Chantal Liegeois y David Cavalcante (Resumen Lationamericano), 18 de Agosto de 2025

Entre el voto nulo promovido por Evo Morales y la dispersión del campo progresista, la derecha se dispone a reabrir la vía neoliberal que el MAS había cerrado durante veinte años.
Las encuestas indican que, sumando los probables votos nulos, indecisos y en blanco, podría haber entre un 20% y un 30% de votantes que no elegirán a ninguno de los candidatos, lo que invariablemente favorecerá a los candidatos de derecha. Ya vimos esta escena en Ecuador, cuando el candidato de Pachakutik pidió el voto nulo, favoreciendo la candidatura del banquero Guillermo Lasso frente al entonces candidato progresista apoyado por Rafael Correa.
El ejemplo de lo ocurrido en el MAS de Bolivia, en sus luchas faccionales internas, debe servir para reflexionar sobre los límites y los métodos de una disputa partidista capaz de provocar el retorno al poder del mayor enemigo: la extrema derecha interna y el imperialismo.
Esta lección debe ser parte del proceso educativo de toda la izquierda latinoamericana, especialmente en un contexto de avance de la extrema derecha global y la más reciente ofensiva imperialista en el continente, que con la reelección de Trump busca nuevos niveles de sometimiento y recolonización de los pueblos latinoamericanos en el contexto de la disputa destructiva por el liderazgo geopolítico global y el unilateralismo.
Este domingo 17 de agosto se celebrarán elecciones nacionales en Bolivia, tanto en el país como en 32 países, donde la ciudadanía votará en línea. En total, casi 7,5 millones de bolivianos pueden votar en uno de los 34.000 colegios electorales para elegir presidente, vicepresidente, 36 senadores (cuatro por región) y 130 diputados (63 en circunscripciones uninominales y 60 proporcionalmente, según los votos obtenidos por el candidato presidencial de cada partido), además de los siete escaños reservados para representantes indígenas. Todos los mandatos son de cinco años.
El panorama electoral de 2025 está marcado principalmente por dos factores: la grave crisis económica que atraviesa el país y la crisis estructural del MAS. Tras el periodo de inscripción y retiro, solo ocho candidatos permanecen en la contienda presidencial: seis representan a la derecha y dos provienen de sectores surgidos del Movimiento al Socialismo, el partido hegemónico de izquierda que lleva dos décadas en el poder.
Una de las causas de la crisis del MAS radica en la falta de una política consciente de Evo Morales para promover la renovación del liderazgo nacional. Esto condujo a una oposición fratricida contra el gobierno de Luis Arce, la pérdida del control del partido, afiliaciones a partidos fantasma y 22 días de bloqueos en las principales carreteras del país por parte de decenas de miles de militantes indígenas simpatizantes de Evo en un intento por imponer su candidatura, ilegalmente prohibida.
Todo esto se debió fundamentalmente al deterioro del gobierno de Arce y a la crisis económica que sumió al país, lo que lo obligó a renunciar a la reelección. El resultado de esta disputa autodestructiva, agravada por graves acusaciones morales y maniobras de ambos bandos entre Evo y Arce, además del apoyo mayoritario indígena a Evo, también produjo una división total de la dirección del partido, los movimientos sociales y las bases de influencia del MAS.
El partido está dividido en tres facciones: los que apoyan a Evo Morales (presidente entre 2006 y 2019); los que respaldan al actual presidente, Luis Arce; y los que apoyan al joven Andrónico Rodríguez, actual presidente del Senado. Las divisiones se profundizaron cuando Morales regresó a Bolivia tras su exilio en Argentina —tras el golpe de Estado de 2019— y la suspensión de su orden de arresto en noviembre de 2020.
Poco a poco, Evo entró en una confrontación abierta con el gobierno de Arce, que se derechizaba cada vez más, cristalizando las divisiones en la mayoría de los movimientos sociales que lo habían apoyado durante años. Es un triste reflejo de la crisis de una de las organizaciones políticas más grandes y socialmente integradas de América Latina, que gobernó el país (salvo el breve período del golpe de Estado de 2019) ininterrumpidamente durante 20 años y que hoy causa desmoralización y desánimo entre su base popular.
Un escenario de crisis económica
Además de esta fragmentación, la elección se desarrolla en el peor contexto económico desde 1985, cuando la Unidad Democrática y Popular (UDP) –el primer frente progresista después de la dictadura– perdió las elecciones, devolviendo el poder a la derecha neoliberal durante dos décadas.
En los primeros siete meses de 2025, Bolivia registró una inflación acumulada del 16,92%, la más alta en 40 años. La moneda boliviana perdió la mitad de su valor en el mercado paralelo este año, aunque el tipo de cambio oficial se mantiene artificialmente estable gracias a la intervención estatal. Hay escasez de dólares y los precios de los productos importados se han duplicado. Los supermercados ajustan sus precios mensualmente. La escasez de medicamentos, agravada por la falta de divisas, ha provocado aumentos de precios de hasta un 130%.
Hasta hace unos años, el gas generaba miles de millones de dólares en ingresos y permitía al país acumular importantes reservas internacionales para financiar políticas sociales masivas. Sin embargo, desde 2015, la producción ha disminuido y el contrato de venta de gas a Argentina se rescindió. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, entre enero y junio de este año, las exportaciones de gas —la principal fuente de ingresos— cayeron un 35,5 %. Hoy en día, la falta de combustible provoca interminables filas de camiones en las zonas rurales y largas colas para obtener gasolina en las ciudades.
El gobierno insiste en que la crisis es temporal, pero en realidad responde tanto a la caída global de los precios de las materias primas como a los límites a largo plazo de las políticas del MAS, que no rompieron con el modelo histórico de una economía extractiva dependiente de las exportaciones primarias, con alta deuda externa y baja industrialización. Aunque sí rompieron con el imperialismo al otorgar la mayoría de las licencias de explotación a las empresas del BRICS.
En este escenario adverso, solo dos de los ocho candidatos presidenciales son de izquierda, ambos del MAS: Eduardo del Castillo, de 38 años, exministro de gobierno (2020-2025) y candidato del partido gobernante tras la salida de Arce; y Andrónico Rodríguez, de 36 años, presidente del Senado y exlíder cocalero del Chapare, ahora enfrentado a Morales y apoyado por la Alianza Popular. Rodríguez propone una “industrialización soberana” de la minería, con producción estatal de metales como litio, plata y cobre, y fabricación local de baterías y componentes para energías renovables, además de medidas de austeridad y recortes a los subsidios a los combustibles.
Los seis candidatos restantes son todos de derecha, liderados por el multimillonario Samuel Doria Medina (Alianza Unidad) y Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libertad), ambos con entre el 20% y el 24,5% de los votos. Quiroga, expresidente interino y exfuncionario del FMI y el Banco Mundial, propone la privatización, la eliminación de subsidios y la criminalización de los bloqueos. Medina, empresario paceño, aboga por el cierre de las instituciones estatales, la austeridad y la estrategia de seguridad de Nayib Bukele.
Todos los candidatos de derecha apoyan el modelo extractivista prooccidental y un acuerdo con el FMI. Los de izquierda, en encuestas menos creíbles, se quedan muy atrás: Rodríguez, con entre el 5,5% y el 8,4%, y Del Castillo, con tan solo el 2%. El 6 de agosto, Evo Morales pidió el voto nulo. Según los promedios, el voto nulo podría alcanzar el 25%, y los indecisos entre el 5% y el 14%. Así, los votos no emitidos por ningún candidato podrían alcanzar entre el 30% y el 40%, lo que favorecería a la derecha, como ocurrió en Ecuador con Pachakutik y Guillermo Lasso.
Fin del ciclo MAS
En este contexto de crisis económica y escándalos de corrupción que azotan al gobierno de Arce, es difícil que el panorama cambie. La división del MAS es una derrota para el movimiento popular a nivel nacional e internacional. Aunque Arce intentó tardíamente convocar a Morales, Andrónico y otros líderes a una reunión en julio, la división ya era irreversible. Sería un gesto simbólico que el MAS de Arce retirara su candidatura y apoyara a Andrónico, quien se encuentra en mejor posición.
Ante este escenario, la única opción positiva contra el regreso del neoliberalismo era votar por Andrónico Rodríguez. Votar en blanco era un delito político. Casi la mitad del electorado tiene menos de 35 años, una generación formada bajo el liderazgo de Morales y Arce, que hoy se encuentra decepcionada y sin perspectivas. Pero es necesario resistir y construir nuevas alternativas. El propio MAS demostró, tras derrotar el golpe fascista de Jeanine Áñez en 2019, que las bases progresistas tenían la fuerza para alzarse contra un golpe racista y proimperialista. Debemos redescubrir ese camino de lucha.
Postdata Gaceta Crítica: Pero la conclusión de la división sectaria y personalista de la izquierda boliviana ha posibilitado la vuelta al poder de la derecha racista, neoliberal y dispuesta a entregar las riquezas naturales de Bolivia al imperialismo. Esperemos que esta lección sirva en otras latitudes como la nuestra en España.
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