Gaceta Crítica

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La deuda como herramienta de dominación: el nuevo préstamo del FMI y la subordinación de Argentina al capital global.

David Barkiny y Juan E. Santarcángelo (MONTHLY REVIEW REVISTA), 4 de Noviembre de 2025

Continuamos, como cada mes, en GACETA CRÍTICA, con la publicación traducido al castellano de los artículos de la prestigiosa revista marxista neoyorquina MONTHLY REVIEW.

Villa 31, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

David Barkin es profesor distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana de la Ciudad de México, miembro emérito del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y galardonado con el Premio Nacional de Economía Política (1979). En 2016, recibió una beca de investigación de la Fundación Alexander von Humboldt en Alemania. 

Juan E. Santarcángelo es investigador principal del CONICET y director del Centro de Estudios del Desarrollo, Innovación y Economía Política de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

Como informamos en nuestro artículo de la Revista Mensual de 2024 sobre la historia del Fondo Monetario Internacional en América Latina, los países que reciben apoyo financiero del FMI se han transformado sistemáticamente en sujetos dependientes de los mercados internacionales de capitales.1En la práctica, esto ha significado que se han visto obligados a reorganizar sus estructuras institucionales y a desmantelar o debilitar las protecciones existentes para los trabajadores de los sectores industrial y de servicios, el sector informal y el campesinado. También ha provocado el deterioro de la calidad y la disponibilidad de los servicios médicos y el debilitamiento de los sistemas de pensiones. Las instituciones educativas también son blanco frecuente de estos acuerdos financieros. En América Latina, esto suele ir acompañado de una intensificación sistemática de la discriminación contra los pueblos indígenas y el robo de sus territorios.

A diferencia de México, donde un atractivo candidato progresista movilizó un apoyo popular sustancial para un giro drástico en la política nacional en las elecciones presidenciales de 2018, un desencanto acumulado con la capacidad de las coaliciones políticas progresistas para responder eficazmente a los profundos problemas económicos heredados que enfrenta Argentina creó las condiciones para que un candidato abiertamente liberal (en el sentido decimonónico del concepto) ganara las elecciones presidenciales de 2023. Javier Milei se ha convertido en el “niño prodigio” de los sectores liberales internacionales y de gran parte de la comunidad capitalista transnacional, quienes elogian su rápida promulgación de reformas institucionales y económicas que prometen una rápida recuperación de las perspectivas financieras de los sectores más ricos de la sociedad.

Gobierno de Milei

En diciembre de 2023, Milei, un político novato y autoproclamado anarcocapitalista, ganó la presidencia en la segunda vuelta con casi el 56 % del voto total. Sin apoyarse en las estructuras políticas tradicionales, su partido, Libertad Avanza, se impuso en casi todas las provincias, excepto Buenos Aires, Santiago del Estero y Formosa. Respaldado por el fuerte apoyo de los principales medios de comunicación argentinos (todos controlados por las corporaciones más grandes del país) y las redes sociales internacionales más importantes (TikTok, X y Facebook, entre otras), Milei basó su campaña en la promesa de implementar un régimen macroeconómico radical. Sus propuestas incluían: dolarizar la economía, desmantelar la élite política argentina («la casta»), eliminar los controles cambiarios, abolir el Banco Central de la República Argentina, alinear los intereses del país con los objetivos geopolíticos de Estados Unidos, desregular la economía y desmantelar el estado de bienestar.

Si bien la retórica explícita y agresiva empleada para articular sus objetivos no tiene precedentes en la historia política argentina, el gobierno de Milei representa el cuarto intento de consolidar un régimen neoliberal. La mayoría de las políticas que pretende implementar ya han demostrado ser desastrosas para el desarrollo económico de Argentina. Sin embargo, dos factores clave distinguen el actual proyecto neoliberal de las versiones anteriores.

En primer lugar, el gobierno cuenta con el pleno respaldo del capital nacional e internacional, que ve en esta administración una oportunidad para reformar permanentemente el contrato social argentino y redefinir los roles del capital y el trabajo en la economía. El verdadero objetivo tanto del gobierno como de sus aliados económicos es desmantelar un rasgo fundamental del sistema laboral argentino: la protección de los trabajadores, conseguida tras décadas de luchas obreras exitosas.

Esta convergencia de intereses se evidencia en el apoyo financiero que impulsó la campaña presidencial de Milei, así como en la participación directa de actores empresariales en la gobernanza. Empleados de importantes grupos económicos no solo han influido en las políticas económicas fundamentales, sino que también predominan en los cargos de ministros, secretarios y subsecretarios del gobierno de Milei.

La segunda característica distintiva del panorama político actual es la casi total ausencia de una oposición efectiva. Los principales representantes de las fuerzas políticas tradicionales argentinas —macrismo, radicalismo y peronismo— han quedado desacreditados por sus recientes fracasos políticos y, con pocas excepciones (como la izquierda y ciertas facciones del kirchnerismo), la mayoría ha terminado por plegarse a la agenda del gobierno, alineándose con sus directrices. Esto ha creado una oportunidad sin precedentes para la administración de Milei, reflejando una estrategia capitalista global más amplia con patrones similares que se observan en otros países.

Al asumir el cargo, el gobierno implementó rápidamente medidas económicas drásticas, incluyendo una devaluación de la moneda del 118 % y la eliminación de subsidios a servicios públicos esenciales (energía, electricidad, agua y transporte). Estas políticas provocaron un aumento generalizado de precios en toda la economía, elevando la inflación al 25,5 % tan solo en diciembre de 2023. Simultáneamente, la administración implementó severas medidas de austeridad, recortando el gasto público mediante despidos masivos y emitiendo un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU 70/2023) que reestructuró el gobierno federal. El número de ministerios se redujo de veintidós a nueve, y el recién creado Ministerio de Capital Humano consolidó las funciones de cinco ministerios anteriores (Trabajo, Educación, Cultura, Desarrollo Social y Mujer y Diversidad de Género).

Para combatir la inflación, el gobierno implementó una estrategia dual. En primer lugar, la estrategia de anclaje fiscal, que conllevó recortes drásticos del gasto público, incluyendo la suspensión total de las obras públicas. En segundo lugar, se instauró un anclaje cambiario, es decir, se reactivó el carry trade mientras se controlaba estrictamente el mercado de divisas para gestionar las tasas de devaluación.2Paralelamente, el gobierno de Milei promulgó cientos de medidas desreguladoras bajo el lema de “refundar Argentina”. La mayoría se consolidaron en dos iniciativas clave. Primero, el “mega DNU” (DNU 70/2023) declaró una emergencia económica y otorgó al presidente amplios poderes ejecutivos. Segundo, la “Ley de Bases” ( Ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos ) propuso modificaciones a más de seiscientas leyes vigentes. Cabe destacar que ambas medidas fueron redactadas por importantes firmas de abogados corporativos que representaban capital nacional e internacional, reestructurando fundamentalmente las regulaciones empresariales a su favor. Las reformas facilitaron transferencias masivas de riqueza del Estado a las empresas, al tiempo que desmantelaron las restricciones regulatorias a la acumulación de capital en Argentina.

La validez legal tanto del Decreto de Desempleo (DNU) como de la Ley Ómnibus (o Ley de Bases) dependía enteramente de la aprobación del Congreso, el único mecanismo constitucional que podía invalidar estas medidas. A pesar de contar con una mínima representación legislativa, el gobierno logró su aprobación mediante la presión política y económica directa ejercida por los principales intereses corporativos sobre los legisladores de casi todo el espectro político, con excepción de las reducidas facciones de izquierda y la mayoría de los representantes del kirchnerismo (alrededor del 35% del electorado). Estas maniobras aseguraron la vigencia del DNU y permitieron la aprobación de una versión de la Ley Ómnibus con modificaciones menores en julio de 2024. La legislación declaró un estado de emergencia de un año en los sectores administrativo, económico, financiero y energético, al tiempo que estableció un Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, que otorga importantes beneficios fiscales, legales y monetarios a los inversores extranjeros relevantes (con inversiones superiores a 200 millones de dólares). Simultáneamente, inició una privatización generalizada de los activos estatales e implementó reformas laborales que favorecían explícitamente al capital sobre los trabajadores, incluyendo períodos de prueba prolongados, la eliminación de sanciones por contribuciones patronales impagas y la creación de una nueva clasificación de “trabajador independiente” que permitía a las empresas contratar hasta tres trabajadores sin reconocer los derechos laborales formales.

El desmantelamiento sistemático de las protecciones sociales se extendió a múltiples sectores: los pagos de pensiones se congelaron y, como resultado, perdieron más de 10 mil millones de pesos en valor real debido a la inflación en un solo año; los presupuestos universitarios se congelaron en los niveles de financiación de 2023; y el sistema de salud vio el cierre de instituciones emblemáticas como el Hospital Nacional de Salud Mental Laura Bonaparte junto con despidos masivos y una escasez crítica de medicamentos para el VIH y el cáncer, lo que culminó en la retirada de Argentina de la Organización Mundial de la Salud.3La investigación científica sufrió la cancelación de fondos y la suspensión de subvenciones, mientras que los medios públicos se enfrentaron a una censura manifiesta, la persecución de periodistas y el cierre de agencias estatales, incluido el servicio nacional de noticias, TELAM. Los sindicatos más combativos sufrieron una represión sistemática destinada a debilitar la protección de los trabajadores.

Las consecuencias económicas fueron particularmente graves durante el primer año de gobierno: la actividad de la construcción se contrajo un 18%, la producción industrial un 10% y el comercio un 8%. El gasto de los consumidores cayó a mínimos históricos, similares a los de la pandemia. Los salarios y las pensiones del sector público perdieron más del 20% de su poder adquisitivo, mientras que los índices de pobreza e indigencia aumentaron drásticamente. Hoy, dos tercios de los niños argentinos menores de 14 años viven en la pobreza. Ante el creciente malestar social, el gobierno, a través del Ministerio de Seguridad, dirigido por Patricia Bullrich, excandidata presidencial convertida en firme aliada, implementó medidas represivas basadas en la “Doctrina Chocobar”, que autorizaba a las fuerzas de seguridad a portar armas de fuego y gas pimienta en las manifestaciones, otorgándoles una amplia discreción para reprimir las supuestas “amenazas inminentes”. Esta política derivó en frecuentes y violentas represiones de protestas, con numerosos arrestos y heridos, constituyendo una clara estrategia para sofocar la disidencia mediante la violencia institucional.

El agresivo ajuste económico del gobierno sí produjo algunos resultados positivos, en particular en el control de la inflación. Tras un repunte mensual inicial del 25,5 % provocado por la devaluación de la moneda, la eliminación de subsidios y las medidas de desregulación, la inflación se redujo gradualmente a aproximadamente el 2,4 % mensual en febrero de 2025. Sin embargo, esta estabilización sigue siendo precaria, ya que su sostenibilidad depende por completo de la capacidad del gobierno para asegurar suficientes ingresos en dólares que permitan satisfacer múltiples demandas contrapuestas: obligaciones de deuda, operaciones de carry trade, contención de la fuga de capitales, financiación de importaciones, necesidades del sector turístico y mantenimiento del tipo de cambio.

Para paliar la escasez de dólares, el gobierno implementó diversas estrategias con resultados variables. La medida más eficaz resultó ser un programa de lavado de dinero para personas adineradas que habían enviado su dinero fuera del país, el cual ofrecía una amnistía fiscal para montos de hasta US$100.000 y una escala progresiva para sumas mayores, generando una entrada extraordinaria de US$23.000 millones. Además, el gobierno logró un superávit comercial de US$18.900 millones en 2024, explicado por un aumento del 19,4% en las exportaciones y una caída del 17,4% en las importaciones como resultado de la disminución del gasto de los consumidores. El gobierno también registró un superávit de casi US$5,7 millones en exportaciones de petróleo, el más alto en los últimos dieciocho años, resultado de inversiones previas realizadas por otros gobiernos que maduraron durante este período. En contraste, a pesar del establecimiento del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, el volumen de Inversión Extranjera Directa fue de tan solo US$89 millones, el más bajo desde la crisis de convertibilidad de 2002.

A pesar de las importantes sumas obtenidas, el gobierno no logró un aumento significativo en las reservas internacionales brutas durante su mandato. Al asumir el cargo en diciembre de 2023, las reservas brutas ascendían a aproximadamente 21 mil millones de dólares; sin embargo, para marzo de 2025, se mantenían por debajo de los 24 mil millones de dólares, un incremento mínimo a pesar de los amplios ajustes económicos y la significativa entrada de dólares. Paralelamente, la deuda pública (denominada tanto en pesos como en dólares) se disparó en el equivalente a 92 mil millones de dólares durante los primeros dieciséis meses de la administración del presidente Milei.

Como si esta situación no fuera suficiente, la crisis económica y social se transformó también en una crisis política. El 14 de febrero de 2025, el presidente Milei promovió a través de sus redes sociales la creación de una criptomoneda llamada LIBRA mediante un tuit. En pocas horas, más de cuarenta mil inversores invirtieron en el proyecto, lo que provocó que el precio de LIBRA, que había comenzado en 0,000001 dólares, superara los 5 dólares. En ese momento, un grupo de inversores aparentemente vinculados al presidente vendió sus reservas de criptomonedas, lo que hizo que el precio se desplomara. La estafa se consumó y, en apenas unas horas, los perpetradores se apropiaron de alrededor de 200 millones de dólares. Pronto surgieron las críticas y se produjo una ola mundial de repudio contra el presidente y la Secretaria General de la Presidencia de Argentina, Karina Milei, hermana del presidente, quien aparentemente había estado involucrada en el proceso. Como consecuencia de esta acción, el gobierno sufrió una de las primeras crisis serias de confianza en su mandato y comenzó a recibir denuncias penales por estafa en Estados Unidos, Europa y Argentina; el propio poder legislativo inició negociaciones para investigar los posibles delitos cometidos por el presidente.

Para colmo, la inflación alcanzó el 3,7% mensual en marzo de 2025, con un aumento de casi el 6% en los precios de los alimentos y las bebidas. El gobierno perdió el único activo político que había construido: la reducción de la inflación. Como era de esperar, se produjo una avalancha de compras de divisas, lo que obligó al gobierno a intervenir en el mercado cambiario a un costo astronómico de 400 millones de dólares diarios en reservas para estabilizar la situación.

El retorno interminable del FMI

Con las elecciones legislativas de medio término previstas para octubre de 2025 y el rápido agravamiento de la crisis, el gobierno, ante una drástica caída de las reservas, se vio obligado a recurrir nuevamente al FMI. Como ya informamos, Argentina tiene un largo historial de préstamos del FMI; la última deuda contraída con la organización ascendió a unos 44.000 millones de dólares, en un préstamo que eludió tanto la normativa interna del organismo como la nacional, y superó en más de un 1.000% el límite de crédito que el país podía recibir.4Gracias nuevamente a la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, quien fue fundamental para asegurar el préstamo otorgado en 2018, el Directorio Ejecutivo del FMI aprobó un acuerdo del Servicio Ampliado del Fondo (SAF) a 48 meses para Argentina por un total de 20.000 millones de dólares (el 479% de la cuota del país), con un desembolso inmediato de 12.000 millones de dólares y una primera revisión prevista para junio de 2025, con un desembolso asociado de aproximadamente 2.000 millones de dólares. Con este préstamo, el FMI está violando sus propias normas de crédito y, como consecuencia, se ha convertido en el principal acreedor de Argentina.

A cambio del préstamo, el FMI exige profundas reformas estructurales al país para garantizar el eventual pago de la deuda, en consonancia con el Consenso de Washington. Específicamente, el FMI requiere una devaluación de la moneda mediante la implementación de un régimen de tipo de cambio flotante, que permitiría que el dólar fluctuara entre 1.000 y 1.400 pesos. El objetivo es ampliar la banda actual un 1% mensual. El gobierno argentino y el FMI afirman que esto permitirá alcanzar, a la larga, un tipo de cambio plenamente flexible en el contexto de un sistema bimonetario, donde coexisten el peso y el dólar estadounidense.5Además, insiste en una reforma integral del sistema de pensiones, la desregulación del mercado laboral, la privatización (adicional) de empresas estatales, la liberalización económica, la desregulación del mercado y la eliminación del control de capitales (el “cepo cambiario”) que anteriormente impedía a los inversionistas extranjeros repatriar sus ganancias en dólares. El plan propuesto por el FMI es una fórmula recurrente, y es probable que sus resultados sean tan perjudiciales para el bienestar de la población como en el pasado. Argentina no solo tendrá dificultades para cumplir con sus obligaciones de deuda existentes, sino que también enfrentará problemas para pagar este nuevo préstamo.

Simultáneamente, el gobierno anunció la negociación de un financiamiento adicional de 22 mil millones de dólares, de los cuales 10 mil millones provienen del Banco Interamericano de Desarrollo y los 12 mil millones restantes del Banco Mundial. Estos fondos tienen tres propósitos explícitos: primero, garantizar la continuidad de la administración actual y fortalecer su desempeño en las elecciones intermedias de octubre de 2025, asegurando así el apoyo legislativo necesario para impulsar su agenda política; segundo, dotar al gobierno de los recursos necesarios para intervenir en el mercado cambiario y estabilizar el tipo de cambio del peso frente al dólar; y tercero, facilitar la fuga de capitales y la repatriación de utilidades de las empresas multinacionales que operan en el país.

Milei tiene la fortuna de que las considerables reservas de petróleo desarrolladas durante administraciones anteriores estén entrando en producción y generando nuevos ingresos a través de las exportaciones. Las extensas reservas de litio en el noroeste del país también podrían resultar rentables. Sin embargo, pocos otros sectores productivos, incluyendo la industria manufacturera y las vastas zonas agrícolas y ganaderas, podrán resistir las presiones financieras y políticas que impone el nuevo régimen. Por lo tanto, una crisis de empleo continua parece inevitable.

Como se acordó, el primer desembolso de 12.000 millones de dólares del FMI llegó en abril de 2025 y sirvió para incrementar las reservas, que alcanzaron los 38.000 millones de dólares. Sin embargo, la persistente demanda de dólares y su fuga de capitales no cesaron. Apenas unos meses después, en julio de 2025, el FMI tuvo que realizar un nuevo desembolso de 2.000 millones de dólares. Ese mismo mes, la Corte Suprema de Justicia de Argentina ratificó la condena a seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos impuesta a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tras su condena por administración fraudulenta. La expresidenta, víctima de un atentado en septiembre de 2022 —un hecho que permanece sin resolver debido a la aparente falta de interés en investigar el incidente—, es simultáneamente blanco de una forma totalmente ilegítima de persecución política a través del sistema judicial, conocida como «lawfare». Esta estrategia sistemática, desplegada en momentos políticos clave, como periodos preelectorales o instancias decisivas para la legitimidad de diversos gobiernos, ha sido el mecanismo de persecución aplicado en países latinoamericanos contra líderes que han defendido la soberanía y la autonomía de sus pueblos. Su objetivo final es socavar la posibilidad de un futuro regreso de dichos gobiernos e intimidar cualquier oposición potencial a las políticas neoliberales.6

Como ya es habitual, el gobierno de Milei sigue incumpliendo varios de los objetivos fijados por el FMI, que, presionado por el gobierno de Trump, hace la vista gorda ante estos incumplimientos y continúa otorgando nueva deuda. Entre los principales incumplimientos, cabe destacar que el gobierno no ha cumplido con las metas de acumulación de reservas acordadas, ha intervenido activamente en múltiples ocasiones en el mercado cambiario mediante la venta de dólares por parte del Tesoro para controlar el tipo de cambio, y tampoco cumplirá con las proyecciones establecidas para la cuenta corriente de la balanza de pagos para 2025. La lógica de estas desviaciones, en el marco de la precaria situación económica y financiera en la que se encuentra Argentina, demuestra que el acuerdo con el FMI no es técnico, sino meramente político.

Las razones no se encuentran únicamente en el deseo de la administración Trump y el FMI de apoyar a un gobierno de derecha con inclinaciones ideológicas similares, sino que, fundamentalmente, este apoyo debe interpretarse desde una perspectiva geopolítica y en el marco de la disputa que el gobierno estadounidense mantiene con China. Argentina es un país sumamente rico en recursos naturales y, en los últimos meses, recibió la visita del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Alvin Hosley, a la provincia de Tierra del Fuego. En la ciudad más austral del mundo, el gobierno estadounidense presionó con éxito a Milei para que detuviera todas las inversiones en infraestructura realizadas por China, obtuvo permiso para instalar una base militar en Ushuaia, considerada una puerta de entrada al continente antártico, supuestamente desmilitarizado, y reactivó un radar de alta potencia que opera bajo control británico (que, además, continúa ocupando ilegalmente territorio argentino: las islas Malvinas). Estados Unidos tiene planes para desarrollar una base de submarinos nucleares en el país.

Esto, por supuesto, viola todo principio de soberanía y demuestra claramente el papel instrumental del Fondo como garante y defensor de los intereses estadounidenses. La escasez de recursos financieros ha alcanzado niveles dramáticos en el país, y el saqueo de propiedades es extraordinario incluso para los estándares argentinos. Es evidente que el rey está desnudo . Argentina se está convirtiendo en un ejemplo paradigmático de la reestructuración (neo)liberal, mientras que el presidente Milei apuesta a que estos nuevos “salvavidas” financieros le proporcionarán el colchón necesario para afrontar la próxima campaña política. La pregunta clave sigue siendo: ¿Podrán las fuerzas sociales, organizadas, estar a la altura del desafío de recuperar su larga historia de lucha? Cada vez parece más probable que la respuesta sea afirmativa.

Mientras preparamos este ensayo para su publicación, los acontecimientos en Argentina evolucionan rápidamente. Mientras se prepara para otra visita a la Casa Blanca, junto con su hermana Karina, quien evita una citación formal para comparecer ante el Congreso y explicar su participación en los escándalos de Libra y la Secretaría de Discapacidad, el presidente Milei enfrenta una fuerte oposición de un Congreso menos complaciente, además de manifestaciones cada vez más combativas en gran parte del país. Sufrió una importante derrota electoral en las elecciones locales de la provincia de Buenos Aires en septiembre de 2025. En respuesta, Estados Unidos se une al FMI para lanzar un paquete de rescate que promete 20 mil millones de dólares adicionales, junto con la exigencia de eliminar los impuestos a las exportaciones de granos a China (perjudicando directamente al sector agrícola estadounidense), así como la flexibilización de las restricciones a la fuga de capitales de inversionistas extranjeros. Además, incluye un plan más detallado para la instalación de una base militar estadounidense en el extremo sur del país. Estados Unidos también espera tener acceso privilegiado a importantes yacimientos minerales en el sur del país. Si bien esto ofrece un breve respiro al gobierno de Milei en la antesala de las elecciones de octubre, la mayoría de los analistas políticos (como se refleja en la prensa estadounidense y en los principales medios argentinos) consideran que la población no se dejará engañar tan fácilmente. Así pues, retomando la pregunta que planteamos al final de nuestro artículo, parece que las fuerzas sociales comienzan a reivindicar el orgulloso legado de lucha que ha caracterizado a Argentina durante tanto tiempo.

Notas

  1. David Barkin y Juan Santarcángelo, “El FMI y la lucha de clases en América Latina: revelando el papel del FMI”, Monthly Review 76, n.° 1 (mayo de 2024): 49–60.
  2. El carry trade es una inversión financiera que consiste en obtener ganancias mediante la compraventa de divisas. En Argentina, el procedimiento habitual es el siguiente: supongamos que un inversor dispone de 1.000 dólares estadounidenses. Con ellos, compra pesos al tipo de cambio oficial, por ejemplo, 1.000 pesos por 1 dólar, obteniendo así 1.000.000 de pesos. Posteriormente, invierte estos pesos en algún instrumento financiero (por ejemplo, bonos, depósitos a plazo fijo o fondos de inversión) y obtiene, en seis meses, una rentabilidad del 20% en pesos. Transcurridos los seis meses, retira los 1.200.000 pesos y los cambia por dólares al tipo de cambio oficial (1.000 pesos equivalen a 1 dólar), obteniendo de este modo 1.200.000 dólares y una rentabilidad del 20% en dólares estadounidenses. La rentabilidad es extraordinaria, pero solo es viable a corto plazo, ya que implica una continua fuga de dólares que el gobierno debe proporcionar.
  3. En abril de 2025, la pensión mínima cubría solo el 30,5 por ciento de la canasta básica de alimentos.
  4. Barkin y Santarcángelo, “El FMI y la lucha de clases en América Latina”.
  5. Michael Roberts, “Argentina: Del capitalismo anarcocapitalista a la austeridad.15 de abril de 2025, thenextrecession.wordpress.com.
  6. Para más detalles ver Baltasar Garzón, Gisele Ricobom y Silvina Romano (coords.), OBJETIVO:CRISTINA: El lawfare contra la democracia en Argentina (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, 2023).

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