Gaceta Crítica

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Franco, el petróleo y la guerra civil

Ángel Viñas (Blog Substack del autor), 6 de Enero de 2026

Foto: A la izquierda, Torkild Rieber. A la derecha, Francisco Franco. Como uña y carne.

La compañía de EEUU, TEXACO, la gran aliada del fascismo de Franco en la guerra civil española

Dejé mi previo blog, que mantuve años cuando resultó incompatible en términos de disponibilidad de tiempo con el trabajo que me absorbieron varios libros. Tras ¿QUIÉN QUISO LA GUERRA CIVIL?, y por las razones que aduje al comenzar el siguiente, EL GRAN ERROR DE LA REPÚBLICA, me fue imposible continuar.

Vino la Covid. Un tiempo de desesperación, en mi caso acentuada por el fallecimiento de un primo hermano mío, Cecilio Yusta Viñas, y más tarde de un amigo médico muy querido, Miguel Ull Laíta, con quienes había escrito EL PRIMER ASESINATO DE FRANCO. Hoy hay historiadores de derechas que se inclinan sobre los preparativos del 18 de julio y se lo pasan por el arco de triunfo. Incluso hay quienes afirman que el futuro dictador en realidad no quería sumarse al golpe y que solo lo hizo tras las elecciones de febrero, destacando explícitamente lo haría sin embargo de haber un peligro inminente de una sublevación comunista. ¡Ja, ja, ja! Recuerden esto. Significa que dicho peligro habría de aparecer después de la conocida reunión de varios generales golpistas en la casa de un miembro de la CEDA, que todo el mundo menciona.

Cuando reabrió sus casetas la Feria del Libro fui a Madrid y Barcelona a presentar el libro escrito durante la pandemia: ORO, GUERRA, DIPLOMACIA. La República española en los tiempos de Stalin. Nadie en Moscú había actuado para impulsar una revolución sovietizante en la península.

Después seguí trabajando en tres obras simultáneamente (en los últimos tiempos añadí una cuarta, con una docena de coautores, ya casi terminada). Cuando me cansaba de una, pasaba a otra.

Mi penúltimo libro, LA FORJA DE UN HISTORIADOR, apareció en 2024. En el anuncié que con un amigo, Guillem Martínez Molinos, estábamos trabajando en un aspecto poco elaborado en la inmensa literatura existente sobre la guerra civil. El papel del petróleo en ella y la política de adquisiciones.

Los autores franquistas o neofranquistas lo habían obviado. Incluso la flor y nata de los historiadores militares, como por ejemplo los hermanos Salas Larrazábal. Entre el resto solo otro militar, el entonces coronel José Gomá, que lo había mencionado. Eso sí, disimulando su trascendencia en todo lo que pudo en un librito sobre la aviación en la guerra aparecido en los años cincuenta. La referencia fue meramente descriptiva y sin extraer consecuencias.

Más recientemente el hijo, también militar, del general Dávila Arrondo, cabeza de la Junta Técnica del Estado, ha publicado una especie de memorias plagadas de errores (ya comentados en mi antiguo blog), pero sus referencias al petróleo inducen a otros o no están debidamente encuadradas. ¿Valor analítico? Cero patatero.

Durante aproximadamente tres años Guillem y servidor hemos trabajado como esclavos en galera para poner al descubierto lo que hubo detrás del gran factor de que se sirvió Franco para lograr su victoria. Tuvo que ver con el petróleo, suministrado por la Texaco, combinado con unas actividades desconocidas o poco encuadradas.

Cuando empezamos no sabíamos lo que la investigación iba dar de sí. Pensábamos, ingenuos, que a lo mejor no pasábamos de las cien páginas. Al final, hemos llegado a casi seiscientas (anexos documentales incluidos) tras encontrar material relevante en casi veinte archivos, españoles y extranjeros, públicos y privados. Por el camino quedan destrozados mitos queridos de la dictadura y de sus valedores. Apareció el 19 de noviembre (no una casualidad) en CRÍTICA.

En este año, para el que estreno blog, se cumplirá el noveno decenio del estallido del conflicto. Hay que prepararse a la publicación de numerosas obras y artículos. Algunos serán buenos y romperán moldes. Ya me han llegado varios, por ejemplo el de David Alegre sobre el caso de Zaragoza. Otros serán refritos, género que sigue abundando.

Guillem y servidor hemos querido adelantarnos por otra razón. Es que también, ya en 1935, se produjo un acontecimiento en la evolución de la conspiración monárquico-militar fascista. Resaltamos dicho episodio porque no hemos visto que ningún otro autor lo haya destacado. En la literatura sobre los antecedentes de la guerra civil tampoco se menciona. Lo enfatizamos para no tener que continuar leyendo obras que repitan lo sabido una y mil veces sobre la “conspi” de los generales. O para que me pongan como chupa de dómine (“tan escorado, tan sectario siempre, tan de usar los elementos que le convienen y ocultar lo que le son contrarios”). Lo entrecomillado lo he tomado una de las valoraciones de los compradores en Amazon de EL GRAN ERROR. Como dicterio final, se añade un es “como Paul Preston” y la alabanza al viejo Burnett Bolloten, tan querido de Stanley G. Payne.

Todavía quedan aspectos por explorar. El Gobierno estaba al corriente de la “conspi”. Gil Robles se cuidó mucho de no reseñar nada de lo que ocurrió en memorias algo más que falaces. Franco pretextó ignorancia. Todos ellos, y también muchos de sus biógrafos en las derechas, tenían y tienen otros gatos a los que aporrear: ¡LOS CULPABLES FUERON LAS IZQUIERDAS! (Antes también se indicaban los COMUNISTAS, teledirigidos desde Moscú. Algunos vuelven a afirmar una idea similar hoy).

Por el momento, hemos dado respuesta al interrogante de quienes fueron los protagonistas de la historia del petróleo. Eminentes representantes del capitalismo español y norteamericano de la época. Todos con sus cargos, nombres y apellidos pero, y sobre todos, tronando, el general de División Francisco Franco haciendo SU guerra gracias a Hitler/Mussolini/Rieber. Luego pasaron 50 años dominados por las “historietografías”, en acertada caracterización del profesor Alberto Reig. En cualquier caso, ¿quién creerá el amable lector que fue, en último término, el máximo responsable de que a la República no le faltaran demasiado el petróleo y sus derivados durante la guerra civil? Pues un caballero llamado Juan March. Sin su actuación previa, ¿hubiera habido una experiencia republicana con suministros soviéticos?

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