada se mueve, es inmediatamente rastreada y sometida a fuego de precisión.
La muerte del tanque rápido: Las costosas tropas blindadas se han vuelto vulnerables a los sistemas de defensa de bajo coste (drones kamikaze, Javelins), creando vastas zonas de «antiacceso» que paralizan las maniobras rápidas.
La guerra de desgaste: El conflicto se ha transformado en una brutal guerra de artillería y trincheras. La artillería, guiada por drones para una precisión quirúrgica, domina el espacio, mientras que la infantería se reduce a la función de defender el terreno metro a metro. El coste logístico y estratégico de avanzar incluso unos pocos kilómetros hoy en día es inimaginablemente mayor que el de toda una campaña de Gengis Kan.
4. La verdadera medida de la «derrota» rusa.
A la luz de este cambio de fisiología, hablar de una derrota rusa simplemente porque el Blitzkrieg inicial fracasó es un análisis superficial y erróneo.
El fracaso de Kiev fue un error estratégico causado por la ingenuidad de confiar en una contraparte que, aunque parecía favorable a los acuerdos, en realidad solo quería obligar a sus enemigos a retirarse y luego continuar luchando desde una posición defensiva más favorable. Esto obligó a Rusia a cambiar de estrategia: de una guerra política de movimiento a una guerra de desgaste y logística.
En un conflicto de alta fricción y con un uso intensivo de recursos, la derrota no se mide por una bandera izada en una capital, sino por:
Agotamiento de recursos: ¿Quién se queda primero sin municiones, vehículos y, sobre todo, capital humano?
El colapso del control: La capacidad de Rusia para mantener el control sobre los territorios que ha adquirido en el Donbás y el sur.
Mientras Moscú mantenga el control territorial, consolidando sus ganancias territoriales y su capacidad para abastecer su frente, la guerra permanecerá en una fase sangrienta y lenta. Sin embargo, la derrota de Ucrania es ahora una certeza, más allá de las fantasías de quienes, por meras razones de propaganda e interés propio, quisieran verla resistir y ganar el conflicto.
Fuente: Lioubov Kriakvina
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