Yannis Varoufakis (PROJECT SYNDICATE -originalmente en inglés-), 24 de Julio de 2025

ATENAS – Estoy seguro de que han oído hablar de la extraordinaria transformación de Grecia, de su metamorfosis de caso perdido a historia de éxito, del alumno más vago de Europa al mejor de la clase. Pero este artículo no trata de Grecia. Va dirigido a los europeos que pueden sufrir lo mismo que ha sufrido Grecia si se los engaña para que imiten la “historia de éxito” griega.
Hoy en día, Grecia es el nuevo El Dorado de los hombres de dinero, que llegan al país, compran una hipoteca morosa por el 5% de su valor nominal, desahucian a la familia que vive en el departamento hipotecado, lo venden por el 50% del valor nominal del préstamo y, listo, han multiplicado sus beneficios por diez. A continuación, invierten parte de este retorno en bonos públicos griegos para obtener un hermoso diferencial sin riesgo sobre los bonos alemanes, gracias al continuo respaldo del Banco Central Europeo de la deuda pública griega.
Las grandes empresas europeas también se benefician del brillo dorado de Grecia. Con dinero prestado por los bancos griegos, que los contribuyentes griegos recapitalizaron con enormes préstamos de otros contribuyentes europeos, una empresa estatal alemana compró 14 aeropuertos lucrativos (entre ellos los de Mykonos y Santorini), los reformó con dinero europeo gratuito destinado a Grecia, y ahora está recogiendo retornos espectaculares que se repatrían a Alemania a través de Luxemburgo.
Mientras tanto, una nueva burbuja de deuda griega impulsa tasas de crecimiento reales superiores al promedio de la Unión Europea, lo que vuelve a llevar al país a la inanidad alimentada por la deuda de mediados de los años 2000, cuando toda la prensa financiera occidental celebraba la llegada de Grecia al “núcleo duro” de Europa. Si usted está en el negocio de usar dinero para hacer dinero sin producir ningún valor real nuevo, ¿qué es lo que no puede gustarle? Grecia es la luz de sus ojos.
¿Por qué permitir que la realidad sombría de la mayoría de la población griega se interponga en su euforia? ¿Por qué preocuparse por el hecho de que, aunque el ingreso nacional en euros sea prácticamente el mismo que en 2009, el ingreso real disponible agregado es un 41% inferior y los salarios reales han bajado un 30%? ¿Por qué hacerse problema por las moras de los ciudadanos con el estado, que se han disparado del 21,5% del PIB en 2009 al 49,2% en la actualidad, o por el precio de la electricidad que, tras la privatización, ha subido un 85% en el mismo período, o por los alquileres, que se han disparado un 93%?
Otros indicadores de desarrollo muestran un panorama similar. Por ejemplo, la cantidad de nacimientos se desplomó de 118.000 en 2009 a menos de 63.000 en 2024, y Grecia cayó53 puestos en el Índice Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras.
Para los financistas y las grandes empresas, estas cifras tristes parecen ruido extraño en torno a una hermosa señal: sus fabulosas tasas de rentabilidad. Y Grecia podría estar en cualquier parte, por lo que este artículo no trata realmente de los griegos. Es, más bien, un recordatorio y una advertencia para mis amigos alemanes.
Tras la introducción del euro en 1999, los mercados monetarios decidieron que era una buena idea inducir un crecimiento impulsado por la deuda, pero improductivo, en una economía griega ya en proceso de desindustrialización. Al principio, se vieron recompensados con creces con rendimientos elevados que reflejaban tasas de crecimiento altas, pero insostenibles -un fenómeno que hizo que los financistas del mundo acudieran en masa a Grecia y calificaran su deuda pública y privada con triple A-. Luego llegó el ajuste de cuentas, que se convirtió en tragedia en 2008, cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo estuvo a punto de hacer colapsar la economía global.
Pasemos ahora a Alemania. Luego de una década de inversión productiva neta prácticamente nula, el país lleva ya un tiempo desindustrializándose. Esta semana, el gobierno alemán, tras desarticular en marzo su freno constitucional a la deuda, convenció a la Comisión Europea para que diera su visto bueno al presupuesto alemán, que requerirá 850.000 millones de euros (988.000 millones de dólares) de deuda nueva (el equivalente al 20% del PIB) en los próximos cuatro años. Esa acumulación de deuda es un problema porque el dinero se gastará en cosas que no generarán nuevos ingresos (como armas y el mantenimiento y sustitución esencial de la infraestructura ferroviaria existente).
Para persuadir a la Comisión de que diera su visto bueno a esta flagrante violación de los límites de deuda contenidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, Alemania hizo algo extraordinario. A principios de la década de 2000, Grecia convenció a la UE y a las agencias de calificación crediticia de que las inversiones improductivas que superaban los límites de deuda de la UE eran una gran idea. Hoy, el gobierno alemán ha persuadido a la Comisión para que tenga en cuenta sus proyecciones de crecimiento más elevadas -a pesar de que esas proyecciones presuponían la aprobación por parte de la Comisión de su nuevo endeudamiento masivo.
¿Pueden hablar en serio? ¿No han aprendido nada de la debacle griega de los años 2000? Aunque sin duda se producirá un repunte del crecimiento a medida que el torrente de nueva deuda entre en los mercados alemanes, ¿no se dan cuenta de que esos miles de millones de euros de gasto adicional no generarán nuevos ingresos sostenibles a largo plazo?
Tal vez Alemania, a diferencia de Grecia en los años 2000, no padezca una nueva crisis global. Aun así, en un momento en el que Europa se ve acorralada entre los aranceles del presidente estadounidense, Donald Trump, y el aumento de las exportaciones tecnológicamente avanzadas y de alta calidad de China, es una irresponsabilidad sensacional que Alemania muestre la misma indiferencia por la calidad de sus inversiones financiadas con deuda que Grecia mostró hace 20 años. Fue la política equivocada para sacar a Grecia de su atraso entonces, y es la política equivocada para sacar a Alemania de su malestar ahora.
Pero aquí no acaban las lecciones de Grecia. Si uno recuerda las condiciones de rendición inhumanas impuestas por los acreedores griegos tras la quiebra del país, no es difícil imaginar que una Alemania caída se convierta en el nuevo, y mucho más lucrativo, El Dorado de las finanzas globales. Allí, también, la gran mayoría de la población sufrirá la indigencia y la indignidad, mientras la prensa financiera celebra la nueva historia de “éxito”.
Yanis Varoufakis, fue ministro de economía de Grecia, lidera el partido MERA25 y es profesor de economía en la Universidad de Atenas.
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