Juan López Páez (Mundo Obrero), 3 de Junio de 2025
Kaja Kallas en la sesión plenaria del Parlamento Europeo el pasado 1 de abril | Foto: multimedia.europarl.europa.eu
El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha dirigido una carta a la funcionaria europea en redes sociales: “Querida Kaja, una vez más, he tomado nota de sus comentarios sobre mí en relación con mi visita de hoy a Moscú y la anunciada reunión, no solo con el presidente de Rusia, Vladímir Putin. Al parecer, no estoy en el lado correcto de la historia u otras consideraciones geopolíticas tan profundas», comenzó el jefe del Gobierno eslovaco en su mensaje.
En primer lugar, el mandatario eslovaco recordó que estuvo presente en la capital rusa para presentar sus respetos a los más de 60.000 soldados del Ejército Rojo que murieron en la liberación de Eslovaquia.
En segundo lugar, le recuerda el límite de las funciones de su cargo: “Como alta funcionaria de la Comisión Europea, Kallas no tiene absolutamente ninguna autoridad para criticar al primer ministro soberano de un país soberano, que tiene un enfoque constructivo de toda la agenda europea».
En tercer lugar, le expresó el rechazo a su tarea acometida, no está de acuerdo con el ahínco de «la nueva política de la cortina de hierro» en la que «tanto está trabajando» la Alta representante.
Para finalizar, en la cuarta pregunta a Kaja Kallas le cuestiona cómo se puede hacer diplomacia y política exterior «si se supone que los políticos no pueden reunirse y mantener un diálogo normal sobre cuestiones en las que tienen diferencias de opinión».
En ese contexto, la jefa de la diplomacia europea aconsejó a todos los miembros del bloque comunitario que viajasen a Ucrania «tanto como sea posible para mostrar realmente nuestra solidaridad y que estamos con Ucrania».
La aturdida Kaja Kallas afirmó que «no puede entender» por qué los líderes fueron a Moscú y no a Kiev. “Realmente no puedo entenderlo. Yo diría que todos los que apoyan ya saben, la libertad, la independencia, todos los valores europeos deberían estar hoy, en el Día de Europa, en Ucrania y no en Moscú», expresó la jefa de la diplomacia europea a la prensa. «¿Cómo pueden estar al lado de este tipo [el presidente ruso Vladímir Putin]? Están en el lado equivocado de la historia», agregó.
Kallas había intentado celosamente boicotear las visitas de políticos europeos a Moscú excediéndose en las funciones de la naturaleza de su cargo. La alta funcionaria europea exigió a los Estados miembros y las naciones candidatas a la adhesión al bloque comunitario abstenerse de participar en los actos conmemorativos en Rusia. En este sentido, advirtió que los viajes a la capital rusa «no se tomarán a la ligera en el lado europeo». «Hemos dejado muy en claro que no queremos que ningún país candidato participe en estos eventos del 9 de mayo en Moscú», precisó.
En la previa al desfile de la Conmemoración del 80° Aniversario de la derrota nazi, 3 países de la UE: Polonia, Lituania y Letonia proyectaron su política nacional rusofóbica sobre otros países europeos soberanos, reflejando las fuertes contradicciones que tienen lugar a nivel comunitario en Bruselas.
Lituania y Letonia prohibieron que el avión del presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, sobrevolara su territorio en dirección a Rusia. Las autoridades lituanas vetaron el vuelo del mandatario por razones de «sensibilidad técnica y diplomática», mientras que las autoridades letonas argumentan que la medida responde a la «sensibilidad política del propósito del vuelo».Paralelamente, Polonia y Lituania prohibieron al primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, sobrevolar sus respectivos territorios para asistir al acto conmemorativo. En su estancia en Moscú, el primer ministro eslovaco declaró: «Por favor, tratemos todos los problemas técnicos que nos han causado nuestros colegas de la UE como un ridículo juego de niños. No lo llamaré de otro modo» y al comentar las recientes palabras de Kallas, el primer ministro eslovaco declaró que «no tiene absolutamente ninguna autoridad para criticarlo».
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergéi Lavrov criticó la postura de Kallas: «Así que resulta que los que predican los valores nazis, como Zelenski y su equipo, son bienvenidos en la UE. Y a los que defienden nuestra memoria histórica común con Rusia, quieren privarles de todos los derechos».
Intentos baldíos de reescribir la historia
En una directiva confidencial del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán dirigida a los estados federados, distritos y municipios, a la que ha tenido acceso Berliner Zeitung, se dan instrucciones de no invitar a los representantes oficiales de Rusia y Bielorrusia a los eventos de conmemoración del 80º aniversario de la liberación de Alemania del régimen nazi, que se celebren en Berlín y Brandeburgo. En el documento se recomienda a las misiones diplomáticas alemanas en el extranjero y a las autoridades regionales y de municipios que no cursen invitaciones a diplomáticos rusos o bielorrusos, e incluso que, en caso necesario, echen a los invitados no deseados. Esto también se aplica a las celebraciones en lugares con estrechos vínculos históricos. La directriz indica: «Como queremos cultivar conscientemente nuestra cultura del recuerdo, estamos planeando un gran número de actos conmemorativos propios en Alemania y en el extranjero». «En caso de que representantes de Rusia o Bielorrusia aparezcan sin previo aviso en actos en Alemania, las organizaciones pueden ejercer sus derechos a su discreción y con sentido de la proporción».
En la práctica, la Directiva de Berlín, que todavía era responsabilidad de la ex ministra de Asuntos Exteriores Annalena Baerbock (Alianza 90/Los Verdes), solo se implementó parcialmente. El 16 de abril, el embajador ruso, Sergei Nechayev, pudo participar en la conmemoración oficial de la Batalla de las Alturas de Seelow. La batalla abrió la última gran ofensiva del Ejército Rojo para liberar Berlín. Allí murieron más de 33.000 soldados soviéticos. Nechayev también pudo participar en las conmemoraciones en Torgau, donde los soldados soviéticos y estadounidenses se estrecharon la mano por primera vez el 25 de abril de 1945, durante la liberación de Alemania.
Posteriormente, en mayo, al embajador ruso en la República Federal no se le permitió participar en los actos conmemorativos en los campos de concentración de Sachsenhausen y Ravensbrück. Ambos campos de concentración fueron liberados por el Ejército Rojo a finales de abril de 1945.
La Cancillería bielorrusa condenó la negativa de la dirección de la Fundación Conmemorativa Alemana de Buchenwald y Mittelbau-Dora a permitir que diplomáticos bielorrusos participen en los actos conmemorativos del 80° Aniversario de la liberación de estos campos de concentración». «Esta decisión es, en esencia, una continuación de la política de dividir a las personas en función de su nacionalidad», subrayó.
Otras voces criticaron la aptitud de Kallas
El eurodiputado alemán, Martin Sonneborn, desde la tribuna arremetió contra Kallas, acusándola de saber poco o nada sobre política exterior y diplomacia. Dirigiéndose a una perpleja Kallas, aseveró:
«¡Señora Presidenta! Señora Kallas, ¿por qué debería hablarle de Cuba? Acabo de leer tu autobiografía: 432 páginas insignificantes, 80% de descuento en Estonia a 3,99€ tapa dura, no disponible en absoluto en Amazon. Tienen tan poco conocimiento de Cuba, de Europa y del mundo como de la diplomacia, la política exterior o la neurocirugía. Espero obtener una mayor comprensión de una conversación con mi hámster sobre los agujeros negros en las galaxias enanas»
Y añadió:
«Cito las frases más importantes de tu obra: «¡Socorro! ¡Qué foto más fea mía!» “La polonesa es un baile hermoso.” “Corrí tan rápido como pude con mi vestido”. «Establecí contacto visual con este joven piloto de la Fuerza Aérea. Después, fui al baño». Y por último: “El embajador de Estonia tenía un deseo muy fuerte de beber alcohol, aunque todavía era temprano por la mañana”. No puedo entender nada mejor que eso. ¡MPE Bar, allá voy! ¡Cuba Libre!»
Sonneborn no ha sido la única voz en increpar a la funcionaria Kallas, también el eurodiputado eslovaco Lubos Blaha ante las críticas y amenazas fórmuladas por Kallas contra los dirigentes políticos europeos que habían viajado a Moscú a las celebraciones del 80º Aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi, afirmando que deberían haber ido a Kiev y no a la capital rusa.
En opinión de Blaha, estas críticas de Kallas —dirigidas también al primer ministro eslovaco, Robert Fico, y al presidente serbio, Aleksandar Vucic, cuyo país es candidato a unirse a la UE— no tienen nada que ver con el conflicto ucraniano. «La verdad es otra. La verdad es que su antifascismo es fingido», aseveró. «Según Kaja Kallas, probablemente el lado correcto de la historia sea el fascismo. Esta es la única consecuencia lógica de sus estúpidas palabras. Creo que esta persona es descarada. Es ridícula»declaró el eurodiputado.
Blaha recordó que «sin la Unión Soviética, sin las naciones soviéticas, sin la nación rusa, la nación eslava habría sido aniquilada». «Entonces, ¿dónde debemos estar? Tenemos que estar aquí. Es nuestro deber moral estar aquí en Moscú para decir: ‘gracias, rusos» enfatizó el parlamentario, que se preguntó si acaso la jefa de la diplomacia europea simpatiza con el fascismo: «No entiendo de qué habla la señora Kallas. ¿Es fascista? ¿Es nazi? Sólo tienen dos temas: rearmarse, rearmarse y rearmarse, y odiar a Rusia. Nada más. Ni la Europa social, ni política social, ni política económica, ni nada. Sólo odiar a Rusia. Esta no es la política», denunció.
El político estimó que este comportamiento es «un gesto muy similar al que tuvo Hitler». «Recuerdo que hace dos días estaba en el Parlamento Europeo, era el 7 de mayo, y hubo una ceremonia recordando la victoria sobre el fascismo. Era como un funeral. Todo el mundo estaba triste».
Según Blaha, en el Día de la Victoria los líderes del continente deben unirse en torno a Moscú. «Me avergüenza la actitud de estos líderes europeos porque, si somos realmente antifascistas, y nosotros en Eslovaquia somos antifascistas, si somos así, entonces tenemos que seguir todas las celebraciones sobre la derrota del fascismo y la más grande es en Moscú», argumentó.
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