Miguel Muñoz (PÚBLICO), 27 de Octubre de 2025
- El Consejo de Seguridad de la ONU votará el próximo jueves una resolución en la que EEUU busca un aval explícito a la autonomía que propone Marruecos para solucionar el conflicto saharaui.
- Varios expertos consultados por ‘Público’ analizan las posibles consecuencias de lo que suceda esta semana, el papel de Rusia o Argelia y la situación general para el Frente Polisario.

El día 30 de octubre el Consejo de Seguridad de la ONU se reúne con un asunto recurrente sobre la mesa por estas fechas, el del Sáhara Occidental. A pocos días que se cumplan los 50 años de la salida de España de su antigua colonia y provincia, el conflicto sigue estancado. Y en este contexto ha aparecido, de nuevo, el factor de la posición de EEUU, esta vez representada por las ambiciones de Donald Trump.
Formalmente, el Consejo de Seguridad debe decidir la renovación, o no, de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental). Las resoluciones aprobadas anualmente incluyen también referencias generales a la situación del conflicto y las posibles soluciones.
Hace pocos días se conoció la intención de EEUU de cambiar el texto que habitualmente se aprueba por consenso. Primero, a través de unas declaraciones de Steve Witkoff, asesor de Trump en Oriente Medio. Destacó que su país ya trabaja con Marruecos y Argelia (aliado del Frente Polisario en el asunto saharaui) para «que haya paz en los próximos 60 días».
También se ha filtrado un borrador de resolución en el que desaparece la posición que defiende el Polisario, el derecho de autodeterminación. En el texto, publicado por algunos medios, se considera la propuesta de autonomía de Marruecos «como único marco para negociar una solución». Ninguna otra resolución anterior iba tan lejos en la defensa de la propuesta marroquí.
Ante estos movimientos, el Frente Polisario envió primero una carta al secretario general de la ONU, Antonio Guterres. En ella, el líder de la organización saharaui, Brahim Ghali, reiteraba la disposición del Polisario a entablar «negociaciones directas y serias» con Marruecos, «de buena fe y sin condiciones previas bajo los auspicios de las Naciones Unidas» y «con miras a lograr una solución pacífica y duradera, que prevea la autodeterminación del pueblo saharaui».
La organización saharaui volvió a enviar después otra misiva al presidente del Consejo de Seguridad. En ella advertía que la propuesta de EEUU «es una desviación muy peligrosa y sin precedentes» de los principios del Derecho Internacional. En este sentido apunta el Polisario a que «no participará en ningún proceso político ni negociación basados en el contenido del proyecto de resolución» si esta saliera adelante.
Las maniobras de Trump con el conflicto saharaui no son nuevas. Ya en 2020, justo antes de salir de la Casa Blanca, declaró que EEUU reconocía oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. A cambio, eso sí, de que Marruecos retomara las relaciones con Israel.
¿Qué puede pasar el jueves en el Consejo de Seguridad? Los expertos consultados por Público no lanzan un pronóstico claro. El papel de Rusia, aliado natural de Argelia en la región, será clave por su capacidad de veto o presión para consensuar otro texto. Precisamente el país argelino emitió un comunicado esta misma semana en el que anunciaba que su ministro de Exteriores había conversado en su homólogo ruso.
«Esta llamada se enmarca en la tradición de consultas regulares entre ambos ministros sobre cuestiones internacionales y regionales de interés común, a la luz de la sólida asociación estratégica que une a ambos países. En este contexto, los ministros intercambiaron puntos de vista sobre los principales temas incluidos en la agenda del Consejo de Seguridad durante la presidencia de Rusia de este órgano central de las Naciones Unidas, en particular la cuestión de la descolonización del Sáhara Occidental», destacó el texto.
«Quien elabora los borradores de la resoluciones del Consejo dependiendo de los temas es un país u otro. En el caso del Sáhara generalmente quien hace el primer borrador es EEUU. Es algo que se lleva haciendo desde los años 90, desde que se puso en marcha el Plan de Arreglo», recuerda a este medio Isaías Barreñada, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
El cambio, para Barreñada, es que después de las «ocurrencias» de Trump en Oriente Medio, que haya anunciado que va a resolver todos los problemas entre Marruecos y Argelia, y con su varita mágica también la cuestión del Sáhara, «ha generado preocupación». También el hecho de que aparezca en el texto filtrado un periodo muy corto de renovación de la MINURSO. Tradicionalmente se renueva por un año o por seis meses y lo que quiere llevar EEUU ahora son solo tres meses. «Es un mecanismo para presionar a las partes para que se sienten a negociar», apunta el profesor.
«Se sabía que Trump en un segundo mandato intentaría acabar lo que empezó en el primero. Marruecos estaba expectante para que terminara este trabajo que empezó», destaca por su parte Rosa Meneses, periodista, investigadora y subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). En este sentido destaca que movimientos como el realizado por España, con la carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI, Alemania, Francia o recientemente Bélgica «han ido creando gradualmente un clima muy propicio para que ahora se lance esto».
¿Qué puede pasar?
Para Lorena Calvo, doctora del Área de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Cádiz e integrante del Laboratorio de Derecho Internacional sobre el Sáhara Occidental, el texto presentado por EEUU significa a nivel legal reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. «Crearía un mal precedente, no solo para el Sáhara sino para otros territorios ocupados como puede ser Palestina», afirma.
Esta profesora recuerda que una resolución en el sentido que quiere Trump iría en contra de lo dictaminado por la Asamblea General de la ONU y todas las instituciones internacionales. Calvo destaca que el Tribunal Internacional de Justicia ya dictaminó en su momento desde 1975 que no existía soberanía de Marruecos sobre el territorio.
«Nos movemos en un mundo donde se están violando los principios básicos de la carta de Naciones Unidas. Es algo que deja en una posición precaria a los pueblos afectados», incide Calvo.
Coincide Barreñada al apuntar que el asunto del Sáhara Occidental se trata de manera distinta en la Asamblea General y su Comité de Descolonización. «Eso no ha variado nada. La Asamblea General está posicionada desde siempre y no ha cambiado. Es muy difícil que haya cambios porque hay muchos países con pasado colonial«, afirma.
El problema para Barreñada es que, en paralelo, el tema se discute también en el Consejo de Seguridad, donde «lo que prevalece es la fuerza de las potencias». Se produce por tanto un discurso «anticolonial» en la Asamblea pero «totalmente de realpolitk en el Consejo de Seguridad». «Este no tiene más legitimidad que la Asamblea, sino al contrario», considera este profesor.
«Pase lo que pase no es una resolución vinculante», incide Meneses. «Pero si se aprueba va a ser bastante determinante e inclinará la balanza hacia un lado, enterrando las expectativas del Polisario y metiendo mucha presión a esa parte para que negocien y hagan concesiones», analiza.
El papel de Rusia
«Entiendo que los saharauis estén haciendo ruido porque les puede venir algo con mala intención, pero hasta que no veamos la resolución todo son conjeturas«, afirma Barreñada. El foco está puesto en Rusia, que tiene capacidad de veto. Aunque realmente no haría falta que se llegara a esa situación sino que antes de la votación suelen producirse conversaciones para alcanzar consensos.
El ministro de Exteriores de Marruecos, Nasser Burita, se reunió con su homólogo en Moscú, Serguei Lavrov, hace apenas 10 días. «No hay que perder el foco de que Rusia también está ocupando un territorio ilegalmente como lo está haciendo Marruecos. Para Ucrania o Palestina, una resolución como la de EEUU sería un mal precedente», destaca la profesora de la Universidad de Cádiz.
«No sé cómo puede reaccionar Rusia el jueves. El ministro ruso ha dicho que tiene que ser una solución basada en el Derecho Internacional, pero es que estos principios están siendo retorcidos por todas las partes y por los Estados que tienen poder y ejercen una ocupación», reflexiona Calvo, que también muestra curiosidad por el papel que tomará China, que tenido una posición «muy cambiante» en este tema.
Para Meneses, lo que suceda el jueves puede ser un «punto de inflexión». «La cuestión de Rusia es el interrogante, están todos los ojos puestos ahí. Ha habido muchas visitas tanto argelinas como marroquíes a Rusia para tratar de convencerlos. Vamos a ver, porque Rusia también tiene con Trump una serie de cosas pendientes mediante presiones y cartas que sean negociables. A lo mejor esta carta es negociable a cambio de otras cosas. Nunca sabemos en el puzzle del poder dónde pueden quedar. No está muy claro que Rusia vete la resolución o se abstenga. Por eso existen los movimientos acelerados», apunta. Por su parte, Argelia es miembro no permanente actualmente del Consejo de Seguridad, no tienen derecho de veto pero pueden ejercer algo de influencia.
Expectativas para el Frente Polisario
Con todo este contexto, ¿en qué situación se encuentra el Frene Polisario y la lucha del pueblo saharaui? «Al igual que otros casos como Palestina, el Sahara está entrampado en una especie de situación donde Naciones Unidas está gripada«, señala Barreñada. El profesor explica que la cuestión saharaui tiene referentes normativos, resoluciones y principios a su favor que están ahí pero que luego hay otra parte que bloquea el asunto. «El Plan de arreglo que creó esperanzas se ha convertido en una especie de bola de hierro atada al pie de los saharauis. No hay referéndum, la MINURSO no pinta nada, hay una guerra, no hay negociaciones…», apunta.
Meneses incide en que la situación está ahora muy lejos de donde estaba en 1991. «El Frente Polisario cada vez tiene menos margen de maniobra. Argelia tampoco tiene mucho margen porque también tienen influencia de EEUU. Todos estos elementos ponen al Polisario en una difícil situación sobre todo por las presiones para hacer concesiones dolorosas», señala.
Para la subdirectora de CEARC, los saharauis son quienes más necesidad de negociar tienen porque sufren el exilio y unas condiciones de vida inhumanas en los campamentos de población refugiada. «Marruecos está en una posición cómoda de potencia ocupante, ellos no tienen prisa porque saben que con sus hechos consumados con el tiempo ganan. Sí que se ve cada vez menos esperanza en una paz justa, con los planteamientos de 1975 y ese referéndum», apunta.
«Esta diplomacia de la amenaza creo que va a hacer bastante mella en la parte débil que es el Polisario», señala Meneses, que recuerda que Marruecos nunca ha desarrollado realmente su plan de autonomía. «Esto tiene todavía mucho recorrido y negociaciones, si hay un impulso para que el conflicto se mueva está bien. Pero el problema puede ser que no se moverá en la dirección más justa para los saharauis», concluye.
Mientras, el Frente Polisario defiende que la solución es posible «si existe una voluntad política genuina de alejarse de las soluciones basadas en el statu quo e impuestas unilateralmente«. Los saharauis, en su último comunicado, invitan a «tener el valor político y visión de futuro necesarios para trabajar juntos con el fin de lograr una paz global y sostenible y construir un futuro común basado en el respeto mutuo, las relaciones de buena vecindad y la cooperación».
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