Gaceta Crítica

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El dominio de China en energías limpias es la verdadera noticia y resultado claro de la COP30.

Nigel Green (ASIA TIMES), 12 de Noviembre de 2025

La transición hacia la energía limpia ya no es una aspiración: es un mercado global próspero y en pleno funcionamiento, con China como eje central.

El dominio de China en energía solar es la base de su liderazgo en energía limpia. Foto: Archivo de Asia Times / Suministrada

Al comenzar la COP30 en Belém, Brasil, el debate climático se centra en las promesas y los objetivos. Sin embargo, el verdadero cambio ya se observa en los mercados globales. 

El epicentro de la transición hacia la energía limpia se encuentra ahora en China, y esa realidad está moldeando las estrategias de precios, comercio e inversión en todo el mundo.00:0000:00

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China ha convertido su ambición climática en una estrategia industrial. Lidera prácticamente todos los segmentos de la economía de energías limpias, desde la solar y la eólica hasta las baterías, los vehículos eléctricos y la tecnología de redes eléctricas. Sus decisiones influyen ahora en las estructuras de costes globales, las cadenas de suministro y las expectativas del mercado.

A finales de 2024, China ya había superado su objetivo de capacidad instalada de energía eólica y solar para 2030, alcanzando cerca de 1400 gigavatios, según la Administración Nacional de Energía. Este año, la capacidad de energías renovables ha superado por primera vez a la de combustibles fósiles.

La Agencia Internacional de la Energía prevé que China representará casi el 60% de toda la nueva capacidad mundial de energía renovable instalada hasta 2030.

Esta expansión ha transformado la economía energética. La escala industrial ha abaratado los costes de los módulos solares, las turbinas eólicas y las baterías hasta niveles que hacen que la energía limpia sea competitiva sin subvenciones en la mayoría de las regiones. 

China controla actualmente más del 80% de la cadena de suministro mundial de fabricación de paneles solares y domina la producción de vehículos eléctricos y baterías de almacenamiento. Estos avances están transformando la estructura de costes global.

Todas las carteras de inversión expuestas a energía, infraestructura o materias primas reaccionan ahora a la forma en que China fija los precios y despliega las tecnologías limpias. Desde los márgenes corporativos hasta las balanzas comerciales, la deflación generada por la capacidad productiva china influye en las valoraciones y las previsiones en todos los continentes.

Los mercados bursátiles se están adaptando a la nueva realidad energética. En China, el exceso de capacidad en la fabricación de paneles solares ha generado una intensa competencia de precios. Los seis mayores productores de energía solar de China registraron pérdidas combinadas de aproximadamente 2600 millones de dólares en el primer semestre de 2025. Es probable que los más débiles desaparezcan, dejando en el mercado empresas más fuertes y mejor capitalizadas con mayor alcance global. 

Fuera de China, el efecto dominó está beneficiando a los proveedores de cobre, litio, níquel y tierras raras, así como a los operadores de redes eléctricas y a las empresas de logística que prestan servicios a las nuevas infraestructuras energéticas.

Los mercados de crédito evolucionan en paralelo. Los bonos verdes y de transición vinculados a las exportaciones chinas se multiplican. Los emisores de mercados emergentes financian proyectos de energías renovables construidos con tecnología china, creando una nueva capa de deuda invertible y fortaleciendo sus balances vinculados a la transición energética. El capital fluye hacia la infraestructura que sustenta la electrificación, el almacenamiento y la transmisión de energía.

Los fondos de capital privado y de infraestructura se están posicionando en consecuencia. Los proyectos energéticos de la Franja y la Ruta, que antes dependían del carbón, ahora se centran en la energía solar y eólica. Los promotores regionales están adquiriendo componentes chinos para cumplir con los objetivos nacionales de descarbonización. La energía limpia está pasando de ser un coste a un motor de crecimiento en múltiples regiones.

Sin embargo, existen límites. La red eléctrica china aún tiene dificultades para absorber la rápida expansión de la generación renovable, algunas provincias se enfrentan a restricciones y las limitaciones de la deuda local ralentizan las nuevas aprobaciones. El carbón sigue siendo un importante estabilizador de las fuentes de energía. No obstante, el porcentaje de generación de energía limpia continúa aumentando, y la orientación política se mantiene coherente y centrada.

Las implicaciones para la inversión son cada vez más claras. El dominio de China ha convertido la energía limpia en la principal fuente mundial de deflación de costes en activos reales. Está impulsando nuevos ciclos de demanda industrial, uso de materias primas y gasto en infraestructuras. 

La exposición a esta transformación puede adoptar muchas formas, incluidas las energías renovables cotizadas, los metales críticos para la electrificación, las empresas de servicios públicos que integran almacenamiento avanzado y las estructuras de financiación que vinculan estos sectores.

Muchos gobiernos ven el ascenso de China principalmente desde una perspectiva política. Los mercados, sin embargo, lo ven desde una perspectiva estructural.

Los ecosistemas industriales de esta magnitud no pueden replicarse rápidamente. Representan décadas de capital y experiencia acumulados, y cualquier intento de aislarlos o reemplazarlos conlleva el riesgo de mayores costos y un progreso más lento en otros ámbitos.

La seguridad energética, la competitividad y la productividad dependerán cada vez más del acceso al ecosistema de energías limpias de China. Considerar las energías limpias como infraestructura nacional ha impulsado la creación de industrias, empleos y el liderazgo exportador. Las economías que duden en adoptar este enfoque perderán tanto crecimiento como influencia en las próximas décadas.

La transición hacia la energía limpia ya no es una aspiración. Es un mercado global en pleno funcionamiento con China como eje central. La combinación de tecnología, capital y disciplina industrial que surge de Pekín, Shanghái y Shenzhen está marcando el rumbo de las oportunidades económicas en Asia, Oriente Medio y África.

Ignorar este cambio no eximirá al capital de sus consecuencias. Simplemente significaría perder una de las fuentes definitorias de rentabilidad sostenible en la economía global contemporánea.

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