Gaceta Crítica

Un espacio para la información y el debate crítico con el capitalismo en España y el Mundo. Contra la guerra y la opresión social y neocolonial. Por la Democracia y el Socialismo.

Carlos Mazón, 365 días de maltrato hacia las víctimas de la DANA en Valencia.

Víctor López, Jaime García Morato y Carmen Aparicio (PÚBLICO), 29 de Octubre de 2025

  • ‘Público’ ha hablado con las tres principales asociaciones de víctimas y damnificados, que exigen responsabilidades y denuncian los «insultos» y las «mentiras» del Govern de la Generalitat.
  • «No he podido vivir un duelo en condiciones y no seré capaz de hacerlo mientras este señor [Carlos Mazón] siga en el cargo», lamenta Rosa Álvarez, hija de uno de los fallecidos en Catarroja. 
  • «Las 229 personas fallecidas no murieron por un fenómeno climático, sino por una incompetente y negligente gestión», reivindica Toñi García, que perdió a su marido y a su única hija.
Hace 18 años nacimos con un compromiso: hacer un periodismo útil para la sociedad. Solo podemos continuar con esta labor si contamos con el apoyo de personas como tú.

Únete a la comunidad de Público. 18 años no son nada… cuando nos queda tanto por contar. Periodismo incómodo para tiempos difíciles. https://bit.ly/3VylhmD


Periodismo, investigación y compromiso para construir un mundo más igualitario.
¡Suscríbete ya a nuestro canal!: https://bit.ly/2U8nM0q
Visita: https://www.publico.es
Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/diario.publico/
Síguenos en Twitter: https://twitter.com/publico_es
Síguenos en Instagram: https://www.instagram.com/publico.es
Síguenos en TikTok: https://www.tiktok.com/@publico_es
Síguenos en Bluesky: https://bsky.app/profile/publico.es
Las asociaciones de víctimas recuerdan con ‘Público’ como vivieron la DANA y exigen responsabilidades al Govern de la Generalitat.

«La última vez que estuve con mi padre se despidió con un beso en la frente, como hacía siempre. Y ni siquiera me levanté, jamás pensé que sería la última vez que lo vería«. Manuel Álvarez volvió entonces a su casa en Catarroja, tenía algo de fiebre, se había puesto «las vacunas del covid y la gripe». Rosa lo llamó al cabo de un rato para decirle que se había desbordado el Barranco del Poyo. «Lo supe porque me avisaron mis amigas por un grupo de WhatsApp», recuerda. Manuel estaba tranquiloLas riadas en la zona son habituales. Y no hacía mucho tiempo que había reformado su casa para elevarla dos escalones sobre el nivel del suelo. La llamada duró unos minutos más. Manuel colgó para poner los protectores en las puertas, volvió a hablar más tarde con su hija. Le dijo que pronto se iría a dormir. «Y nunca se acostó», insiste Rosa. Las horas posteriores fueron un «auténtico infierno», una mezcla de incertidumbre, llantos y mucha angustia. «La perra me veía tan nerviosa que aullaba, nunca lo había hecho. Esos aullidos los tendré siempre en mi cabeza», reconoce. Rosa perdió a su padre unas horas más tarde. Las vidas de su marido, Eduard, y su xiqueta, Aitana, también corrieron peligro. 

Rosa Álvarez, frente a la casa en la que vivió toda la vida su padre.

Los vecinos pronto se dieron cuenta de que aquello «no era una barrancada» como las de inviernos anteriores. «El agua venía con mucha virulencia, arrastrando enseres y coches«, coinciden. Eduard y Aitana salieron en busca de Manuel, viven relativamente cerca. Rosa lo llamó para avisarlo: padre e hija hablaron entonces por última vez. «Él me dice que no puede acceder a la terraza. Le digo que mi marido y mi hija están intentando cruzar para salvarlo. Lo único que me pide es que la xiqueta se’n torne -en valenciano, que la niña se de la vuelta-. La única preocupación de mi padre era que su nieta se pusiera a salvo. Esto me ha costado sesiones y sesiones de terapia. Los familiares nos hemos sentido responsables de todo. Y los responsables reales, de nada», denuncia la presidenta de la Asociación Víctimas Mortales Dana 29-O. Manuel falleció sin saber que su nieta había conseguido salvarse. 

Lo tuve claro desde el primer momento: mi padre no murió por enfermedad ni por accidente, murió por una negligencia

«Le tuve que mentir también a mi hija. Atiana no quería volver a casa. Le tuve que decir que el yayo estaba bien. No sé cómo conseguí recomponerme para decírselo, porque sabía que era prácticamente imposible que mi padre hubiera salido de allí», reconoce. Aitana llegó al piso empapada. El barro le llegaba a las axilas. Rosa le estaba ayudando a limpiarse cuando sonaron las alarmas. El reloj marcaba las 20.11. La Generalitat les pedía a los vecinos «evitar cualquier tipo de desplazamiento». Demasiado tarde. Manuel murió porque nadie le había dicho «el riesgo al que estaba sometido». El cadáver apareció al día siguiente en un parque de Catarroja, seiscientos metros al sur de su casa. «Lo tuve claro desde el primer momento: mi padre no murió por enfermedad ni por accidente, murió por una negligencia», sostiene su hija. Rosa todavía no ha podido encarar un duelo en condiciones. «Y no seré capaz de hacerlo mientras este señor [Carlos Mazón] siga en el cargo«.

La desgracia la puso en contacto con otras vecinas y vecinos en su misma situación, familias destrozadas a raíz de la DANA. Toñi García recuerda el 29 de octubre como «un día normal, no llovía, no caía ni una gota de agua». Miguel, su marido, trabajaba como funcionario para la Conselleria de Justicia e Interior. El departamento que dirigía Salomé Pradas. Toñi tenía su plaza en la Conselleria de Industria, Comercio y Turismo. La que gestionaba Nuria Montes. «Los dos conocíamos la ley de emergencias, sabíamos sobre quién recaía la responsabilidad«, apunta. El matrimonio tenía una sola hija: Sara, 24 años recién cumplidos. La joven había estudiado enfermería, llevaba un tiempo trabajando en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital La Fe de València. «Le encantaba hacer planes con nosotros, hacíamos muchas rutas de senderismo, nos gustaba mucho la naturaleza», reflexiona su madre. Miguel y Sara fallecieron atrapados en el garaje de su edificio, cuando intentaban sacar los coches al exterior. Los tres vivían en un dúplex en Benetússer. 

Sara llevaba toda la tarde preocupada, había escuchado que algunos pueblos de la zona podían inundarse. Le preguntó a su madre qué opinaba. «Le dije que estuviera tranquila, porque si pasaba algo, nos alertarían«. El marrón empezó a teñir las calles sobre las 19.15 horas. «No pensamos en ningún momento que fuera del barranco. Lo achacamos a una tubería rota o algo similar. El color tampoco nos sorprendió, porque vivimos cerca de las huertas, no le dimos importancia», continúa Toñi. Miguel y Sara bajaron al sótano para mover sus dos coches, «por si la lluvia entraba en los garajes», cosa que nunca había ocurrido. El reloj marcaba las 19.26. Toñi estaba en el balcón hablando por teléfono, cuando escuchó un ruido extraño, «un tsunami con una pantalla de cañas delante» que estaba arrasando el barrio. Lo primero que hizo fue cortar la llamada y correr escaleras abajo, intentando llegar al parking. «Me tuve que quedar en el primer piso. El agua superaba los dos metros de altura». Toñi intentó contactar con Miguel y con Sara, pensando «en todo momento» que habían conseguido salir a la calle. 

Toñi García, durante una conversación con 'Público'.

La noche la pasó despierta, esperando noticias que no llegaban. Toñi tenía «la esperanza» de que pudieran estar en «cualquier otra casa», pero nunca pensó en un desenlace como el que tuvo que afrontar. «El paisaje de la mañana siguiente era apocalíptico. Los primeros en llegar fueron el novio de mi hija y su familia, venían de barro hasta el cuello. Les tuve que prestar ropa y salieron en busca de los coches, pero no encontraron nada», lamenta Toñi. Miguel y Sara aparecieron tres días después. El 31 de octubre localizaron sus cuerpos. Los identificó un equipo de buceo en el parking del edificio. «Las 229 personas fallecidas no murieron por un fenómeno climático, sino por una incompetente y negligente gestión que convirtió esto en una tragedia humana sin precedentes», reivindica Toñi.

Soraya García tampoco puede olvidar dónde estaba hace un año; recuerda perfectamente el último mensaje de su marido. Sergio era transportista, había salido a primera hora de la mañana desde Madrid. El camión llevaba cuarenta y dos toneladas de carga. «Lo llamé para decirle que tuviera cuidado y me dijo que no me preocupara, tenía muchas ganas de llegar a casa». Soraya estaba trabajando cuando sonaron las alertas. «Sergio no me cogía el teléfono y le mandé un WhatsApp», reconoce. La respuesta fue descorazonadora: «Estoy en Ventamina, dirección Madrid. Llama al 112 y comunícalo«. Las líneas estaban colapsadas. Soraya, intranquila. El camión apareció a la mañana siguiente, pero no había ni rastro del cuerpo de Sergio. Lo encontraron una semana después a cinco kilómetros del último punto en el que se sabe que estuvo. 

Las familias de las víctimas tienen claro que «no hay reparación posible», toda vez que «las muertes eran evitables». Y por eso prefieren hablar de «asesinados».

«La primera víctima falleció antes del mediodía, también era un camionero. Sergio murió a las diez y cuarto de la noche. ¿No tuvieron horas para tomar medidas? ¿Se alargó mucho la comida en El Ventorro?«, se pregunta Soraya. Las familias de las víctimas tienen claro que «no hay reparación posible», toda vez que «las muertes eran evitables». Y por eso prefieren hablar de «asesinados». El tiempo parece que no pasa en l’Horta Sud de València. El vacío se ha instalado en demasiados hogares. Y la actitud del president hace la vigilia todavía más difícil. «Nosotros seguimos siendo un espejo que refleja lo que no hicieron, somos molestos para ellos [el Govern], por eso nos insultan y nos acusan de estar politizados», asegura Toñi García. 

Las asociaciones, en busca de justicia

Público ha podido hablar durante su estancia en la zona cero de la catástrofe con las principales asociaciones de víctimas y damnificados. La decepción y el enfado son generalizados: todas las voces apuntan al Govern de Carlos Mazón. «Los días posteriores, en lugar de asumir responsabilidades y pedir perdón, [desde el Consell] empezaron con una historia de mentiras que dura un año después. La alerta en tiempo y forma hubiese salvado muchísimas vidas, estamos convencidos. Hemos perdido amigos, vecinos y familiares, porque quien tenia que estar protegiendo a la ciudadanía no estaba donde tenía que estar», denuncia Mariló Gradolí, vecina de Catarroja y presidenta de la Associació de Víctimes de la DANA 29 d’Octubre. Las esperanzas ahora están puestas en la instrucción de la jueza de Catarroja, «un rayo de luz» para quienes han tenido que aprender a «salir adelante» sin sus seres queridos.

Mazón demostró que no le importábamos nada, desatendió las llamadas de su equipo y de su consellera por estar en un restaurante de lujo. No hubo dignidad humana

«Mazón demostró que no le importábamos nada, desatendió las llamadas de su equipo y de su consellera por estar en un restaurante de lujo. No hubo dignidad humana, nuestros dirigentes han demostrado ser capaces de cualquier cosa con tal de minimizar la realidad y ocultar las pruebas de su negligencia», lamenta Toñi García. Lo mismo apunta Rosa Álvarez, presidenta de la Asociación Víctimas Mortales Dana 29-O. «La respuesta del Govern ha sido primero la nada y luego el maltrato institucional más absoluto. Lo que han intentado es criminalizarnos, deshumanizarnos, todo esto instalados en la mentira, porque necesitan que las víctimas pasemos a ser verdugos», recalca. «No solo hemos tenido que sorportar que este señor [Mazón] siga en su puesto después de una negligencia tan grave, sino todo lo que ha venido detrás: insultos, mentiras y risas cuando le preguntan por las víctimas«, añade Soraya García. 

La reacción ha sido distinta al llamar a la puerta de otras administraciones. La delegada del Gobierno, por ejemplo, «sí ha estado a la altura». Y no hablan solo de la parte política, también de la humana. «El trabajo ha sido encomiable, independientemente del partido al que pertenezca, quien estuvo ahí fue ella como persona», destaca Rosa Álvarez. «El Gobierno ha respondido, tuvimos reuniones con distintos ministros que se han comprometido a según qué cosas y algo de resultado sí ha habido», defiende Christian Lesaec, presidente de la Asociación de Damnificados por la Dana Horta Sud. Este vecino de Alfafar, no obstante, pide «más colaboración» entre los responsables autonómicos y los estatales. «No es momento para seguir haciendo ruido«, reclama.

No se trata de colores políticos, hablamos de 229 víctimas y un Govern que tiene que asumir su responsabilidad

El segundo acto de «humanidad» llegó desde Bruselas, 1.600 kilómetros al norte de València. Ursula von der Leyen seguramente no sabía situar en el mapa Benetússer, Alfafar o Paiporta. Les abrió de todos modos las puertas de su despacho. «Y con un trato exquisito. La reunión duró más de lo previsto, nos escuchó, empatizó con nuestra lucha. Y eso es mucho comparado con lo que nos encontramos en la Generalitat», sostiene Mariló Gradolí. Las portavoces de las asociaciones llevaban una chapa con la hora a la que se enviaron las alertas el día de la DANA: 20.11. Von der Leyen les preguntó cuál era su significado. «Le explicamos lo que había detrás y pidió que tomaran buena nota de ello«, recuerda Rosa Álvarez. El contraste entre el interés de los dirigentes europeos y los «desplantes» de los «responsables directos» de la emergencia es cuando menos llamativo.

Soraya García perdió a su pareja en las riadas causadas por la DANA, hace ahora 12 meses.

Mazón no solo ha «maltratado» y «desatendido» a las distintas plataformas, sino que también las acusa de «estar politizadas», una premisa que rechazan en masa. «No se trata de colores ni signos políticos, hablamos de 229 víctimas y de un Govern que tiene que asumir su responsabilidad», reivindica Toñi García. «Las muertes eran evitables. No es una cuestión partidista, porque víctimas tenemos de todos los partidos y de todos los colores, pero sí política, porque la negligencia fue política», añade Soraya García. La reconstrucción es dura para quienes lo han perdido todo. Y el hecho de haber construido una «red de apoyo mutuo» a través de las asociaciones confiere a los afectados un nuevo refugio, una nueva familia. No es lo mismo, pero resulta sanador, al menos, así lo explican Rosa, Soraya o Toñi: «Lo que buscamos es transformar nuestro dolor en algo positivo, queremos que quien tenga que asumir responsabilidades, las asuma. Y no vamos a parar hasta que se haga justicia y consigamos que los dos imputados y Mazón acaben en prisión«.

Deja un comentario

Acerca de

Writing on the Wall is a newsletter for freelance writers seeking inspiration, advice, and support on their creative journey.