Gaceta Crítica

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El ruido y la furia.

Por Rosa Miriam Elizalde (Resumen Lationamericano) 12 de septiembre de 2025

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una conferencia de prensa sobre su visita a México, el 3 de septiembre de 2025. Foto: Cristina Rodríguez

Shakespeare nunca ha sido tan relevante como ahora. La famosa frase de Macbeth: «La vida no es más que una sombra… un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada» parece referirse a la situación que Donald Trump ha creado en el Caribe.

Decidida a ocultar la realidad, la administración republicana ha fabricado un escenario de guerra preventiva que ilumina las aguas del Caribe con aviones de combate F-35 y buques de guerra, pero oscurece la legalidad, la cooperación internacional y las verdaderas causas del crimen organizado que dice combatir.

Algunos medios estadounidenses han descrito este escenario como un ejemplo de «militarismo performativo»: un despliegue concebido menos como una estrategia de seguridad racional que como un espectáculo diseñado para mostrar fuerza y ​​generar titulares. Esta lógica ya se ha visto en ciudades como Los Ángeles y Washington, donde se enviaron tropas contra la voluntad de las autoridades locales, y ahora se replica en el Caribe con el pretexto de combatir el narcotráfico.

Washington movilizó destructores, un submarino nuclear y miles de marines en la región. El 2 de septiembre, un atentado con bomba contra una pequeña embarcación atribuido al Tren de Aragua, que dejó 11 muertos, marcó la primera acción militar directa de Estados Unidos en Latinoamérica desde Panamá en 1989. Sin respaldo multilateral ni pruebas concluyentes, el supuesto episodio muestra cómo la retórica del narcoterrorismo —que equipara el narcotráfico con el terrorismo global— se ha convertido en un recurso letal en la nueva dinámica entre guerra y soberanía, marcando el inicio de un período de creciente tensión hemisférica.

En el centro de esta narrativa se encuentra Marco Rubio, el verdadero artífice de la agenda belicista. Durante años, este senador de familia cubana ha mezclado el narcotráfico, el terrorismo y regímenes incómodas para Estados Unidos en un mismo discurso. Bajo su impulso, las organizaciones criminales han sido etiquetadas como » narcoterroristas «, abriendo lagunas legales para la intervención militar y alineando la política exterior estadounidense con los sectores más radicales de la emigración cubana y venezolana en Florida. Rubio ha convertido el Caribe en un laboratorio para su proyecto: subordinar la región a Washington, debilitar la autonomía estatal y normalizar la confrontación como forma de relaciones hemisféricas.

El papel de Donald Trump en esta maquinaria es convertirla en un espectáculo. Ha convertido la política exterior en un guion para titulares inmediatos: renombrando simbólicamente el Departamento de Defensa como «Departamento de Guerra», desplegando aviones de combate supersónicos sobre Puerto Rico, amenazando con derribar aviones venezolanos y ofreciendo recompensas millonarias por la captura de Nicolás Maduro. Todo esto forma parte de una actuación diseñada para proyectar firmeza y control, aunque en realidad genera incertidumbre y desestabilización.

Por ello, la prensa estadounidense habla de «militarismo performativo». No se trata de un plan estratégico coherente, sino de un gesto teatral que confunde forma y eficacia: demostrar fuerza para el consumo interno, producir imágenes grandilocuentes y dominar la agenda mediática. The Washington Post y Reuters han señalado que estas operaciones se llevan a cabo con fundamentos legales vagos, pruebas débiles y consecuencias diplomáticas impredecibles.

Las repercusiones en el Caribe son inmediatas. La región, cuyo PIB depende en un 30 % del turismo, según la Organización Mundial del Turismo (2024), enfrenta una pérdida de confianza en los visitantes debido a la presencia militar y los titulares sobre violencia. El comercio marítimo, vital para economías insulares como Jamaica y Barbados, se ve amenazado por la interrupción de las rutas. Además, el desvío del narcotráfico, como ya ocurrió en el Pacífico en 2023, podría intensificar la violencia en países como República Dominicana, donde los homicidios vinculados al crimen organizado aumentaron un 15 % el año pasado, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana.

En Caracas, la respuesta fue movilizar tropas y denunciar un intento de cambio de régimen, mientras que el resto de la región muestra una creciente preocupación por el futuro. Los halcones no han ocultado bien sus verdaderas intenciones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró a Axios que el ataque al supuesto barco narcotraficante fue solo el comienzo de una misión más amplia, y si bien negó que Trump buscara una intervención directa en Venezuela, también insinuó que «no les preocuparía la caída de Maduro».

Lo que este espectáculo deja tras de sí no es seguridad ni justicia, sino un Caribe más frágil: atrapado en la agenda belicista de Rubio, el circo mediático de Trump y un guion que prioriza la imagen sobre la realidad. Un cuento contado por idiotas, lleno de ruido y furia, que no significa nada.

Rosa Miriam Elizalde es una periodista cubana, Primera Vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y fundadora de Cubadebate, es escritora de varios libros y colaboradora habitual de La Jornada.

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