Gaceta Crítica

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Un camino tranquilo hacia la paz en el Mar de China Meridional.

Phar Kim Beng, (ASIA TIMES), 19 de Agosto de 2025

El mar en disputa es uno de los puntos de conflicto más turbulentos entre Estados Unidos y China, pero la diplomacia tranquila de la ASEAN puede calmar las aguas turbulentas.

El Mar de China Meridional es un lugar muy disputado, pero la diplomacia serena es la mejor manera de evitar el conflicto. Imagen: Captura de pantalla de

Durante más de dos décadas, el Mar de China Meridional ha sido el foco de reivindicaciones rivales, fricciones marítimas y una diplomacia delicada.

Lo que alguna vez se concibió como un marco estabilizador –el Código de Conducta (CoC)– se ha convertido en un símbolo de la lucha de la ASEAN por equilibrar la soberanía con el pragmatismo. 

Desde que la ASEAN y China adoptaron la Declaración sobre la Conducta de las Partes en 2002, los negociadores trabajaron en múltiples borradores de un código vinculante, para luego pasar 23 años reduciéndolos a un solo texto.

La cuestión hoy ya no es si existe un proyecto de resolución, sino si su contenido puede prevenir de manera significativa los enfrentamientos en el mar y mitigar las candentes disputas territoriales.

¿Vigente o meramente declarativo?

El punto de fricción pendiente sigue siendo el carácter jurídicamente vinculante del Código de Conducta. Si el documento termina convirtiéndose en una declaración política, será vulnerable a un cumplimiento selectivo y fácil de ignorar cuando convenga. 

Un código vinculante, por el contrario, obligaría a todos los firmantes a respetar reglas claramente definidas, lo que crearía previsibilidad en un ámbito marítimo disputado. 

La distinción puede parecer técnica, pero sus consecuencias son profundas. Sin aplicabilidad, el Código de Conducta corre el riesgo de convertirse en otro gesto diplomático, atractivo en teoría, pero vacío en la práctica.

El alcance del Código de Conducta agrava la cuestión. ¿Se aplicará estrictamente a elementos en disputa como arrecifes y bancos de arena, o abarcará el vasto dominio marítimo dentro de la reclamación china de la «línea de nueve puntos»? 

Para los estados solicitantes de adhesión a la ASEAN, como Vietnam, Filipinas y Malasia, no se trata de una cuestión académica: es la diferencia entre proteger derechos soberanos o concederlos a la negociación de las grandes potencias.

Otra fuente de tensión reside en las operaciones de libertad de navegación (FONOPS). Para Washington, el principio es claro: ninguna reivindicación marítima excesiva debe obstaculizar el comercio global ni el paso militar. 

Sin embargo, para Pekín, las FONOPS estadounidenses son maniobras intrusivas y deliberadamente provocadoras que desafían su autoridad en territorios que considera propios. Entre estos polos, los estados de la ASEAN se encuentran atrapados en un dilema. 

lmente a los objetivos rusos

Necesitan el FONOPS para salvaguardar las rutas marítimas abiertas, vitales para el comercio, pero también temen verse arrastrados a las espirales de confrontación entre Washington y Pekín.

Aquí radica la esencia del dilema de la ASEAN: garantizar que las reglas globales de navegación permanezcan intactas sin permitir que potencias externas militaricen su patio trasero.

Diplomacia estratégica y silenciosa

El primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, ha instado con razón a que la ASEAN adopte lo que él llama un “orden silencioso”: una diplomacia silenciosa y no ruidosa; discreta y no teatral.

En el Mar de China Meridional, la diplomacia ruidosa suele intensificar las tensiones en lugar de calmarlas. Las declaraciones que buscan ganar puntos políticos, o las maniobras militares difundidas para obtener la máxima publicidad, tienden a endurecer las posiciones en lugar de suavizarlas.

Dicho esto, la diplomacia pasiva no implica pasividad. Es una estrategia activa de moderación, diálogo y resolución de problemas entre bastidores.

Permite que las actividades necesarias —patrullas, ejercicios, incluso FONOPS— se lleven a cabo sin convertirse en espectáculos políticos. También da margen para que China y Estados Unidos interactúen sin convertir las aguas de la ASEAN en escenarios de su rivalidad.

Australia y Japón, ambos cada vez más activos en la seguridad regional, harían bien en adoptar este enfoque. Sus intereses en la apertura de mares y la estabilidad comercial son legítimos. 

Pero al mantener sus actividades discretas y no confrontativas, pueden asegurar a los estados de la ASEAN que su presencia es de apoyo y no escalada.

Replanteando los ejercicios militares

Tradicionalmente, los ejercicios militares en el mar se han presentado en el lenguaje de la disuasión. Sin embargo, la disuasión puede fácilmente convertirse en provocación, especialmente cuando se lleva a cabo cerca de aguas en disputa. 

Por lo tanto, la ASEAN debe encontrar formas de replantear estos ejercicios para que contribuyan a la seguridad sin aumentar las tensiones.

Indonesia ofrece un modelo ilustrativo. Sus ejercicios navales suelen incorporar dimensiones humanitarias: simulacros de socorro en casos de desastre, ejercicios de búsqueda y rescate y escenarios de evacuación médica. 

Estas actividades no sólo son menos conflictivas sino también profundamente relevantes en una región propensa a tifones, terremotos y tsunamis. 

Una flota naval que se prepara para salvar vidas, en lugar de simplemente proyectar poder, demuestra un valor tangible para el público y fomenta hábitos de cooperación incluso entre armadas rivales.

Si la ASEAN pudiera institucionalizar estos ejercicios humanitarios, transformaría la narrativa de la presencia naval. Los ejercicios no solo perfeccionarían habilidades y demostrarían preparación, sino que también generarían confianza entre las partes. 

Los simulacros humanitarios brindan una plataforma poco común para que el personal naval chino, estadounidense y de la ASEAN interactúe en entornos no hostiles, una medida de fomento de la confianza que a menudo falta en el ámbito de la seguridad.

Gran patio de juegos de poder

El Mar de China Meridional es más que un escenario de rivalidad. Es la arteria por la que fluye un tercio del comercio mundial. 

Por sus aguas pasan los suministros de energía desde Medio Oriente hasta el noreste de Asia, al igual que componentes críticos en la cadena de suministro global. 

Para la ASEAN, lo que está en juego es existencial. La estabilidad en el Mar de China Meridional sustenta no solo la soberanía, sino también la supervivencia económica.

Esto hace que la centralidad de la ASEAN no sea un eslogan diplomático abstracto, sino una necesidad estructural. Sin la ASEAN como convocante, el Mar de China Meridional corre el riesgo de convertirse en un terreno fértil para potencias externas. 

El papel de la ASEAN debe ser el de insistir en una gestión inclusiva y basada en normas de las disputas, garantizando al mismo tiempo que sus estados miembros no se conviertan en peones en una contienda geopolítica más amplia.

El reto ahora es llevar estos principios a la práctica. Un Código de Conducta vinculante es el primer paso, pero debe complementarse con prácticas de diplomacia discreta y cooperación humanitaria. 

Todas las partes, incluidos Estados Unidos, China, Australia y Japón, deben reconocer que las posturas agresivas y combativas son contraproducentes. La diplomacia silenciosa no elimina las diferencias, pero evita que estas se conviertan en enfrentamientos.

La tragedia del Mar de China Meridional radica en que un error de cálculo —una colisión accidental, una respuesta demasiado entusiasta— podría derivar en un conflicto más amplio y devastador. El antídoto no es la diplomacia de megáfono, sino un diálogo paciente y discreto. 

Como ha argumentado Anwar, el mejor orden para la ASEAN es uno tranquilo, sereno y modesto. Tras la tranquilidad reside la fuerza: la capacidad de canalizar las disputas hacia el diálogo, gestionar la competencia sin catástrofes y desarrollar resiliencia mediante la cooperación.

Compostura en el mar

Evitar más enfrentamientos en el Mar de China Meridional, como los que hay entre China y Filipinas, no es una cuestión de silenciar las preocupaciones legítimas, sino de abordarlas con serenidad. 

Un Código de Conducta jurídicamente vinculante, combinado con una diplomacia discreta y una cooperación naval humanitaria, ofrece a la ASEAN y sus socios la mejor oportunidad de preservar la estabilidad. 

El mundo debe reconocer que el Mar de China Meridional no es simplemente un territorio en disputa; es un recurso vital compartido. Protegerlo no requiere bravuconería, sino equilibrio mediante una fuerza discreta.

Al final, el arte del silencio —disciplinado, deliberado y decidido— puede resultar la herramienta más poderosa de la ASEAN para garantizar la paz en mar abierto.

Phar Kim Beng es profesor de estudios de la ASEAN en la Universidad Islámica Internacional de Malasia y director del Instituto de Internacionalización y Estudios de la ASEAN (IINTAS).

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