EDITORIAL (GACETA CRÍTICA). Gerardo Del Val Cid, 23 de Abril de 2025

El Reino de España aparece como algo insignificante en el cruce de conflictos que atraviesan nuestro tiempo presente. España es de los pocos países de Europa Occidental que mantiene un gobierno socialdemócrata con apoyo de grupos a su izquierda. También el gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) apostó por una alianza bipartidista a nivel europeo con Ursula Von der Layer y Emmanuel Macron para mantener el agonizante viejo orden de la Unión Europea defensor de las reglas fiscales, con algunos matices y contraprestaciones «sociales».
Cada vez aparece como más evidente que la OTAN y la Unión Europea son realidades sociopolíticas interdependientes.
En España la guerra de Ucrania se ha pontificado como una «invasión injustificada de Rusia», casi sin ningún contrapeso. Nadie se preguntó acerca del acuerdo de los Estados Unidos, de Alemania Federal, de Francia y de la España de Felipe González en los años 90 para establecer un acuerdo con la última URSS de Mijail Gorbachov y de la primera Rusia/Ucrania/Bielorrosia (Comunidad de Estados Independientes CEI), para «superar» la vieja dialéctica de bloques entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El Pacto de Varsovia desapareció, pero la OTAN no.
En España en los años 80 hubo una gran movilización, junto a la movilización alemana, británica y francesa contra los misiles nucleares de la OTAN en Europa, que podían propiciar un enfrentamiento nuclear sin salida. El movimiento anti OTAN en España logró que Felipe González y el PSOE establecieran en 1986 un referendum para optar entre la salida de la OTAN (propuesta de Izquierda Unida y el movimiento pacifista) o la permanencia en la OTAN, pero sólo en su estructura «política», al margen de sus maniobras nucleares. El miedo, la maniobra del derechista González y la propia derecha española, impulsaron la victoria en el referendum de esta última propuesta por una relación de 60%-40%.
Posteriormente el gobierno de Aznar y el Partido Popular nos consolidaron en la OTAN sin ninguna consulta al pueblo español en los años 90. Tras la caída del muro de Berlín y del apogeo del pensamiento único que consagraba el unilateralismo de los Estados Unidos y la OTAN, estaban creadas todas las condiciones para que el pueblo español mirara para otro lado.
A principios de los 2000, el gobierno estadounidense de Bush reactivó el movimiento anti guerra en España en 2002-2004 con la invasión de Irak y la farsa de las armas de destrucción masiva imputadas al gobierno de Irak de Sadam Hussein. Un atentado terrorista en Madrid que el gobierno derechista de Aznar (PP) quiso atribuir ETA (organización terrorista nacionalista vasca) devino en una manifestación contra la implicación del gobierno español con las aventuras criminales de George Bush y Tony Blair para invadir Irak y generar la enésima guerra. La gente corriente en España interpretó (con buena lógica) que la implicación del gobierno español en la guerra de Irak había provocado el atentado terrorista islamista del 11 de Marzo de 2004.
La posición crítica del PSOE con ese movimiento motivó el triunfo del PSOE en las elecciones generales de 2004. La mayoría social invistió a J.L. Rodriguez Zapatero como nuevo presidente, que debiera atenerse a una agenda social progresista y a una desvinculación de España de las aventuras militaristas de Estados Unidos.
Hoy es Pedro Sánchez el presidente del gobierno español, también del PSOE, y también investido con una AGENDA SOCIAL y con una AGENDA DE PAZ.
Las presiones de la OTAN, de Estados Unidos y del sector más derechista del PSOE y de los poderes económicos en España están empujando al gobierno español a posicionarse por una militarización de España, con un aumento del gasto miliar hasta llegar al umbral del 2% del PIB.
La derecha y la ultraderecha española han sido históricamente militaristas y pro-OTAN sin fisuras, pero la coyuntura les empujan al mero desgaste del enemigo Pedro Sánchez.
El PSOE y Sánchez prefieren mantenerse dentro del consenso OTAN y UE de rearme antes que marcar una distancia razonables de los «señores de la guerra». Con ello se enfrentan a la mayoría de votantes socialistas y a la base sociales de Sumar, Podemos, Izquierda Unida y las izquierdas nacionalistas que le han proporcionado sus apoyos, ante la alternativa reaccionaria de PP y Vox.
En este cruce de caminos, España debe optar (como ha hecho Sánchez en Pekin) por la MULTIPOLARIDAD y por la PAZ, frente al belicismo de la Unión Europea y su rusofobia. El rearme de España solo puede llevarnos de cabeza a un giro a la derecha en la política española que nos enfrente al magreb, a Rusia y a los BRICS, sin resolver ninguno de los problemas que tiene nuestro país, como es la escasez de vivienda o la precariedad de los más jóvenes.
La izquierda real (y en primer lugar IZQUIERDA UNIDA Y EL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA) no puede aflojar su pulso. De ello depende que la extrema derecha imponga su agenda también en España y que los viejos neoliberales europeos prolonguen la agonía de una Unión Europea sin rumbo ni proyecto en la encrucijada global. Si no hay rectificación en el gasto militar y en la voluntad de REARME las fuerzas de izquierda real no pueden seguir acompañando a Pedro Sánchez en su suicidio político.
GERARDO DEL VAL CID (GACETA CRÍTICA), 23 de Abril de 2025
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