Hedelberto López Blanch, 7 de mayo de 2025 (Publicado en Resumen Lationamericano)

El presidente cubano Miguel Díaz Canel llega a Rusia para conmemorar el fin de la Segunda Guerra Mundial. foto: Alejandro Azcuy.
En conmemoración de la rendición nazi que puso fin a la Segunda Guerra Mundial el 8 de mayo de 1945
La ignorancia histórica y cultural del presidente Donald Trump es tan grande que desconoce las opiniones del expresidente Franklin D. Roosevelt sobre el heroísmo del ejército y el pueblo de la ex Unión Soviética al derrotar a las fuerzas del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
Con su habitual grandilocuencia, Trump escribió en su cuenta de Truth Social: «Muchos de nuestros aliados y amigos celebran el 8 de mayo como el Día de la Victoria, pero hicimos mucho más que cualquier otro país para lograr un resultado victorioso en la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, renombraré el 8 de mayo como el Día de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial y el 11 de noviembre como el Día de la Victoria de la Primera Guerra Mundial».
Añadió: «Ganamos ambas guerras; nadie se nos acercaba en fuerza, valentía ni brillantez militar, pero nunca celebramos nada. ¡Eso es porque ya no tenemos líderes que sepan cómo hacerlo!».
Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, citó nada menos que al 32.º presidente de Estados Unidos (de 1933 a 1945), Franklin Roosevelt, para refutar esta afirmación. La primera fue una declaración del 28 de abril de 1942, donde dijo: «En el frente europeo, el acontecimiento más importante fue el aplastante contraataque del gran ejército ruso contra el poderoso grupo alemán. Las tropas soviéticas han destruido, y siguen destruyendo, más tropas, aviones, tanques y cañones de nuestro enemigo común que todas las demás naciones aliadas juntas».
El 4 de febrero de 1943, en una carta a Stalin, declaró: «Como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, lo felicito por la brillante victoria de sus tropas en Stalingrado, lograda bajo su alto mando. Los 162 días de épica lucha por la ciudad, una lucha que ha inmortalizado su nombre, así como el decisivo resultado que todos los estadounidenses celebran hoy, constituirán uno de los capítulos más gloriosos de esta guerra de los pueblos unidos contra el nazismo y sus imitadores».
En otra carta a Stalin, fechada el 22 de febrero de 1943, Roosevelt enfatizó: Estos logros solo pueden ser alcanzados por un ejército con un liderazgo competente, una organización sólida, un entrenamiento adecuado y, sobre todo, la determinación de derrotar al enemigo sin importar los sacrificios… El Ejército Rojo y el pueblo ruso sin duda han puesto a las fuerzas de Hitler en el camino de la derrota final y se han ganado la admiración duradera del pueblo de los Estados Unidos.
En una ocasión anterior, el actual presidente de la Casa Blanca afirmó que Rusia “ayudó” a Washington a ganar la guerra.
Preguntémonos entonces: ¿Ha leído Trump las memorias de Roosevelt o se las han contado sus asesores? ¿Ha estudiado algún documento o libro sobre esas guerras? La respuesta, por supuesto, es no.
Los datos oficiales indican que las pérdidas de la URSS en la Segunda Guerra Mundial ascendieron a 27 millones de personas y a daños materiales incalculables, lo que refleja la enorme contribución soviética a la victoria sobre la Alemania nazi. Estados Unidos perdió 418.000 personas durante el conflicto y no sufrió daños materiales en su territorio.
Hubo muchas batallas decisivas en la derrota de las fuerzas alemanas dentro del territorio soviético, como la resistencia al asedio de Leningrado (actual San Petersburgo), que duró del 8 de septiembre de 1941 al 27 de enero de 1944, es decir, 872 días durante los cuales familias enteras murieron de hambre y frío, pero los nazis no pudieron tomar la ciudad.
Las batallas de Moscú (1941-1942), Stalingrado, hoy Volgogrado (1942-1943), y el Saliente de Kursk (1943), por nombrar sólo algunas, se destacan por su heroísmo y amor a la patria.
Recordemos que en junio de 1944, después de que los soviéticos hubieran asestado sus golpes más duros a las hordas hitlerianas y hubieran arrebatado la iniciativa estratégica a los invasores, los aliados decidieron abrir un segundo frente con el desembarco de Normandía.
Esto permitió al ejército soviético iniciar la Operación Bagration, marchar sobre Berlín y cruzar la frontera alemana en enero de 1945. En tres semanas, cubrieron el vasto territorio entre los ríos Vístula y Óder, alcanzando unos 65 kilómetros de la capital alemana. Sin embargo, detuvieron su avance ante la Operación Solsticio de los nazis en febrero, también conocida como la batalla de tanques de Stargardt, que pospuso la batalla de Berlín.
Hitler convirtió Berlín en una enorme fortaleza. Se erigieron tres líneas defensivas alrededor de la capital, con todas las rutas de acceso minadas. Estaba protegida por tres gigantescas torres antiaéreas, fortalezas, barricadas, túneles y búnkeres. Contaba con 460.000 hombres, 1.500 tanques y 3.300 aviones para la defensa.
Tras una ofensiva aérea y de artillería de largo alcance, el Ejército Rojo atacó el Reichstag por primera vez. En la tarde del 30 de abril, Hitler se suicidó y, a las 21:30, las tropas soviéticas tomaron el Reichstag e izaron la bandera roja de la victoria en su cúpula.
En esa única batalla, que culminó con la derrota del fascismo alemán, los soviéticos sufrieron 45.000 muertos y 172.000 heridos.
La hazaña del pueblo soviético no puede ser igualada por ningún otro país. Tras este breve resumen, solo cabe esperar que algún día Trump aprenda algo de historia universal. Una tarea que, al parecer, será difícil.
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