Gaceta Crítica

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La Feria de Abril de Sevilla: el escaparate de la lucha de clases

Ismael Sánchez Castillo (Concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Sevilla -España-), 19 de Abril de 2025 (MUNDO OBRERO)

La Feria de Abril de Sevilla: el escaparate de la lucha de clasesFeria de Abril de Sevilla | Foto: Sandra Vallaure / CC BY 2.0

Sevilla se viste de farolillos y albero cada primavera para celebrar la Feria de Abril, un evento que, en el imaginario colectivo, se presenta como la gran fiesta del señorío andaluz, de la alegría desbordante, los volantes de los trajes de flamenca y el rebujito en vaso de plástico. Pero tras la postal idílica que se proyecta al mundo, la Feria es también el escenario de una de las expresiones más crudas de la lucha de clases en la ciudad.

Mientras las élites locales y visitantes se pasean en coche de caballos por el Real, accediendo a casetas exclusivas por el mero hecho de pagar su cuota de socio, miles de trabajadores y trabajadoras sostienen el espectáculo en condiciones de precariedad extrema. Camareros y camareras que sirven sin descanso jornadas interminables, porteros de casetas que vigilan el acceso por un salario mísero, montadores de estructuras que pasan semanas de trabajo extenuante para luego desmontarlas en cuestión de días, sin ningún reconocimiento ni estabilidad laboral.

La Feria de Abril no es solo un festejo, es también un gran negocio. La patronal hostelera dispara sus beneficios en apenas una semana, mientras las y los trabajadores que hacen posible el evento sufren largas jornadas de explotación sin apenas derechos. Es habitual que los contratos sean irregulares, que los horarios sobrepasen lo legalmente permitido y que los salarios se cobren en condiciones de absoluta inestabilidad. A esto se suma la figura del «falso autónomo» en sectores como el montaje y desmontaje de casetas, donde muchos empleados trabajan realmente por cuenta ajena.

La patronal hostelera dispara sus beneficios en apenas una semana, mientras las y los trabajadores que hacen posible el evento sufren largas jornadas de explotación sin apenas derechos

Los datos confirman esta realidad: cada año, la Inspección de Trabajo detecta decenas de irregularidades en los contratos, pero el volumen de empleo temporal generado en estos días es tan grande que la impunidad sigue siendo la norma. La patronal de la Feria, compuesta en su mayoría por dueños de casetas privadas, bares y empresas de catering, sabe bien que hay una demanda de empleo dispuesta a aceptar condiciones abusivas con tal de llevar un salario a casa. Muchos de estos trabajadores son jóvenes, estudiantes o personas en situación de vulnerabilidad que no pueden permitirse rechazar un trabajo, aunque sea en condiciones indignas.

Mientras tanto, en el otro extremo de la balanza, la Feria de Abril es el escaparate de la opulencia sevillana. Grandes empresarios, familias de la burguesía local desfilan por las casetas privadas, reservadas solo para quienes pueden permitirse la cuota de socio o cuentan con los contactos adecuados. La Feria de Sevilla es la única gran fiesta popular del país donde el acceso a la mayoría de los espacios está restringido, convertida en un coto privado donde el dinero y la cuna determinan quién puede participar de la fiesta y quién sólo puede verla desde fuera.

El contraste es abrumador: mientras unos gastan cientos de euros en un solo día entre comida, bebida, paseos en coches de caballo y trajes de flamenca de diseño, otros encadenan turnos de más de doce horas sin apenas tiempo para descansar. Y todo ello con la connivencia de las instituciones, que protegen este modelo de Feria en lugar de garantizar unas condiciones de trabajo dignas para quienes la hacen posible.

La Feria de Abril debería empezar por respetar a quienes la sostienen. No basta con elogiar el «arte» y la «alegría» de la ciudad mientras se permite la explotación laboral sistemática en su principal evento

La lucha sindical ha intentado en varias ocasiones poner freno a esta explotación, exigiendo controles más estrictos y derechos laborales básicos, pero la respuesta de la patronal ha sido siempre la misma: excusas sobre la temporalidad del empleo y la inviabilidad de pagar salarios justos en un evento que dura solo una semana. Sin embargo, la realidad es que el margen de beneficio es enorme, y lo que falta no es dinero, sino voluntad de distribuirlo de manera justa.

Si la Feria de Abril se quiere presentar como una fiesta que representa a Sevilla, debería empezar por respetar a quienes la sostienen. No basta con elogiar el «arte» y la «alegría» de la ciudad mientras se permite la explotación laboral sistemática en su principal evento. La Feria es el espejo de la Sevilla de siempre: la de una minoría privilegiada que se divierte mientras la mayoría trabaja para hacer posible su fiesta. Una Sevilla que sigue dividida en clases, aunque la música de sevillanas intente silenciarlo.

(*) Concejal de IU en el Ayuntamiento de Sevilla

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