Juan Antonio Sanz (PÚBLICO), 4 de Enero de 2026
El ataque de EEUU a Venezuela y el secuestro de Maduro refuerzan la nueva doctrina de seguridad anunciada hace un mes por el presidente de EEUU y apuestan por la aplicación ‘manu militari’ de una visión hegemonista basada en el poder económico global de Washington.

La injerencia militar directa de Estados Unidos en Venezuela, con el bombardeo de este país y el secuestro y detención de su presidente, Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y corrupción, esconde un calculado plan, marcado por el intento de echarle mano a las inmensas reservas de crudo venezolano, cercar la influencia de China en Latinoamérica, poner coto a la presión rusa en el Caribe y someter cualquier atisbo de desafío izquierdista en América Latina.
Trump desveló sus planes horas después de que bombardeara Venezuela, defenestrara a Maduro y lo despachara, incomunicado, rumbo a Estados Unidos a bordo de un buque de guerra. En la rueda de prensa ofrecida tras el ataque, Trump ya apuntó por dónde irán los tiros en los próximos tiempos. “Vamos a dirigir el paíspara poder hacer una transición segura y adecuada”. Y EEUU “se quedará” en Venezuela hasta que eso suceda, afirmó.
Los pasos dados por Trump, atacando a un Estado soberano, derrocando a su principal dirigente (con todas las dudas que pudiera haber sobre éste) y vulnerando todo el marco de la legalidad internacional, no deberían sorprender a nadie. Refuerzan la nueva doctrina de seguridad anunciada hace un mes por el presidente de EEUU y apuestan por la aplicación manu militari de una visión hegemonista basada en el poder económico global de Washington y su intervencionismo en cualquier punto del planeta.
Desde Nigeria a Irán, desde Venezuela a Groenlandia, no hay punto ya en la tierra que no pueda ser enarbolado Trump como nueva bandera de ese intervencionismo estadounidense, ya adelantado en 2025 con la cruzada arancelaria que incendió el comercio y la diplomacia globales, y que parapetó con la falsedad de haber parado al menos ocho conflictos internacionales.
El falso pacificador
En ninguna de estas crisis, la acción de Trump fue decisoria para determinar el fin de las confrontaciones. Ni entre azerbaiyanos y armenios, como tampoco entre kosovares y serbios, ruandeses y congoleños, camboyanos y tailandeses, etíopes y egipcios, o indios y pakistaníes. En ningún caso, la mediación de Trump asentó una concordia duradera entre los contrincantes. Menos aún en la confrontación de los propios EEUU e Israel con Irán, pese a los bombardeos masivos estadounidenses de sus instalaciones nucleares y críticas en junio. Tras el ataque a Venezuela, los iraníes deberían estar inquietos, porque serán de nuevo los próximos en sufrir la ira de Trump y con una planificación similar: ataques quirúrgicos a sus centros críticos y decapitación de su cúpula de poder.
Pero donde más ha fracasado Trump a la hora de “traer la paz” ha sido en Gaza. Solo ha logrado trocar los bombardeos israelíes generalizados por ataques más pausados, mientras alienta al primer ministro Benjamín Netanyahu a incidir en el asedio del hambre y la miseria como punta de lanza de una cada vez más real anexión de la Franja palestina por parte de Israel
Mejor no decir nada de Ucrania y su guerra, que pretendía finiquitar en 24 horas, después en cien días y ya, pasado más de un año de aquella apuesta, dejar el asunto sine die. Ucrania no es tan apetitosa para EEUU como Venezuelay los rusos están demasiado cerca.
Además, Moscú se ha revelado como un hueso imposible de roer por la ignorancia de la Administración Trump sobre ese país, que no está dispuesto a creerse una de sola de las patrañas de la errática diplomacia estadounidense en torno a este conflicto. Un país que tiene el poder suficiente (sobre todo el nuclear) para mirar a EEUU a los ojos y hacer que el hegemonismo de Washington se lo piense dos veces a la hora de tratar con el Kremlin. Igual ocurre con China, el otro único Estado que ha plantado cara a la Casa Blanca y le ha hecho recalcular su ruta.
Necesidad de hinchar pecho cuando nadie te cree
Por eso le era tan necesario a Trump dar este golpe en la mesa con Venezuela. No solo es una advertencia a los vecinos díscolos latinoamericanos, como México, Cuba o Colombia, cuyos gobiernos condenaron sin ambages el ataque. La llamada de atención estaba destinada a todo el orbe, tanto para amedrentar, como para agrupar voluntades en torno al nuevo paradigma geopolítico y geoeconómico estadounidense basado en un intervencionismo con cierto tufo a Doctrina Monroe. América para los americanos, pero solo para los de EEUU.
La tibia respuesta en Europa a la agresión estadounidense a Venezuela remarca esa visión conservadora que Trump lidera en Occidente y que valida las acciones de fuerza con un marcado trasfondo económico. En esta ocasión, al contrario de lo que ocurrió cuatro años atrás con la invasión rusa de Ucrania, Europa ha evitado lanzar una condena firme al ataque estadounidense.
Al contrario, ha subrayado más el ostracismo en el que estaba sumido el régimen de Maduro y ha prestado más atención a las repercusiones económicas (y las oportunidades) que pueda tener el paso dado por Trump, antes que a la vulneración del orden legal internacional, obviando que el presidente estadounidense se ha convertido en el mayor perturbador de la paz mundial desde que asumió el poder hace un año.
Cuando a principios del pasado mes de diciembre, Trump proclamaba la nueva estrategia de seguridad nacional de EEUU, aún no se podía calibrar con certeza que la esencia de esta hoja de ruta sería seguir los pasos dados por Rusia al invadir Ucrania en febrero de 2022 o de Israel al lanzar su genocidio sobre Gaza en octubre de 2023, es decir, romper los últimos resquicios del multilateralismo y hacer del uso de la fuerza el motor de las relaciones internacionales.
Ahora, como señaló este sábado el medio estadounidense Axios, “bajo el emblema de América Primero, el presidente Trump está atacando países por todo el mundo”. Según esta prestigiosa web de información, “el intervencionismo estadounidense está de vuelta, en un tecnicolor trumpiano, como se podía ver en los ataques de madrugada en Caracas y en la extradición forzada del presidente Nicolás Maduro”.
Unos ataques precedidos en los últimos meses por una treintena de ataques a lanchas venezolanas acusadas de llevar droga, por el asesinato de un centenar de sus tripulantes, por el abordaje y captura de dos petroleros, o por el bombardeo de instalaciones en tierra firme. Con la detención de Maduro, muchos recordaron el arresto del presidente panameño Manuel Antonio Noriega en 1989 y la operación lanzada al respecto.
Una “genialidad” de ataque, dice Trump
En sus palabras a Fox News tras el ataque a Venezuela, Trump acudió a su típico humor, también “trumpiano”, para darle a toda esta tragedia un aire de tragicomedia: “Ningún otro país podría haber hecho esta maniobra”, que “fue simplemente una genialidad”, aseveró.
“Lo vi, literalmente, como si estuviera viendo un programa de televisión. Y si hubieras visto la velocidad, la violencia”, aunque el hecho de “que no muriera nadie fue asombroso”, dijo muy ufano el presidente estadounidense en esa entrevista en la que comentó los bombardeos quirúrgicos estadounidenses en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, o la operación de la Delta Force del ejército de EEUU que capturó a Maduro y su esposa, Cilia Flores.
No entró Trump en menudencias tales como que la operación se realizara sin la aprobación del Congreso estadounidense (le informó una vez completada) o sin ningún respaldo legal internacional. El argumento de Trump es que Maduro es un auténtico jefe del narco y que no tiene legitimidad política para ocupar el cargo de presidente de Venezuela tras el cuestionamiento de las elecciones presidenciales celebradas en este país el 28 de julio de 2024.
De nuevo, pues, la arbitrariedad como palanca de Trump para aplicar la estrategia de seguridad nacional estadounidense en cualquier lugar del planeta. Axios lo definió muy bien: “es improbable que Estados Unidos se quedara de brazos cruzados si otro país destituyera a un líder mundial en funciones en circunstancias similares, especialmente si ese líder estuviera ideológicamente alineado con Trump”.
“La nueva Doctrina Trump establece que, al menos en el hemisferio occidental, la fuerza estadounidense da la razón. Y Maduro tuvo la mala suerte de estar dentro de la esfera de influencia autoproclamada por Trump”, agregó Axios.
EEUU llega para no marcharse… Sobre todo si hay petróleo
En su entrevista a Fox News, Trump, dejando la sospecha de que la operación contra Maduro contó con apoyo desde el interior, adelantó que Washington no puede arriesgarse a dejar que “otra persona se haga cargo (de Venezuela) y simplemente continúe donde él lo dejó”. Y apuntó que desde luego para EEUU la operación no había terminado, pues había muchas cuestiones sobre la mesa. Y no solo el tema del narcotráfico.
“Nos involucraremos mucho en ello. Y queremos dar libertad a las personas con las que queremos tener una buena relación”, dijo el presidente estadounidense. A continuación dejó caer el punto clave: EEUU va a participar “de forma muy activa” en la industria petrolera de Venezuela. “Tenemos las mayores compañías petroleras del mundo, las más grandes, las mejores, y vamos a participar muy activamente en ella”, aseveró.
Chinos y rusos condenan el ataque y el hegemonismo de EEUU
Queda ahora por ver cuál será la reacción de Rusia y de China, las dos potencias con más implicación en Venezuela. No solo la reacción formal, que ya ha sido de condena a la “agresión militar” estadounidense, sino su respuesta ante un previsible intento de cambio de régimen en el país caribeño con el que Moscú y Pekín tenían buenas relaciones, marcadas, sobre todo en el caso chino, por la economía.
Un portavoz del Ministerio chino de Asuntos Exteriores indicó que China está “profundamente conmocionada por la utilización por EEUU de la fuerza de forma temeraria contra un estado soberano y que haya actuado contra el presidente de otro país”. Pekín condenó “enérgicamente” tal “comportamiento hegemónico” que “viola gravemente el derecho internacional, viola la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad de América Latina y el Caribe”.
Las circunstancias podrían complicarse en lo que se refiere a la respuesta china a lo ocurrido en Venezuela este 3 de enero. Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, incluso por delante de cualquiera de los países de Oriente Medio con yacimientos de crudo. También hay amplios yacimientos de gas y de minerales críticos. Pero, al igual que ocurre con el petróleo, su explotación está muy lejos de la deseada y precisa de multimillonarias inversiones.
China había mostrado su interés en involucrarse en este negocio en Venezuela, no solo como comprador de crudo y gas, sino como participante en su extracción y comercialización. Pero ya la mirada de las petroleras estadounidenses y de la Casa Blanca estaba muy atenta y hacía sus propios planes.
Pensar en que la única intención de Trump con esta operación fue derribar a Maduro para procesarlo en EEUU por narcotráfico y corrupción es absurdo. Hay mucho más detrás y el negocio del petróleo embadurna esta agresión a Venezuela, tanto como la creciente patina neoimperialista de Washington. Y, como señaló Axios, “el anuncio de Trump de que EEUU tomaría temporalmente el control de Venezuela y su infraestructura petrolera es posiblemente la afirmación más descarada del imperialismo estadounidense desde la invasión de Irak”.
Deja un comentario