Henrique Mariño (PUBLICO), 17 de Enero de 2026
Así ha logrado la banda de pop católico Hakuna Group Music llenar grandes recintos.

Hakuna Group Music (HGM) no solo llenan el Movistar Arena o el Palacio Vistalegre, sino que también son capaces de congregar a 25.000 personas en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid. Sus seis discos de estudio suman millones de reproducciones en Spotify y YouTube. Y canciones como Huracán se viralizan en TikTok o Instagram. ¿Cómo ha alcanzado el éxito esta banda de pop católico?
Antes de buscar una respuesta, cabe preguntarse cómo surgió y quién está detrás del grupo, que fue invitado las pasadas Navidades a cantar en el balcón de la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Abajo, en una abarrotada Puerta del Sol, entre el público figuraban los líderes del PP Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso.
Hakuna nace al calor del Opus Dei
El sacerdote José Pedro Manglano, miembro numerario del Opus Dei hasta hace cinco años, fundó en Madrid el movimiento laical y juvenil Hakuna en 2013, justo antes de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Río de Janeiro. Allí, varios jóvenes interpretan canciones compuestas por ellos y, un año después, nace el grupo musical cristiano.
«Hakuna tiene dos almas. Una principal, de carácter religioso. Y otra secular, Hakuna Group Music, que tiene como objetivo encontrarse con Dios a través de la música», detalla Joseba García Martín, profesor de Sociología de la Universidad del País Vasco y experto en un fenómeno que ha traspasado el ámbito católico.
Precisamente, ese es uno de los objetivos del movimiento ante la secularización de la juventud: recristianizar a los jóvenes y atraer a nuevos adeptos a través de las canciones de HGM, «en las que el elemento católico permanece velado para un oyente exculturizado, al tiempo que es suficientemente explícito para uno católico».
La cita pertenece al artículo El movimiento Hakuna: estructura organizacional y estrategias para la recristianización de la juventud en España, publicado en la revista Política y Sociedad (Ediciones Complutense) y escrito por Ignacia Perugorría, Rafael Ruiz Andrés y el propio Joseba García Martín, quien ahonda en el gancho de sus canciones.
«Hakuna Group Music utiliza un lenguaje estratégicamente secularizado y en cierto sentido ambiguo. Sus letras suelen referirse a la relación amorosa que los humanos tienen con lo divino, un enganche potente para que el mensaje, más allá de referencias religiosas explícitas, conecte con jóvenes que no están necesariamente alineados con la cultura y el pensamiento católicos ni familiarizados con su simbología», explica.
Una forma de redescubrir o de reconectar con un cierto tipo de tradición religiosa que, a través de la música, acaba siendo católica. «Pero el enganche principal no es lo religioso, sino lo musical. Es decir, a través de lo secular acaban llegando a lo religioso», matiza el sociólogo de la Universidad del País Vasco.
Hakuna, un movimiento internacional
El movimiento Hakuna cuenta con más de sesenta grupos en todo el mundo, sobre todo en España, y lleva a cabo actividades en las que participan cada semana unos 10.000 jóvenes. Su estructura está compuesta por «una asociación de fieles dentro de la Iglesia, la fundación sin fines de lucro Hakuna Revolution y HGM», bajo la guía espiritual de Manglano.
Perugorría, Ruiz y García destacan en su estudio cómo ha evolucionado Hakuna «desde su génesis como grupo parroquial intensamente vinculado al Opus Dei a la constitución de un movimiento independiente en el seno de la Iglesia, con una compleja estructura organizativa, una vasta red de grupos parroquiales en cuatro continentes y un inusitado alcance entre la juventud, particularmente a través de sus redes sociales y HGM».

Para lograrlo, han desarrollado una «estrategia de espiritualización del ocio» —alineada con «la industria psi del bienestar personal»— y «tácticas de apostolado digital y marketing corporativo», buscando la unión entre las diferentes organizaciones católicas y apelando al «nosotros» frente a la lógica del «amigo-enemigo».
«Este es uno de los puntos fuertes de Hakuna. Tienen una identidad colectiva fuerte, pero no se presentan en oposición a otros movimientos de la Iglesia, al tiempo que han conseguido tender puentes con jóvenes de espiritualidades distintas, atrayendo incluso a otros que no son practicantes o católicos», añade Joseba García Martín.
Hakuna y su controversia dentro de la Iglesia
Pese a que Hakuna está alineado con postulados conservadores, el profesor de Sociología de la UPV considera que «no son especialmente beligerantes ni extremistas, porque dentro de la Iglesia hay posiciones verdaderamente retrógradas«. De hecho, han sido criticados por banalizar el catolicismo.
«Concebir la oración y la trascendencia a través de música pop o rock es lo opuesto a la misa en latín. Sin embargo, desde sectores más conservadores se les acusa de protestantizar el culto, aunque Hakuna ha sabido entender bien cómo piensa la juventud y ha encontrado su espacio para llegar al público», apunta Joseba García Martín.
No obstante, el sociólogo deja claro que Hakuna «es mucho más complejo que el grupo de música, casi un elemento secundario» pese a sus éxitos. «La socialización religiosa se da sobre todo a través de prácticas más clásicas: retiros, encuentros y otras dinámicas propiamente religiosas».
La catapulta de Hakuna Group Music
El fenómeno cultural de Hakuna pasa por el dominio de las redes sociales, clave en el contexto de la pandemia y el confinamiento, según el experto en el movimiento, quien considera que los medios de comunicación también han jugado un papel importante al amplificar su mensaje en un momento de «mayor presencia de lo católico en el espacio público».

«Ha habido una especie de alineación de astros en una dinámica de recristianización que convive, paradójicamente, con el hecho de que cada vez más jóvenes están fuera de la Iglesia», reflexiona Joseba García Martín. Un éxito debido «a la facilidad con la que viralizan letras, al eco mediático y a que el catolicismo está en la conversación pública».
Hakuna y Rosalía
Íñigo Quintero con Si no estás, La Oreja de Van Gogh con Todos estamos bailando la misma canción —»Yo creo en Dios a mi manera», reza el estribillo— o Rosalía con su disco LUX cabalgan la ola religiosa, aunque Joseba García Martín cree que no caben en el mismo saco que Hakuna Group Music, entre cuyos clásicos figuran canciones como Noche, Sencillamente, La fila o A ti te alabo.
«En el caso de Rosalía, hay un uso instrumental de lo religioso y una lectura de la temperatura social en torno a lo católico que está subiendo. Tiene un punto transgresor y genera polémica, algo que la industria discográfica sabe aprovechar. Ha sabido leer bien los temas de debate, pero no diría que su disco sea religioso, pese a algunas referencias», concluye el sociólogo de la UPV. En el recuerdo, Like a Virgin, de Madonna.
El uso de un grupo como instrumento por parte de Hakuna no es nuevo. «Las religiones siempre han recurrido muchísimo a la música, porque es algo que aglutina y permite transmitir los mensajes y hacer que lleguen a las personas, de modo que estas los interioricen de una manera mucho más intensa y emocional que si simplemente sueltas un discurso”, recuerda el periodista musical Nando Cruz. «Esto ha sucedido desde los principios de la humanidad».
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