Gaceta Crítica

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Venezuela y el fentanilo: Desmantelando la narrativa estadounidense con datos del gobierno de EE. UU.

Por Misión Verdad el 6 de octubre de 2025

foto: Misión Verdad

En medio de la retórica política que ha buscado vincular a Venezuela con la crisis del fentanilo en Estados Unidos, un reciente documento oficial del propio gobierno norteamericano refuta categóricamente esa acusación.

El Informe sobre la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2025 (INCSR), publicado en marzo por la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley del Departamento de Estado de Estados Unidos, deja claro que México es la única fuente significativa de fentanilo ilícito y sus análogos que han afectado a Estados Unidos en 2024.

Este hallazgo es concluyente: Venezuela no es mencionado como país productor, ruta de tránsito o actor relevante en el tráfico de fentanilo hacia territorio estadounidense.

Además, el informe subraya que según los datos de incautaciones y las investigaciones policiales, las autoridades competentes, incluida la DEA (Administración para el Control de Drogas), coinciden en que toda la cadena de suministro ilícito de fentanilo se origina en México, donde se fabrican píldoras y polvos sintéticos utilizando precursores químicos provenientes principalmente de China.

La contradicción entre la narrativa política y los hechos técnicos
Recientemente, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha intentado vincular a Venezuela con el tráfico de fentanilo, justificando incluso operaciones militares en el Caribe –como ataques de precisión contra pequeñas embarcaciones– como parte de una supuesta estrategia antidrogas.

Sin embargo, ninguna de estas afirmaciones se sustenta en los informes técnicos ni en las clasificaciones oficiales del propio gobierno estadounidense. El INCSR 2025, basado en inteligencia, operaciones conjuntas y análisis forense, excluye por completo a Venezuela del mapa del fentanilo.

Esta discrepancia entre la retórica política y la evidencia institucional plantea dudas sobre los verdaderos motivos de las acusaciones contra Venezuela, ya que equivale a instrumentalizar el problema de las drogas con fines geopolíticos. ¿O refleja una peligrosa simplificación excesiva que ignora la complejidad del narcotráfico global? Difícilmente sería así.

Lo cierto es que al comparar las declaraciones públicas con los documentos oficiales se hace evidente una discrepancia deliberada entre lo que se dice en el ámbito político y lo que se reconoce en los despachos técnicos.

La ausencia estructural de Venezuela en el mercado del fentanilo
Además de lo que señala el informe estadounidense, existen razones estructurales por las cuales Venezuela no está involucrada en el tráfico de fentanilo:

  1. Falta de infraestructura química: El fentanilo es un opioide sintético que requiere laboratorios sofisticados y acceso a precursores químicos altamente regulados. Venezuela, con sus industrias farmacéutica y química dedicadas al desarrollo nacional, carece de la capacidad técnica y logística para producirlo a gran escala. No existen indicios de la existencia de laboratorios clandestinos especializados en opioides sintéticos en el país, ni siquiera en zonas con presencia de crimen organizado.
  2. Geografía y rutas del narcotráfico: Las rutas del fentanilo hacia EE. UU. son principalmente terrestres, cruzando la frontera sur desde México. El Caribe, aunque históricamente se ha utilizado para el tráfico de cocaína, no es una ruta eficiente ni común para el transporte de fentanilo, una droga de alto valor que se transporta en pequeñas cantidades, lo que la hace ideal para el contrabando por tierra o correo. Las embarcaciones pequeñas —a las que Trump ha atribuido el transporte de fentanilo desde Venezuela— carecen de sentido logístico en este contexto: el fentanilo no necesita transportarse en grandes volúmenes, y su entrada masiva al mercado estadounidense se realiza principalmente mediante paquetería, vehículos privados o redes de distribución establecidas en ciudades fronterizas.
  3. Patrón histórico del tráfico venezolano: Venezuela nunca ha estado asociada con opioides sintéticos. El fentanilo no se cultiva ni se refina, a diferencia de la cocaína. La producción de fentanilo es industrial y altamente especializada, algo ajeno al modelo de narcotráfico en las regiones andina y caribeña. Las organizaciones criminales venezolanas, cuando se han involucrado en el narcotráfico, lo han hecho dentro del comercio de cocaína colombiana ( a muy pequeña escala ), no en la fabricación de sustancias sintéticas.

El peso de la evidencia institucional

La crisis del fentanilo en EEUU no viene de Venezuela.

El INCSR 2025 es el informe anual más completo y fidedigno del gobierno estadounidense sobre el estado global del narcotráfico. En su elaboración participan diversas agencias: la DEA, el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Nacional y las embajadas estadounidenses en todo el mundo. Sus conclusiones orientan la asignación de recursos, la cooperación internacional y las decisiones diplomáticas en la lucha contra las drogas.

El hecho de que Venezuela ni siquiera sea mencionada en este documento en relación con el fentanilo es una decisión deliberada basada en años de monitoreo, intercepciones y análisis de inteligencia.

Además, el informe no sólo identifica a México como la única fuente importante, sino que también detalla los mecanismos de cooperación bilateral entre Estados Unidos y México, las medidas regulatorias sobre las máquinas de fabricación de píldoras y los esfuerzos conjuntos para controlar los precursores químicos.

Esto demuestra que la estrategia antidrogas de Estados Unidos se centra en el eje México-Estados Unidos. Venezuela no forma parte de ese eje; ni siquiera está al margen.

Consecuencias políticas.
Cuando Trump atribuye problemas complejos a un origen erróneo, no solo distorsiona la realidad, sino que también genera consecuencias prácticas. Por ejemplo, las operaciones militares en el Caribe, justificadas bajo la falsa premisa de que se está interceptando fentanilo venezolano, desvían recursos de las líneas de acción genuinas.

Además, alimentan conceptos erróneos en la opinión pública, lo que dificulta el desarrollo de políticas eficaces basadas en hechos.

Peor aún, estas acusaciones infundadas socavan la credibilidad de Estados Unidos en foros internacionales. Si un país acusa a otro de actividades ilícitas sin presentar pruebas verificables —y, peor aún, contradiciendo sus propios informes oficiales—, su reputación moral y diplomática se ve debilitada.

La lucha contra las drogas requiere cooperación, transparencia y rigor técnico. La politización de la información la debilita.

Hacia una política de drogas basada en hechos.
El caso del fentanilo y Venezuela ilustra que las políticas de drogas de Estados Unidos no se basan en evidencia, sino en narrativas políticas convenientes. Es una distorsión de la realidad que desvía recursos, atención y cooperación de las verdaderas causas del problema para forzar un cambio de régimen en un país.

Estados Unidos sufre una epidemia de sobredosis que, tan solo en 2024, cobró más de 80,000 vidas por sobredosis de fentanilo. Para combatirla eficazmente, Estados Unidos debe centrarse en fortalecer la cooperación con México, regular mejor los precursores químicos a nivel mundial y abordar las causas profundas de la adicción dentro de sus fronteras : el acceso al fentanilo, la crisis de salud mental, la desigualdad y la desesperación social.

Mientras tanto, Venezuela ha sido exonerada —por las fuentes más autorizadas de Estados Unidos— de cualquier participación en el tráfico de fentanilo; no es parte de la cadena de suministro de fentanilo.

Trump sólo discute sobre este tema porque constantemente lo provocan, especialmente el Departamento de Estado, para que lance una campaña militar violenta contra Venezuela.

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