Manuel Delgado (Revista de Economía Crítica. Junio 2025), 1 de Julio de 2025

Celso Furtado nace en 1920 en Pombal, en el estado brasileño de Paraiba y muere en Río de Janeiro en 2004. Después de graduarse en Derecho en su país estudió Economía en la Sorbona, donde presentó una tesis doctoral sobre la economía brasileña en el período colonial. En 1949 se incorporó a la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL), con sede en Santiago de Chile, que había sido creada un año antes y que fue liderada muy pronto por Raúl Prebisch. Allí permanece hasta 1957. Junto con Prebisch, a Furtado se le considera uno de los fundadores del estructuralismo latinoamericano y uno de los pensadores latinoamericanos más destacados sobre la realidad socioeconómica de la región, uno de los grandes teóricos sobre América Latina.
De la CEPAL formaron parte también en aquellos años economistas como Aníbal Pinto y Osvaldo Sunkel, propiciándose entonces desde este organismo de las Naciones Unidas políticas desarrollistas que pusieron el acento en una industrialización por sustitución de importaciones como forma de conseguir una aproximación a un modelo de desarrollo obstaculizado por una situación que, como señaló la CEPAL desde sus primeros años, tenía su principal traducción en el deterioro de los términos de intercambio entre países industrializados (centrales) y no industrializados (periféricos). Dentro de la estructura centro-periferia desde la que la CEPAL interpretaba la dinámica económica mundial, este mecanismo de los precios, -retomado mucho después por la Economía Ecológica en una versión más completa del intercambio desigual-, obligaba a la periferia a exportar más para obtener el mismo valor en términos monetarios, siendo ya entonces presentado como el principal fundamento de la transferencia de riqueza desde la periferia al centro.
Después de su etapa en la CEPAL, Celso Furtado fue en su país ministro de planificación (1962-1963) y ministro de cultura en 1986-88. Fue también fundador de la UNCTAD, conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, creada en 1964 y participó en diversas instituciones en la búsqueda de soluciones que pudieran resolver los problemas asociados a las economías periféricas, aunque hasta los años setenta esto lo hizo muy influenciado por el Keynesianismo en cuanto al papel del Estado en el proceso de desarrollo y suponiendo que las soluciones podrían encontrarse dentro del capitalismo. Iniciada la década de los 70, la decepción ante el fracaso de las políticas desarrollistas de industrialización por sustitución de importaciones, que terminaron incrementando la deuda de los países latinoamericanos hasta cotas insostenibles y contribuyendo a una fuerte «reprimarización» de las economías latinoamericanas como forma de poder hacer frente a esta deuda, junto con un proceso de recolonización de la periferia por los centros metropolitanos del sistema-mundo, llevaron a Celso Furtado a un cambio en sus planteamientos, aproximándose en mayor medida a posiciones más críticas asumidas desde la teoría de la dependencia; posiciones que suponían, frente a los cepalistas, que el desarrollo autónomo nacional no era posible bajo el sistema capitalista; sólo podría venir de la mano del socialismo. Entre otras razones porque la burguesía nacional, aliada de los intereses del capital extranjero, representaba una fuerza reaccionaria en oposición a las clases explotadas.»El control del progreso tecnológico y la posibilidad de imponer patrones de consumo desde el centro viene a condicionar la estructuración del aparato productivo de la periferia, que se vuelve dependiente», escribía Furtado en 1971 en El Trimestre Económico, teniendo lugar «un proceso de trasplante de las actividades industriales ligadas a una minoría rica» asociada a «una baja en el nivel de vida de las grandes masas de población», de modo que «la teoría del subdesarrollo resulta ser esencialmente una teoría de la dependencia».
Su reticencia en relación con la posibilidad de un desarrollo nacional autocentrado dentro de los esquemas y los principios del sistema económico vigente se hacía cada vez más manifiesta, de modo que, según él, el distanciamiento, el foso entre el centro y la periferia se iría ampliando «si nos limitamos a observar el cuadro estructural presente del sistema capitalista». Como ya señalaba en 1974 en El desarrollo económico: un mito (pág. 81), dentro de un proceso de acumulación de capital que tiende a concentrarse en los países centrales, ahora nos encontrábamos en una nueva etapa liderada por grandes corporaciones, que dirigidas desde las economías centrales, operan internacionalmente a través de centros de poder que escapan al control de los Estados.
En la evolución del sistema-mundo, la periferia jugará un papel crecientemente subalterno, no sólo porque los países centrales necesitarán «cada vez más los recursos naturales no reproducibles suministrados por ella sino también porque las grandes empresas encontrarán en la explotación de su mano de obra barata uno de los principales puntos de apoyo para afirmarse en el sistema» (pág. 71).Su radicalización le llevó hasta el punto de que este libro que aquí en parte reproducimos puede considerarse una crítica a la modernización como cosmovisión y al capitalismo como sistema socioeconómico que la encarna, incluyendo en su análisis una dimensión «que el hombre moderno ha tratado de eludir»…»el carácter depredatorio del proceso de civilización»…»la evidencia, a la que no podemos escapar» de que «en nuestra civilización la creación de valor económico provoca, en la mayoría de los casos, procesos irreversibles de degradación del mundo físico», (pág.18). «La actitud ingenua consiste en creer que ese tipo de problemas necesariamente serán solucionados por el progreso tecnológico, como si la actual aceleración del progreso tecnológico no estuviera contribuyendo a agravarlos» (pág. 19).
Su punto de partida es la «fundamental importancia» (pág.15) de Los Límites del crecimiento, (1971) al mostrar la imposibilidad de que las actuales formas de vida de los pueblos enriquecidos puedan llegar a generalizarse a escala planetaria. Formas de vida o «modo de vida imperial» como lo han denominado Brand y Wissen (2022) medio siglo más tarde, que solo puede mantenerse a costa de la violencia, la destrucción y el sufrimiento humano en lugares periféricos del mundo marcados por la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, el saqueo de los recursos naturales, la imposición de todo tipo de cargas ambientales, la inferiorización cultural y la subordinación política.»El costo, -escribe Celso Furtado a ese respecto (pág.90)- en términos de depredación del mundo físico, de ese estilo de vida, es de tal modo elevado, que cualquier intento de generalizarlo llevaría inexorablemente al colapso de toda una civilización, poniendo en peligro las posibilidades de supervivencia de la especie humana». Aunque no admite que «el comportamiento histórico de las actuales economías industrializadas pueda servir para proyectar las tendencias a largo plazo del proceso de industrialización a escala planetaria» (pág.21), porque «aceptar esa doctrina implica ignorar la especificidad del fenómeno del subdesarrollo» (pág.22). A mostrar esa especificidad, las tendencias del sistema económico vigente y las conexiones entre subdesarrollo y dependencia, dedica la mayor parte del libro. Para Furtado (pág.91), «la importancia primordial del modelo de Los límites del crecimiento, es haber contribuido a destruir el mito del desarrollo, «…uno de los pilares de la doctrina que sirve para encubrir la dominación de los pueblos de los países periféricos».
Un mito, una creencia, una invención que «ha sido de gran utilidad para movilizar a los pueblos de la periferia y llevarlos a aceptar enormes sacrificios, para legitimar la destrucción de formas de cultura arcaicas, para explicar y hacer comprender la necesidad de destruir el medio físico, para justificar formas de dependencia que refuerzan el carácter predatorio del sistema productivo» (pág.90). Un paso importante, honesto, el que da aquí Furtado, resultado de una experiencia que lo llevó del desarrollismo cepalino a esta importante carga de profundidad calificando de mito a la ideología del desarrollo casi veinte años antes de que se publicara en 1992 ElDiccionario del Desarrollo.Como otros pensadores del estructuralismo latinoamericano Celso Furtado fue un intelectual que desde el Sur contribuyó a transformar los términos en que se comprendía y debatía el sistema económico a escala global, avanzando en una interpretación de la dinámica económica mundial lastrada por una ideología en la que varios pilares se cuestionaron con fuerza desde este enfoque.
En primer lugar se insistió, aunque no desde una enmienda a la totalidad, sobre la inconveniencia que suponía utilizar la epistemología eurocéntrica hegemónica para explicar las realidades periféricas. Una epistemología que asume un punto de vista universalista, neutral y objetivo, cuando los conocimientos se construyen siempre desde una localización particular en las relaciones de poder. Un «falso universalismo» que ya denunció Prebisch en la Conferencia de la CEPAL de 1949. En este sentido, señalaba Furtado en 1964 que siendo el subdesarrollo un fenómeno específico, «requiere un esfuerzo de teorización autónomo»; después de su visita a Yale, en 1991, se refirió al «verdadero terrorismo que ejerce la escuela de pensamiento hegemónico en la economía» (Kay, 2023); en esta misma dirección, en el último capítulo del libro de 1974 que aquí en parte reproducimos, titulado «Objetividad e ilusionismo en Economía», vierte una dura crítica sobre diversos aspectos de la ciencia económica dominante, entre ellos la medición del PIB, que lo lleva a afirmar que «la contabilidad nacional puede transformarse en un laberinto de espejos en el cual un ilusionista hábil puede obtener los efectos más deslumbrantes» (pág.140), aseveración muy próxima a la del personaje de una viñeta de El Roto que proclama: «La Economía es una rama del ilusionismo».Para aproximarse al fenómeno específico del subdesarrollo Celso Furtado entendió desde muy pronto la necesidad de dar entrada en los análisis al poder como una variable explicativa clave, de modo que ya en su Teoría y política del desarrollo económico, de 1967, consideraba que el resorte de los procesos económicos «son los patrones de comportamiento de los agentes económicos que están en condiciones de ejercer una forma de poder» (pág. 123), de modo que el subdesarrollo «es, en sí, una situación resultante de la expansión de las economías capitalistas con el fin de utilizar recursos naturales y mano de obra de otras áreas» (pág.175), siendo, «en sus raíces, un fenómeno de dominación, esto es, de naturaleza cultural y política» (pág.178).Coincidía Furtado con la mayoría de las teorías que se centraban en la dependencia en señalar que la causa de las dificultades de la periferia para aproximarse al desarrollo del centro estaba estrechamente relacionada con la manera en que las economías subdesarrolladas estaban integradas en el sistema capitalista. Conviene reseñar en este sentido que algunos grandes defensores de la teoría de la dependencia en su país como Fernando Henrique Cardoso, habiendo compartido esta idea, en 1994 llegaba a decir: «hoy creemos que el sistema internacional ofrece ventajas para todo el mundo; el paradigma de suma cero, en el que la ganancia de una parte implica necesariamente una pérdida para la otra está ya caducado». Esto lo decía años después de que Prebisch, en 1981, criticara, como Furtado, la ideología desarrollista que había contribuido a promover a través de la CEPAL en su libro Capitalismo Periférico. Crisis y transformación. «Tras larga observación de los hechos y mucha reflexión, me he convencido de que las grandes fallas del desarrollo latinoamericano carecen de solución dentro del sistema prevaleciente. Hay que transformarlo» (….) «se está desvaneciendo el mito de que podríamos desarrollarnos a imagen y semejanza de los centros» (pág. 14).Desde el enfoque de Furtado el subdesarrollo no era una etapa previa, que como antesala debía superarse desde la periferia en su evolución al desarrollo. No compartía la idea de «atraso» propia de las teorías convencionales del desarrollo y la modernización, teorías que tenían repercusiones importantes en la manera de entender la dinámica económica de los países periféricos.
Entre esas repercusiones, además de la «naturalización» de la superioridad de los centros, más «avanzados», desde la ideología dominante del desarrollo la situación de la periferia no se entiende como el resultado de circunstancias históricas específicas que es necesario conocer, sino como un estado del que lo importante es constatar que está ahí, sin que la causa tenga especial interés. De hecho, como ha advertido Rist, (2002), subdesarrollar es un verbo intransitivo con sentido pasivo, de modo que la función a la que se refiere no puede ser atribuida a un sujeto que la desempeñe. Se presupone que nadie puede subdesarrollar a nadie. Por otra parte, desde esta interpretación de «atraso», las sociedades periféricas se ven obligadas permanentemente a perseguir a un fantasma: el de ser a imagen y semejanza de otros. Y mientras corren detrás de ese fantasma se les exige dejar de ser lo que son. En realidad se trata de una carrera en la que están obligadas a no ser, porque mientras no llegan no son, pero como nunca llegan, nunca van a ser.
El otro grave inconveniente de aceptar el enfoque convencional sobre el desarrollo es que, a partir de esta ideología, lo que se nos propone como solución, el crecimiento económico, se convierte en el principal problema, como advierte Celso Furtado en El desarrollo económico: un mito. Tanto para el caso de la industrialización por sustitución de importaciones como en la clásica división internacional del trabajo en la que lo que crecen son las actividades primarias, extractivas, las que han venido definiendo a las economías periféricas como sirvientas de otras economías, profundizándose así a través del crecimiento su condición de economías y realidades subalternas.
Aunque utilizando en mayor o menor medida los relatos de la modernidad y las categorías de pensamiento de la economía convencional, circunscribiéndose a los mecanismos de apropiación y distribución de la riqueza expresada en términos de excedente o plusvalía a través de la metáfora de la producción y dentro del universo de los valores monetarios, los enfoques utilizados por Celso Furtado y otros estructuralistas y dependentistas latinoamericanos llegaron a arrojar mucha luz sobre la naturaleza desigual de las relaciones centro-periferia y los mecanismos que subordinan la dinámica de una parte a los intereses de otra. Pero hay que decir que estos enfoques se han visto ampliamente enriquecidos, completados y superados en la medida en que se trasciende el ámbito de lo económico -monetario- tal como es concebido en la visión convencional y se incorporan al estudio de las distintas formas de dominación entre pueblos y territorios dimensiones históricas e institucionales, culturales, sociológicas y una mirada desde la economía ecológica y el ecofeminismo, hoy de especial relevancia para poder apreciar la insostenibilidad global de las formas de gestión y dominación asociadas a las relaciones sociales y territoriales, y fundamental en el planteamiento de alternativas más sostenibles, justas y solidarias para todas las partes de las mismas.
BIBLIOGRAFÍA
Brand, U. y Wissen, M. (2022). Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo. Buenos Aires: Ed. Tinta Limón.Cardoso, F.E. (1994) «La prosperidad compartida» El País, 10/12.Furtado, C. (1984, 6ªed.). El desarrollo económico: un mito. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed. en portugués en 1974).Furtado, C. (1971). La economía latinoamericana desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana. Madrid: Siglo XXI. (1ª edición en portugués en 1969).Furtado, C. (1971). «Dependencia externa y teoría económica», El Trimestre Económico, 38 (2) pp. 335-349.Furtado, C. (1974, 5ª ed.). Teoría y política del desarrollo económico. Madrid: Siglo XXI eds. (1ª edición en portugués en 1967).Furtado, C. (1964). Desarrollo y subdesarrollo. Buenos Aires: Ed. Universitaria de Buenos Aires.Kay, C. (2023). «Desarrollo y subdesarrollo en el pensamiento de Celso Furtado» en: Pensadores Rebeldes. Santiago de Chile: Ed. Universidad Diego Portales.Mallorquín, C. (2005) «Celso Furtado y la utopía organizada» en Estudios Sociológicos, XXIII:68; pp.637-658.Prebisch, R. (1981). Capitalismo periférico. Crisis y transformación. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Entre esas repercusiones, además de la «naturalización» de la superioridad de los centros, más «avanzados», desde la ideología dominante del desarrollo la situación de la periferia no se entiende como el resultado de circunstancias históricas específicas que es necesario conocer, sino como un estado del que lo importante es constatar que está ahí, sin que la causa tenga especial interés. De hecho, como ha advertido Rist, (2002), subdesarrollar es un verbo intransitivo con sentido pasivo, de modo que la función a la que se refiere no puede ser atribuida a un sujeto que la desempeñe. Se presupone que nadie puede subdesarrollar a nadie. Por otra parte, desde esta interpretación de «atraso», las sociedades periféricas se ven obligadas permanentemente a perseguir a un fantasma: el de ser a imagen y semejanza de otros. Y mientras corren detrás de ese fantasma se les exige dejar de ser lo que son. En realidad se trata de una carrera en la que están obligadas a no ser, porque mientras no llegan no son, pero como nunca llegan, nunca van a ser. El otro grave inconveniente de aceptar el enfoque convencional sobre el desarrollo es que, a partir de esta ideología, lo que se nos propone como solución, el crecimiento económico, se convierte en el principal problema, como advierte Celso Furtado en El desarrollo económico: un mito. Tanto para el caso de la industrialización por sustitución de importaciones como en la clásica división internacional del trabajo en la que lo que crecen son las actividades primarias, extractivas, las que han venido definiendo a las economías periféricas como sirvientas de otras economías, profundizándose así a través del crecimiento su condición de economías y realidades subalternas. Aunque utilizando en mayor o menor medida los relatos de la modernidad y las categorías de pensamiento de la economía convencional, circunscribiéndose a los mecanismos de apropiación y distribución de la riqueza expresada en términos de excedente o plusvalía a través de la metáfora de la producción y dentro del universo de los valores monetarios, los enfoques utilizados por Celso Furtado y otros estructuralistas y dependentistas latinoamericanos llegaron a arrojar mucha luz sobre la naturaleza desigual de las relaciones centro-periferia y los mecanismos que subordinan la dinámica de una parte a los intereses de otra. Pero hay que decir que estos enfoques se han visto ampliamente enriquecidos, completados y superados en la medida en que se trasciende el ámbito de lo económico -monetario- tal como es concebido en la visión convencional y se incorporan al estudio de las distintas formas de dominación entre pueblos y territorios dimensiones históricas e institucionales, culturales, sociológicas y una mirada desde la economía ecológica y el ecofeminismo, hoy de especial relevancia para poder apreciar la insostenibilidad global de las formas de gestión y dominación asociadas a las relaciones sociales y territoriales, y fundamental en el planteamiento de alternativas más sostenibles, justas y solidarias para todas las partes de las mismas.BIBLIOGRAFÍABrand, U. y Wissen, M. (2022). Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo. Buenos Aires: Ed. Tinta Limón.Cardoso, F.E. (1994) «La prosperidad compartida» El País, 10/12.Furtado, C. (1984, 6ªed.). El desarrollo económico: un mito. Madrid: Siglo XXI. (1ª ed. en portugués en 1974).Furtado, C. (1971). La economía latinoamericana desde la conquista ibérica hasta la revolución cubana. Madrid: Siglo XXI. (1ª edición en portugués en 1969).Furtado, C. (1971). «Dependencia externa y teoría económica», El Trimestre Económico, 38 (2) pp. 335-349.Furtado, C. (1974, 5ª ed.). Teoría y política del desarrollo económico. Madrid: Siglo XXI eds. (1ª edición en portugués en 1967).Furtado, C. (1964). Desarrollo y subdesarrollo. Buenos Aires: Ed. Universitaria de Buenos Aires.Kay, C. (2023). «Desarrollo y subdesarrollo en el pensamiento de Celso Furtado» en: Pensadores Rebeldes. Santiago de Chile: Ed. Universidad Diego Portales.Mallorquín, C. (2005) «Celso Furtado y la utopía organizada» en Estudios Sociológicos, XXIII:68; pp.637-658.Prebisch, R. (1981). Capitalismo periférico. Crisis y transformación. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.
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