Alejandra García (Resumen Lationamericano), 27 de Abril de 2025

La designación de los cárteles de la droga como «terroristas» por parte de la administración Trump ha abierto la puerta a una intervención militar directa en Latinoamérica. Sin embargo, tras esta narrativa de seguridad se esconde una realidad incómoda: la mayoría de las armas que alimentan la violencia del crimen organizado provienen de Estados Unidos.
El gobierno estadounidense, encabezado por el secretario de Estado Marco Rubio y Donald Trump, emitió una orden ejecutiva que designa a los cárteles de la droga mexicanos y regionales como «terroristas». Con esto, la Casa Blanca y el Pentágono construyen el marco de justificación para ataques con drones y misiles contra territorios soberanos de Latinoamérica.
Paralelamente a esta decisión, y según una investigación reciente de los analistas Paula Giménez y Matías Caciabue, publicada en Nodal News, el tráfico ilegal de armas abastece a los cárteles, fortaleciendo su poderío bélico, lo que se ha convertido en una lacra para la región. Esta realidad se ha convertido en una grave afrenta para los Estados latinoamericanos y un peligro para sus ciudadanos.
Pero ¿de dónde provienen las armas del narcotráfico, cuáles son los intereses de los actores políticos y económicos involucrados y cómo esta dinámica impacta la seguridad regional y la migración forzada?
Giménez y Caciabue afirman que las armas provienen principalmente de Arizona, Texas y Florida, donde la legislación y los controles deficientes facilitan el flujo de armas hacia el crimen organizado. En estos estados, el negocio de las armas y el mayor mercado mundial de drogas convergen en una relación simbiótica: mientras las armas cruzan la frontera sur para fortalecer a los grupos criminales, las drogas hacen el viaje inverso para satisfacer la demanda estadounidense.
“El dinero de la lucrativa narcoeconomía continúa alimentando el circuito ilegal de compraventa de armas. Violencia que, obviamente, termina promoviendo la inmigración que tanta xenofobia ha despertado en los votantes estadounidenses, alentada por el trumpismo”, afirmaron los expertos.
Las armas fabricadas en Estados Unidos alimentan la violencia en varias regiones. «En el caso de Latinoamérica, se sabe que un número significativo de armas recuperadas en escenas de crímenes fueron fabricadas en Estados Unidos o importadas primero a este país y luego traficadas ilegalmente», declararon. Por ejemplo, el 98 % de las armas ilegales en Haití y Bahamas provienen de Estados Unidos. En México, esta cifra alcanzó el 70 % en la última década. En los siete países centroamericanos, el 50 % de las armas ilegales proviene de Estados Unidos.
De igual forma, según un informe reciente de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos, el 73% de las armas recuperadas entre 2018 y 2023 en la región del Caribe tenían su origen en Estados Unidos, y en algunos países estas armas son responsables de hasta el 90% de los homicidios.
La respuesta geopolítica a esta crisis es contradictoria. Washington criminaliza a las pandillas al sur de su frontera, pero las armas fluyen libremente desde el norte, una política que solo beneficia a las industrias de la guerra y la seguridad privada. Sin un cambio drástico, la violencia armada seguirá aumentando, el crimen organizado se fortalecerá y las sociedades latinoamericanas seguirán atrapadas en una espiral de muerte.
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