Gaceta Crítica

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Hiperimperialismo a hipervelocidad .

Vijay Prshad (TRICONTINENTAL), 16 de Enero de 2026

El bombardeo estadounidense de Venezuela y el secuestro de su presidente y primera dama manifiestan la etapa hiperimperialista actual del orden mundial. Aunque ha surgido un nuevo estado de ánimo en el Sur Global, aún no supone un desafío bien desarrollado para el Occidente colectivo.

Dagoberto Nolasco (El Salvador), Premio de ganadores, 1990.

En 2024, nuestro instituto publicó dos textos importantes: el estudio Hiperimperialismo: Una nueva etapa decadente y peligrosa y el dossier n° 72, La agitación del orden mundial. En conjunto, ofrecen cinco observaciones clave:

  1. El imperialismo liderado por Estados Unidos ha entrado en una nueva etapa más agresiva, que llamamos hiperimperialismo. Desde la Segunda Guerra Mundial, el orden global ha estado marcado por el dominio estadounidense, visible en su red de más de 900 bases militares en el extranjero; en el concepto de “OTAN Global” y el uso de ataques militares de Estados Unidos y la OTAN para resolver disputas políticas fuera del Atlántico Norte; y en formas híbridas de proyección de poder, que incluyen las medidas coercitivas unilaterales, la guerra de información, nuevas formas de vigilancia y el uso de lawfare para deslegitimar la disidencia. Sostenemos que este hiperimperialismo está impulsado por el declive económico y político relativo del Norte Global.
  2. Estados Unidos sigue siendo el poder hegemónico central dentro de un bloque imperialista unificado que describimos como Norte Global. En lugar de una rivalidad interimperialista multipolar entre potencias occidentales, sostenemos que EE. UU. domina un bloque OTAN+ integrado militar, política y económicamente, que ha subordinado a otras potencias occidentales. Este bloque liderado por EE. UU. busca contener lo que percibe como desafíos a su control sobre el Sur Global, como el ascenso de China.
  3. El bloque hiperimperialista busca mantener su control neocolonial sobre el Sur Global y asegurar el dominio estratégico sobre las potencias emergentes en Eurasia (China y Rusia). A través del bloque OTAN+ y su control sobre las principales instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Estados Unidos busca reprimir la soberanía nacional y resistir cualquier desafío a sus intereses, como se ve en la guerra en Ucrania y el genocidio en Gaza. También vemos esto en la retirada de EE. UU. de cualquier acuerdo multilateral que limite su poder, incluidos tratados clave de control de armas como el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (2002) y el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (2019), así como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (2026).
  4. Para el bloque OTAN+ liderado por EE. UU., el ascenso de China y el desplazamiento del centro de la economía mundial del Atlántico Norte a Asia deben revertirse. Nuestra investigación destaca cómo el Sur Global, liderado por China y otras economías emergentes, ha superado al Norte Global en producto interno bruto (PIB) en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA) y, por lo tanto, representa una amenaza creíble para la hegemonía económica occidental. Mostramos que el control sobre las materias primas, la ciencia, la tecnología y las finanzas está siendo disputado por estas potencias emergentes. Esto ha provocado una respuesta estratégica del bloque OTAN+. Mientras el Sur Global quiere privilegiar la paz y el desarrollo, el Norte Global quiere imponer la guerra al mundo.
  5. Esta fase actual del imperialismo intensifica la posibilidad de conflicto y representa un peligro para la estabilidad global. Con la erosión del poder económico y político de EE. UU., la fuerza militar y los métodos híbridos se han vuelto centrales para que Washington intente mantener su influencia global. Esto aumenta el riesgo de violencia y confrontación generalizada que ponen en peligro la posibilidad de paz global, aceleran la catástrofe climática y amenazan la soberanía de los pueblos del Sur Global.

El concepto de hiperimperialismo es central para nuestro trabajo. Lo que estamos viendo ahora es el hiperimperialismo a hipervelocidad.

Simeon Benedict Sesay (Sierra Leona), Handiworks of Child Combatants [Trabajos manuales de niños combatientes], 2000.

El ataque estadounidense contra Venezuela del 3 de enero de 2026 se produjo el mismo día en que aviones franceses y británicos bombardearon una instalación subterránea en las montañas cercanas a Palmira (Siria) y apenas unas semanas después de que EE. UU. bombardeara aldeas en el estado nigeriano de Sokoto. Ninguno de estos ataques, todos realizados bajo el pretexto de combatir alguna forma de “terrorismo”, contó con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que los convierte en violaciones del derecho internacional. Todas estas son ilustraciones del peligro y la decadencia de este hiperimperialismo infernal. No son más que ejemplos del bloque OTAN+ demostrando su poder sobre el Sur Global a través de acciones militares letales contra las cuales no hay defensa.

El gasto militar mundial anual alcanzó los US$ 2,7 billones en 2024 y se prevé que podría alcanzar entre US$ 4,7 billones y US$ 6,6 billones en 2035, superando casi cinco veces el nivel registrado al final de la Guerra Fría y dos veces y media sobre el nivel gastado en 2024. El mismo informe estima que se necesitarían entre US$ 2,3 billones y US$ 2,8 billones durante diez años para eliminar la pobreza extrema a nivel mundial. Más del 80% de este gasto militar lo realizan los países de la OTAN+, siendo Estados Unidos, de lejos, el país con mayor gasto militar del mundo. No se gasta tanto en armas de destrucción sin ser capaz de destruir el mundo. Ningún otro país se acerca a la capacidad de los países del bloque OTAN+ de intimidar mediante la fuerza armada.

Kirubel Melke (Etiopía), The Bookshelf 2 [La estantería 2], 2019.

El segundo concepto clave que nuestro Instituto ha desarrollado en los últimos años es el nuevo estado de ánimo en el Sur Global. Hemos sostenido que, debido al reequilibrio económico del último período, se ha abierto un espacio para que los países de África y Asia, en particular, afiancen su soberanía tras varias décadas de asfixia. Lo vimos, por ejemplo, en la región del Sahel con la creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) por parte de Burkina Faso, Mali y Níger; en la reacción de varios países al caso sudafricano en la Corte Internacional de Justicia contra el genocidio israelí; y en el intento de países desde Indonesia hasta la República Democrática del Congo de agregar valor a sus materias primas en vez de exportarlas sin procesar. Estos casos muestran cómo los países del Sur Global, liderados por China, han comenzado a probar su capacidad de afirmarse frente a la autoridad de OTAN+ en diversas instituciones. Pero la palabra clave aquí para nosotros es “estado de ánimo”: una nueva sensibilidad que está siendo puesta a prueba pero que aún no es un reto bien desarrollado al Occidente colectivo.

Obie Platon (Rumania), Contemporary War [Guerra contemporánea], 2015.

Unas horas antes del ataque contra Venezuela, el presidente Maduro se reunió con Qiu Xiaoqi, enviado especial de China para América Latina, en Caracas. Discutieron el tercer Documento de Política de China sobre América Latina (publicado el 10 de diciembre de 2025), en el que el gobierno chino afirmó: “Como país en desarrollo y miembro del Sur Global, China siempre ha sido solidario con el Sur Global, incluida América Latina y el Caribe, en las buenas y en las malas”. Revisaron los 600 proyectos de desarrollo conjuntos entre China y Venezuela y los aproximadamente US$ 70.000 millones en inversión china en Venezuela. Maduro y Qiu conversaron y luego se tomaron fotografías que se publicaron ampliamente en las redes sociales y se transmitieron en la televisión venezolana. Qiu luego se retiró de la reunión con el embajador chino en Venezuela, Lan Hu, y los directores del Departamento de América Latina y el Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Bo y Wang Hao. A las pocas horas, Caracas fue bombardeada.

Poco después del ataque, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino declaró: “Tales actos hegemónicos de EE. UU. violan gravemente el derecho internacional y la soberanía venezolana y amenazan la paz y la seguridad en América Latina y la región del Caribe. China se opone firmemente a ello”. Más allá de eso, poco se pudo hacer. China no tiene la capacidad de revertir la barbarie del hiperimperialismo estadounidense mediante la fuerza militar. China y Rusia tienen una considerable capacidad militar, incluidas armas nucleares, pero no tienen la huella militar global de Estados Unidos, cuyo gasto militar es más del doble que el de estas dos naciones combinadas y, por lo tanto, son principalmente potencias defensivas (es decir, son principalmente capaces de defender sus fronteras).

Estos acontecimientos recientes son un signo de la debilidad del nuevo estado de ánimo que impera actualmente en el Sur Global, pero no son señal de una derrota de ese estado de ánimo. En todo el Sur Global, las condenas a la violación estadounidense de la Carta de la ONU llegaron rápidas y en gran número. El nuevo estado de ánimo permanece, pero tiene sus limitaciones.

Aboudia (Costa de Marfil), Sin título, 2018.

El tercer concepto clave que nuestro instituto ha desarrollado es la extrema derecha actual. Esta extrema derecha ha irrumpido rápidamente en las sedes de gobierno en la mayoría de los continentes, pero lo ha hecho con mayor velocidad aún en América Latina y el Caribe. Argumentamos que ha surgido por varias razones, entre ellas:

  1. El fracaso de los socialdemócratas para resolver las profundas crisis de desempleo, anomia social y criminalidad debido a su compromiso con la prudencia fiscal impuesta por el FMI y la austeridad cruel.
  2. El colapso de los precios de las materias primas que había permitido a las fuerzas socialdemócratas cabalgar una “marea rosa” basada en la redistribución de mayores ingresos nacionales y en modestas políticas de bienestar social que abordaban los problemas más urgentes que enfrentaba la población, incluidos el hambre y la pobreza. Parte de la animosidad de la extrema derecha se ha dirigido a tales esquemas de redistribución de ingresos, que afirma son injustos para la clase media.
  3. El fracaso de los socialdemócratas, o incluso de la izquierda cuando han llegado al poder, para abordar el aumento de la criminalidad, en parte asociado con el narcotráfico, que ha afectado a los barrios de clase trabajadora en todo el hemisferio occidental.
  4. La conversión, por parte de la extrema derecha actual, del discurso de la corrupción en arma para deslegitimar sistemáticamente a figuras políticas de centroizquierda y socialdemócratas. Este sistema de lawfare ha creado una antipolítica altamente moralizada que intensifica un deseo autoritario de orden y justicia punitiva sin ninguna reforma estructural.
  5. El surgimiento de una política del miedo en respuesta a una crisis civilizatoria fabricada que se ejemplifica con el espectro de la “ideología de género”, la representación racializada de la juventud negra en los centros urbanos como una amenaza (de modo que la violencia policial contra ellas y ellos llega a tratarse como normal y esperada), las reivindicaciones territoriales de los pueblos indígenas y las demandas ambientalistas. La extrema derecha actual capturó la imaginación de una parte significativa de la población en torno a la defensa de sus tradiciones y la necesidad de restaurar su modo de vida, como si fueran las feministas y los comunistas quienes erosionaron la sociedad y no los fuegos de la destrucción neoliberal.
  6. La inyección de cantidades masivas de dinero del Norte Global al Sur Global a través de plataformas transnacionales de derecha (como el Foro Madrid de España) para alimentar redes evangélicas y nuevos ecosistemas de desinformación digital.
  7. La interferencia directa de Estados Unidos en el Sur Global a través de su dominio sobre instituciones financieras como el FMI y el Banco Mundial, mediante sistemas financieros globales como SWIFT, y a través de la fuerza militar directa y la intimidación.

La extrema derecha actual en América Latina y el Caribe fue el antídoto imperial al retorno de las ideas de soberanía articuladas por Simón Bolívar y retomadas por Hugo Chávez, que encontraron expresión en la marea rosa. A medida que la marea rosa retrocedió, una marea furiosa se levantó: pasamos de líderes como Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Néstor Kirchner (Argentina) a Jair Bolsonaro (Brasil), Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), José Antonio Kast (Chile) y Nayib Bukele (El Salvador).

Pech Song (Camboya), 7 Makara Maha Jog Jay [Día de la victoria del 7 de enero], 1980–1985.

El cuarto concepto clave que nuestro instituto ha desarrollado, y que ayuda a dar forma a nuestro pensamiento, es el futuro, no solo como socialismo en tanto objetivo, sino como esperanza, como la sensibilidad hacia ese futuro: la idea de que no debemos permitir que nuestro pensamiento se vea limitado por un presente eternamente desagradable, sino que debemos orientarlo hacia las posibilidades inherentes a nuestra historia y nuestras luchas por un mundo mejor. La extrema derecha actual finge, a través de la teología de la prosperidad, que representa el futuro, cuando en realidad ofrece solo un presente permanente de austeridad y guerra presentando a la izquierda como el pasado. Nada podría estar más lejos de la verdad. Nuestro dossier n° 100 (mayo de 2026) explorará este concepto. Esperamos poder compartirlo con ustedes.

Como solía decir Kwame Nkrumah, “siempre hacia adelante, nunca hacia atrás”.

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