Gaceta Crítica

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El plan de Trump para Gaza: un protectorado bajo control de los ocupantes.

Manu Pineda (ex eurodiputado de IU y responsable de internacional del Partido Comunista de España), 30 de Septiembre de 2025 (MUNDO OBRERO)

La autoridad suprema sobre el futuro de Gaza no recaerá en sus habitantes, sino en actores externos abiertamente parciales.

Trump y Netanyahu presentan su plan de paz para Gaza | Fuente: The White House / wikimedia commons

Trump y Netanyahu presentan su plan de paz para Gaza | Fuente: The White House / wikimedia commons

El plan presentado establece que Gaza será gobernada por un “comité palestino tecnocrático y apolítico”. Sin embargo, esta entidad carece de autonomía real, ya que operará bajo la supervisión de un organismo internacional denominado “Board of Peace” (Junta de Paz), presidido y dirigido por Donald Trump e integrado por figuras como el ex primer ministro británico Tony Blair.

Lejos de ser una supervisión neutral, esta estructura constituye la instauración de un protectorado: la autoridad suprema sobre el futuro de Gaza no recaerá en sus habitantes, sino en actores externos abiertamente parciales. La elección de Trump como árbitro es especialmente problemática, considerando su estrecho alineamiento con Netanyahu y sus declaraciones pasadas a favor de la expulsión de palestinos de Gaza. Este plan no lo presenta un intermediario honesto ni independiente; es, más bien, un mecanismo de control externo sobre la soberanía palestina.

Exigencias asimétricas y soberanía cercenada

El plan impone condiciones inmediatas y verificables exclusivamente a los palestinos, mientras concede a Israel poderes de interpretación y veto que perpetúan el desequilibrio:

• Desmilitarización unilateral y retirada condicional: El plan exige la desmilitarización completa de la resistencia palestina, la destrucción de su infraestructura militar y su exclusión de cualquier rol en el gobierno de Gaza. La seguridad interna recaería en una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) creada por Estados Unidos y aliados árabes, pero su composición y mandato concreto son difusos. La retirada israelí no sería inmediata ni incondicional: Israel mantendría una “presencia de perímetro de seguridad”, vinculando cada paso a criterios que él mismo interpretaría, asegurando así una ocupación prolongada. La historia reciente demuestra que Israel ha incumplido sistemáticamente acuerdos de alto el fuego, desde el Líbano hasta Gaza. Este plan garantiza, por tanto, ocupación permanente con aval internacional parcial, mientras los gobiernos árabes permanecen en un papel pasivo o decorativo.

• Un camino imposible hacia la autodeterminación: Las concesiones exigidas a los palestinos son inmediatas, mientras que su futuro político se deja deliberadamente en la ambigüedad. La propuesta habla de una “vía creíble” hacia el Estado palestino, condicionada a procesos controlados por Trump y supervisados indirectamente por Israel:

  1. El avance de la reconstrucción de Gaza, bajo supervisión externa.
  2. La finalización de reformas de la Autoridad Palestina, cuyos criterios no están claros y cuyo juez final sería, de facto, Israel.

Esta vaguedad no es accidental; refleja la histórica oposición israelí a una solución de dos Estados y consolida una posición de presión indefinida sobre el pueblo palestino.

Imposición sobre los escombros de una crisis humanitaria

Este acuerdo se plantea en el contexto de extrema violencia y aislamiento internacional de Israel. Desde la fase genocida iniciada el 7 de octubre de 2023, más de 66.000 palestinos muertos, la inmensa mayoría civiles, han generado una crisis humanitaria catastrófica con hambruna y millones de desplazados. La presión internacional contra Israel es histórica: órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional y condena generalizada por la devastación en Gaza.

Para Netanyahu, aceptar este marco permite aliviar la presión internacional sin concesiones reales, mientras mantiene el derecho, avalado por Trump, de “terminar el trabajo” por la fuerza si Hamás u otras fuerzas de la resistencia “no cumplen”. Lejos de ser un camino hacia la convivencia, este plan institucionaliza un control férreo sobre Gaza y legitima la impunidad israelí tras una ofensiva de destructividad histórica.

Hacia una paz basada en derechos y no en imposiciones

Frente a un plan que perpetúa la ocupación, es imperativo defender los principios de un proceso de paz legítimo. Cualquier acuerdo viable debe garantizar:

  1. Alto el fuego inmediato.
  2. Despliegue urgente de ayuda humanitaria sin obstáculos bajo mandato de Naciones Unidas.
  3. Retirada incondicional de las tropas israelíes de la Franja de Gaza.

La solución no puede consistir en un protectorado parcial, sino en la construcción de una soberanía palestina plena. Una paz auténtica no puede edificarse desde la amenaza militar ni desde la exclusión, sino sobre la base del derecho internacional, la justicia y el reconocimiento pleno del Estado palestino. La comunidad internacional y Europa en particular, debe rechazar con claridad cualquier plan que no garantice estos pilares fundamentales.

Sin autodeterminación palestina, no habrá paz ni justicia.

(*) Responsable de Relaciones Internacionales del PCE y ex eurodiputado de Izquierda Unida en el Parlamento europeo (2019-2024)

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