Vijay Prashad y Taroa Zúñiga Silva (COUNTERPUNCH), 4 de Enero de 2026

Poco después de las 2 de la madrugada, hora de Venezuela, del 3 de enero de 2026, y violando el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, los Estados Unidos iniciaron un ataque contra varios lugares del país, entre ellos Caracas, la capital. Sus habitantes se despertaron con fuertes ruidos y destellos, así como con grandes helicópteros en el cielo. Comenzaron a aparecer vídeos en las redes sociales, pero sin mucho contexto. La confusión y los rumores inundaron las redes sociales.
En una hora, se calmó el cielo. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que sus fuerzas habían llevado a cabo ataques contra Venezuela y habían capturado al presidente Nicolás Maduro Moro y a su esposa Cilia Flores. Poco después, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó que se desconocía el paradero de Maduro y Flores. La fiscal general de los Estados Unidos, Pamela Bondi, confirmó que Maduro y Flores se encontraban en los Estados Unidos y habían sido acusados de «complot narcoterrorista».
No está claro el resultado de este ataque contra Venezuela. El gobierno sigue controlando la situación, a pesar de que se ha secuestrado al presidente y de que el pueblo venezolano se encuentra conmocionado, pero desafiante; no está claro si los Estados Unidos volverán a atacar o si el gobierno norteamericano tiene un plan político claro para después de este ataque.
La guerra prolongada contra Venezuela
El ataque del 3 de enero no es el primero contra Venezuela. De hecho, la campaña de presión comenzó en 2001, cuando el gobierno de Hugo Chávez promulgó una Ley de Hidrocarburos de conformidad con las disposiciones sobre soberanía de la Constitución Bolivariana de 1999. Esa campaña tuvo los siguientes aspectos (esta es una lista ilustrativa y no exhaustiva):
+ (2001) Financiación estadounidense de grupos sociales y políticos antibolivarianos a través de la Fundación Nacional para la Democracia y de USAID.
+ (2002) Participación de los Estados Unidos en el intento de golpe de Estado.
+ (2002) Creación por parte de la Oficina de Iniciativas de Transición de USAID de un programa para Venezuela.
+ (2003-2004) Financiación y dirección política de la labor de Súmate (dirigida por María Corina Machado) para destituir a Chávez mediante referéndum.
+ (2004) Desarrollo de una estrategia de cinco puntos para «penetrar» en la base de Chávez, «dividir» el chavismo, «aislar» a Chávez, crear grupos como Súmate y «proteger los intereses comerciales vitales de Estados Unidos».
+ (2015) El presidente norteamericano Barack Obama firma una orden ejecutiva que declara a Venezuela «amenaza extraordinaria», lo que constituye la base legal para las sanciones que se imponen a continuación.
+ (2017) Se prohíbe a Venezuela el acceso a los mercados financieros norteamericanos.
+ (2018) Se presiona a los bancos internacionales y a las compañías navieras para que cumplan rigurosamente con las sanciones ilegales de los EE. UU., al tiempo que el Banco de Inglaterra confisca las reservas de oro del Banco Central de Venezuela.
+ (2019) Creación de un gobierno «provisional» «nombrando» a Juan Guaidó presidente autorizado por Estados Unidos y organización de un levantamiento (fallido), además de congelar la capacidad de Venezuela para vender petróleo y confiscar sus activos petroleros en el extranjero.
+ (2020) Intento de secuestro de Maduro mediante la Operación Gideon (ofreciendo además una recompensa por su captura), mientras los Estados Unidos ejercen una campaña de «máxima presión» sobre Venezuela durante la pandemia (incluida la denegación por parte del Fondo Monetario Internacional de las reservas propias de Venezuela).
+ (2025) Entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. El Comité Nobel declara que Maduro debería abandonar el cargo.
+ (2025-2026) Ataques a pequeñas embarcaciones frente a las costas de Venezuela, ubicación de una armada destinada a aplicar un embargo contra Venezuela y confiscación de petroleros de Venezuela.
El ataque del 3 de enero forma parte de esta guerra que comenzó en 2001 y que continuará mucho después de que se enfríen los motores de los helicópteros Chinook.
El águila está enojada
Siempre que el gobierno de los Estados Unidos ha decidido actuar de forma unilateral, ya fuera contra Irak en 2003 o contra Venezuela entre 2001 y 2026, no ha habido fuerza alguna capaz de detenerlo hasta la fecha. En 2003, millones de personas, incluso en los Estados Unidos, se manifestaron en las calles para exigir que no hubiera guerra, y la mayoría de los gobiernos del mundo advirtieron contra la guerra, pero los gobiernos de George W. Bush y Tony Blair (del Reino Unido, actuando a modo de número dos) siguieron adelante con su guerra ilegal.
En esta ocasión, las grandes potencias han informado a los Estados Unidos de que una guerra en Sudamérica y el Caribe sería inmensamente desestabilizadora: esta es la opinión de los líderes que gobiernan los países vecinos de Venezuela (Brasil y Colombia) y de grandes potencias como China (cuyo enviado especial, Qiu Xiaoqi, se reunió con Maduro solo unas horas antes del ataque norteamericano). El mundo no solo no pudo detener a Estados Unidos en 2003, sino que tampoco ha podido detenerlo entre 2001 y este año en su obsesiva guerra por el petróleo contra Venezuela.
El ataque a Venezuela se ha programado para que Trump pueda presentarse ante el Congreso de los Estados Unidos el 4 de enero, cuando pronuncie su discurso anual, y afirmar que ha obtenido una gran victoria. Esto no es una victoria. Es solo otro ejemplo de un unilateralismo que no mejorará la situación en el mundo. La guerra ilegal de los Estados Unidos contra Irak terminó con la retirada forzosa de los Estados Unidos después de que un millón de civiles fueran asesinados en una década despiadada; lo mismo ocurrió en Afganistán y Libia, dos países arruinados por el águila norteamericana.
Es imposible imaginar un futuro diferente para Venezuela si los Estados Unidos continúa con sus bombardeos y envían al país fuerzas terrestres al país. Estas «guerras de cambio de régimen» no traen nada bueno, y tampoco lo traerán aquí. Hay una razón por la que Brasil y Colombia se sienten incómodos con este ataque, pues saben que el único resultado será la desestabilización a largo plazo de toda la mitad norte de Sudamérica, si no lo es de toda la región de América Latina. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en la mitad norte de África (el bombardeo de Trump sobre Nigeria es parte de los detritos del bombardeo de la OTAN sobre Libia en 2011).
Trump recibirá una ovación en el Congreso de los Estados Unidos, pero el precio ya lo han pagado cientos de civiles muertos en Venezuela y millones más que luchan por sobrevivir a la guerra híbrida a largo plazo impuesta por los Estados Unidos a Venezuela durante las últimas dos décadas.
historiador, editor y periodista indio, es corresponsal jefe de Globetrotter, editor de LeftWord Books y director del Tricontinental: Institute for Social Research. Entre sus libros se cuentan “On Cuba: Reflections on 70 Years of Revolution and Struggle” (con Noam Chomsky), “Struggle Makes Us Human: Learning from Movements for Socialism” y (también con Noam Chomsky) “The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan, and the Fragility of US Power” y “How the International Monetary Fund is Suffocating Africa”.
es licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela, donde cursó asimismo una maestría en Estudios de Discurso. Coordinadora de medios en español de Globetrotter e investigadora de la cooperativa Ejército Comunicacional de Liberación, es compiladora junto a Giordana García Sojo del volumen colectivo “Venezuela, vórtice de la guerra del siglo XXI” (edición conjunta de varias editoriales latinoamericanas, 2020).Fuente:
Counterpunch, 3 de enero de 2026
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