Gaceta Crítica

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El Imperio incendia Suramérica

Rafael Fraguas (MUNDO OBRERO), 8 de Enero de 2026

150 bombarderos de la US Air Force descargan cientos de bombas de gran tonelaje en cuarteles y áreas urbanas de cinco regiones venezolanas

El mundo contuvo la respiración cuando supo que al menos 150 bombarderos, cazas y helicópteros artillados de la fuerza aérea de Estados Unidos bombardearon en la madrugada del 3 de enero de 2026 instalaciones militares, aeródromos y núcleos urbanos poblados de cinco regiones costeras y del interior de Venezuela, incluida la capital, Caracas. La inicialmente sigilosa y posteriormente abrupta agresión criminal estadounidense, todo un acto de guerra, lleva la guerra al surcontiente americano tras 30 años de ausencia allí de enfrentamientos bélicos. El número de víctimas mortales y heridos no se ha dado a conocer, pero las filmaciones y videos grabados durante el ataque a gran escala en plena noche en Caracas y Aragua, en el extremo meridional del país, permiten prever que han causado varios millares de muertes y se teme que hasta unos diez mil heridos, entre militares y civiles.

Mientras las aeronaves descargaban su mortífera carga a base de proyectiles de hasta 500 kilos de peso durante el sobrevuelo del país, un comando de encapuchados adscritos a la denominada Fuerza Delta, dirigidos por un anticomunista cubano, nacido en El Cotorroy, criado en Hialeah, Alex Cuco Mendieta, llegados sorpresivamente en helicópteros, irrumpía en una discreta residencia donde se alojaban, custodiados por su escolta, el presidente Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores, a los que secuestraba a punta de metralleta; tras un intercambio de disparos, acto seguido, presumiblemente en uno de los helicópteros empleados por el comando terrorista, sus miembros trasladaron a los secuestrados al USS Iwo Jima, uno de los ocho buques de guerra, entre ellos el portaviones con arsenal nuclear Gerald Ford, que Donald Trump dispuso hace cuatro meses enviar al mar Caribe con el pretexto de combatir el narcotráfico, bien que su verdadero propósito era el de derrocar al presidente electo de Venezuela y a su esposa.

El acto criminal del bombardeo indiscriminado, más el del secuestro del presidente de un Estado americano soberano, contraviene rotundamente el derecho internacional, lo que ha motivado el inicial rechazo y condena de Gobiernos como los de Colombia, México, Nicaragua, Cuba, Rusia, Irán, así como el de decenas de otros países consternados por tan flagrante vulneración de las normas de convivencia mundial, salvajemente transgredidas. En España, el presidente del Gobierno aseguró que España no aprueba la agresión militar contra Venezuela y mostró su disposición para mediar en una negociación para desescalar la situación.

En conferencia de prensa celebrada en la tarde del sábado en la Casa Blanca, Donald Trump anunció que su Gobierno se hace cargo del Gobierno de Venezuela hasta nueva orden, lo cual permite colegir que se está produciendo ya una resistencia cívica, a base de milicias ciudadanas armadas, y también militar ante la agresión de la aviación estadounidense, que cuenta con el apoyo de la flota de los ocho buques desplegados en el Caribe junto con los 15.000 soldados dispuestos a intervenir, si fuera necesario, acantonados mayoritaria y presumiblemente en Trinidad Tobago, microestado insular situado en la contigua zona oriental costera venezolana.

La Casa Blanca anunció que Maduro y su esposa, así como su homónimo Maduro Guerra, hijo de un primer matrimonio, más la vicepresidenta Delcy Rodríguez y su hermano, Ramón Rodríguez Chacín, Diosdado Cabello, alto dirigente del régimen, así como el sobrino del presidente Héctor Rushtenford Guerrero, serán juzgados ante un tribunal de la ciudad de Nueva York, acusados de una ristra de cargos que se les atribuye sin pruebas documentadas fehacientes sobre su supuesto tráfico de narcóticos así como distintas y fantasiosos delitos. A primera hora de la noche de este sábado se anunció la llegada a Nueva York de un vuelo en el que trasladaban al presidente secuestrado y a su esposa ante un juzgado neoyorquino. No consta que Delcy Rodríguez ni Diosdado Cabello hayan sido igualmente secuestrados. La vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió desde Moscú, donde al parecer se hallaba en visita oficial, pruebas de que Maduro y su esposa se hallaban con vida.

Desequilibrado y racista

“¡Alto a la agresión armada de Donald Trump contra el Estado soberano de Venezuela! ¡Alto al gansterismo internacional ejecutado por el presidente más desequilibrado, racista y machirulo de la historia estadounidense! ¡Alto al intento bélico de robar las riquezas energéticas y agrícolas a un Estado soberano del hemisferio americano, propósito inicial de esta agresión! ¡Alto al secuestro a mano armada del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa por parte de terroristas encapuchados estadounidenses! ¡Alto al criminal intento de recobrar —con bombas lanzadas por centenar y medio de bombarderos y drones sobre población civil y militar venezolana con nocturnidad— la hegemonía mundial por parte del capitalismo financiero estadounidense, en fase agónica! ¡Ni un ápice de atención a la traidora a su patria Corina Machado y al pelele Edmundo González, exigiendo la invasión militar gringa de su país! ¡Pueblo venezolano, álzate contra el invasor extranjero!”.

Tales son las consignas pregonadas desde el pueblo venezolano y por la gente honesta y digna de América Latina y del mundo, harta del totalitarismo imperial estadounidense, ya que ven a las claras el peligro de muerte que implica para todos sus pueblos la presencia de un desequilibrado en la Casa Blanca; desequilibrado que se encuentra al frente de la superpotencia nuclear de más copiosos arsenales del mundo, con uno de los ejércitos más poderosos, dotado por el propio Donald Trump, con un presupuesto, para este año, de 900.000 millones de dólares.

El mito pacifista de Trump, roto en añicos

La promesa prelectoral de Donald Trump de no iniciar ninguna guerra, promesa anunciada a sus desnortados seguidores, ha quedado rota en añicos, lo que demuestra la falsedad de este despótico especulador inmobiliario neofascista, con ínfulas neoimperiales, devenido en presidente de la otrora gran nación norteamericana. No solo viola a su antojo el Derecho Internacional bombardeando salvajemente y con nocturnidad un país soberano con el que comparte hemisferio, secuestrando al presidente electo —y a su esposa—, líder de una potencia energética mundial y suramericana como Venezuela; sino que, además, viola la propia Constitución estadounidense, al puentear humillantemente al Poder Legislativo, al Congreso de los Estados Unidos de América, al que no ha pedido el permiso legal, constitucionalmente obligado, para actuar contra un Estado soberano que, además, no constituye un peligro ni político, ni militar, ni diplomático, ni tampoco económico para Estados Unidos, situado a 2.000 kilómetros de sus costas y con un poder militar, aéreo y naval muy limitado, aunque con unas milicias cívicas armadas y con conciencia revolucionaria.

Varios senadores y congresistas norteamericanos, republicanos y demócratas, han condenado como ilegal e inmoral el ataque. Entre ellos se encuentra Bernie Sanders, ex candidato presidencial del ala izquierda del Partido Demócrata y los parlamentarios Rand Paul y Murkowitz.

En una de sus abominables conferencias de prensa celebrada ayer, el presidente estadounidense se jactó de “controlar y dirigir la transición política del régimen venezolano” hasta una fecha indeterminada. Su anuncio, manifiesta injerencia política totalitaria, denota para algunos analistas, que Washington prevé una respuesta popular venezolana contra la impostura criminal norteamericana. Buena parte del pueblo venezolano está armado y organizado en milicias populares a escala barrial que, presumiblemente, plantee en días venideros formas de guerrilla urbana si se produjera una ocupación militar directa o bien partidas guerrilleras en las zonas montañosas, de sabana y semi-selváticas del interior del extenso país, con 900.000 kilómetros cuadrados de superficie, más de dos mil kilómetros de litoral y cerca de 30 millones de habitantes. Sus riquezas energéticas, minerales, hidráulicas y agrícolas son incalculables.

El precedente Obama

El veneno previo a esta criminal intervención militar estadounidense ya estaba esparcido por el presidente demócrata, recuérdese, no republicano, Barak Obama, cuando convirtió al Estado soberano de Venezuela en “una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos de América”. Con certeza, hablaba por boca de algunos de los grandes trusts petroleros estadounidenses, enfrentados por el mejor modo de expoliar el petróleo y, sobre todo, el gas, venezolanos, que figuran entre los más copiosos y ricos del planeta y que permanecían hasta ahora nacionalizados por el Estado venezolano: algunos trust querían mantener las formas, como Chevron, pactando convenios con el Gobierno de Caracas y otros, querían ir directamente a saco. Obama cortó por lo sano y mediante su declaración de amenaza, allanó la coartada militar que con certeza, el escudero principal de Donald Trump, el mentiroso 1 Secretario de Estado, Marco Rubio, ejecuta en estos momentos contra el pueblo venezolano. A él se atribuye el diseño del plan bélico aplicado. Pero no parece tener mucha idea del quehacer político que le aguarda.

Estados Unidos, a través de su desequilibrado presidente, ha puesto los últimos clavos del ataúd de la influencia estadounidense en su hemisferio. Las vivas aún pretensiones sobre Canadá, Groenlandia y México, más ahora contra Venezuela, le han malquistado abruptamente en su patio trasero. No le bastaron los cien largos años durante los cuales, a partir de la mitad del siglo XIX, Washington impuso inicialmente regímenes títeres y posteriormente, desde 1950 hasta 1990, dictaduras militares fascistas o fascistoides en casi todos los países del surcontinente, desde Cuba hasta Chile, pasando por Guatemala, El Salvador, Honduras, Panamá, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Lo logró mediante la abducción de hasta 44.000 oficiales militares y agentes de servicios secretos de todos esos países a los que instruyó en acción encubierta, torturas y técnicas contraguerrilla en la ominosa Escuela de las Américas, en Ciudad de Panamá, vivero abyecto del totalitarismo imperial estadounidense en su propio continente.

Hoy, de un plumazo, Donald Trump ha acabado con treinta años de paz, armada pero paz, en el continente sur al que, además, ha nuclearizado, mancillando la neutralidad nuclear a la que había permanecido adscrito durante 70 años. Colombia, por boca de su presidente electo, Gustavo Petro y México, por la de su presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, han denunciado la agresión militar y se mantienen alerta. Pisotear la dignidad de la América hispana le va a costar más caro de lo que cree al atrabiliario inquilino de la Casa Blanca, que carga con un imperio en declive, con una deuda pública de tres trillones, sí, trillones, de dólares y con acreedores hegemónicos como China. Estados Unidos se encuentra en una auténtica quiebra económico-financiera, default, se le agotan los mercados tecnológicos donde se ve desplazado por el gigante asiático y pretende alocadamente enjugarlos mediante episodios bélicos como éste, en preparación de la guerra de gran envergadura que se proponer iniciar a medio plazo contra el Estado chino. Somete a sumisión a Europa, transige en que su política exterior en medio mundo la dicte el genocida Benjamín Nethanyahu, que le aleja de su objetivo geoestratégico en el Indo-Pacífico y le retrae permanentemente hacia el Medio Oriente, mientras él arrodilla cada semana más aún a una Europa sin pulso, sin liderazgo y sin horizonte, mientras bendice los partidos de extrema derecha que se enseñorean ya de Europa Oriental y de buena parte de la Occidental, con los abúlicos Keir Starmer y Friedrich Merz, primer ministro británico y canciller alemán, respectivamente, más el desconcertado y pertinazmente ultraliberal Emmanuel Macron, presidente de la inestable República francesa y el perrito faldero de Trump al frente de la secretaría general de la OTAN, el holandés con vocación de halcón Mark Rutte.

Un peligro

Donald Trump es un peligro no solo para los Estados Unidos, sino para el hemisferio que ocupa y para el mundo entero. Esto lo saben los poderes fácticos estadounidenses, a saber, la CIA-FBI; Hollywood; el complejo militar-industrial; Silicon Valley y la Mafia; lo saben de buena tinta porque forman parte integrante del poder estadounidense, ya que todo pasa por sus manos y ven actuar al atrabiliario 47º presidente como elefante en cacharrería cada día que pasa. Está rodeado de un equipo de aduladores, como el vicepresidente James Vance, una especie de predicador de moralina rancia —belicista y amigo de la fascistoide Asociación del Rifle—, como demostró en la cumbre anual sobre Defensa que el poder imperial dicta cada año en Alemania a los líderes europeos; estos se muestran incapaces de refrenar las desaforadas pulsiones disfóricas de su loado verdugo estadounidense. La personalidad bipolar del vendedor inmobiliario del barrio neoyorquino de Queens, Donald J. Trump, resulta imprevisible, como lo son los bandazos temperamentales que experimenta con una frecuencia inusitada e indeterminada, que le hacen pasar de la suprema irritabilidad a la euforia más intensa en apenas segundos. Todo ello bañado por una amoralidad inquietante, ornamentada por una inhumanidad inédita.

Por mucho menos que todo este historial de arbitrariedades de Donald Trump, John F. Kennedy fue asesinado y perdió la vida y la presidencia de los Estados Unidos de América en noviembre de 1963 en Dallas, Texas, a manos de uno o varios francotiradores, de los cuales se desconoce aún, 53 años después, su verdadera identidad. Culparon de su asesinato a un pobre hombre, Lee Harvey Oswald, que meses antes del magnicidio se había presentado en la Embajada rusa en Ciudad de México para pedir protección porque la CIA quería matarlo, según reveló Nicolai Leonov,[2] entonces personal de la misión diplomática y posteriormente traductor aúlico de las autoridades soviéticas.

Consecuencias inmediatas

¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de la agresión imperialista contra la soberanía de Venezuela? Son varias. La primera es la consumación de las prácticas gansteriles, ahora directamente bélicas, ensayadas previamente en la arena económica mediante aranceles mafiosos impuestos a Europa, España incluida, a Rusia, Irán y a China por la Casa Blanca. No cabe averiguar, todavía, si Trump ha decidido por su cuenta acometer esta atrocidad contra Venezuela o bien su presunto antibelicismo ha quedado barrido por poderes fácticos, concretamente el ala dura de los halcones del Pentágono, que desean ir más allá y abandonar definitivamente la sujeción del poder militar al poder civil, como predica en falso la Constitución estadounidense.

Desde luego, lo ejecutado por la Fuerza Aérea estadounidense con apoyo desde la US Navy este sábado 3 de enero contra Venezuela constituye un peldaño más hacia la confrontación mundial de las superpotencias, con China, consumidora del petróleo venezolano, en el punto de mira de la Casa Blanca, como pregona la reciente Estrategia de Seguridad Nacional emitida por Washington. Más tensión, más fascismo, más inseguridad, más riesgo de muertes generalizadas de comunidades, sociedades y pueblos de Estados y Gobiernos democráticos que no se sometan al delirio agónico de un imperio declinante, como tal es hoy Estados Unidos y, por ello, imperio herido más peligroso que nunca.

En lo inmediato, veremos muchas más cosas: Trump anuncia que juzgará en Nueva York a Maduro, al que atribuye acusaciones de crímenes indemostrables, porque no existieron, y al que sometió desde el arranque de su mandato a la muerte, por asesinato con plutonio, de Hugo Chávez en 2013, a un linchamiento de su persona y de su actividad política, así como a un acoso encaminado a mantener a Venezuela en un Estado de excepción permanente: y Trump lo hizo mediante bloqueos, cercos, congelación de fondos estatales, boicoteo internacional de los aliados y, recientemente, con ataques directos contra la flota venezolana de mercantes petroleros; todas estas medidas represivas estadounidenses contra el pueblo de Venezuela, impedían al régimen bolivariano conseguir alimentos, fármacos, productos sanitarios básicos y de primera necesidad, forzando un sangrante exilio, que ha despoblado Caracas y poblado, por ejemplo, Madrid de ciclistas que llevan comida a los oligarcas venezolanos instalados en los barrios madrileños de Salamanca, Chamberí y Chamartín, que están comprado a marchas forzadas con sus milmillonarias fortunas; son unos 5.000, generalmente evasores fiscales en su país, exponentes del bipartidismo areco-copeyano derrocado por el régimen bolivariano de Hugo Chávez, bipartidismo que disfrutó del poder corrupto en Venezuela durante décadas, país al que mantuvieron postrado en la más precaria pobreza; son los mismos oligarcas que hoy financian las tangadas campañas electorales de formaciones fascistoides y dirigentes políticos y políticas españolas en plena sintonía con las botaratadas criminales del desequilibrado inquilino de la avenida de Pensilvania, 155, Washington, Distrito Federal: el mismo que secuestra a Maduro y su esposa y protege la impunidad del genocida confeso Benjamín Nethanyahu.

Dentro de la creciente y desaforada locura trumpista, algunos de sus adláteres han insinuado recientemente difundir un Se Busca, con una importante recompensa de varios millones de dólares a quien entregue a las autoridades imperiales de Estados Unidos, al expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Todo indica que el líder socialista español acudió a la demanda del Estado español a gestionar recursos básicos para la Venezuela, recursos vetados por el bloqueo impuesto por el imperio estadounidense, por lo cual le puso entonces la proa y se propone aniquilarlo. Esta nueva locura del trumpismo demuestra el respeto que la Casa Blanca exhibe hacia un líder democrático de España, que dirigió su Consejo de Ministros durante dos mandatos presidenciales en un país aliado de Washington, que mantiene en su territorio dos de las bases militares más importantes, Rota y Morón, de entre las 800 instalaciones de este tipo que Estados Unidos retiene a lo largo del litoral euroasiático desde el comienzo de la Guerra Fría en 1946-47.

Lo ocurrido en Venezuela el sábado 3 de enero de 2026, es un abominable y criminal episodio de guerra, otro más, que se suma a los emprendidos o instigados por Estados Unidos en Vietnam, Chile, Afganistán, Libia, Egipto, Siria, Sudán… por los mandamases de un país que en su día pudo alardear de representar una democracia fuerte y que hoy se encuentra devastado por el desconcierto de un pueblo capaz de llevar a la presidencia a un desquiciado dictador que puede poner en ignición, si se tercia, nuestro atribulado mundo. El olvido de la lucha histórica de los trabajadores del mundo contra el nazifascismo, la desmemoria de su lucha titánica garante de la democracia, genera monstruos como el que se ha convertido hoy en verdugo del pueblo de Venezuela. Un pueblo protagonista heroico de una revolución social que llevó al poder a las clases sociales subalternas hoy nuevamente agredidas por un ultracapitalismo financiero gravemente herido, capaz aún de dar sangrientos y horrorosos zarpazos.

Notas:

  1. Marco Rubio dijo ser un exiliado político forzado por el régimen castrista cuando sus padres se instalaron en Estados Unidos como migrantes económicos en 1956, tres años antes de la llegada de Fidel Castro al poder. ↩︎
  2. Nicolai Leonov, obituario en El País, 1 de mayo de 2022. ↩︎

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