Gaceta Crítica

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Cuba, la solidaridad como bandera: Una respuesta al cinismo de Marco Rubio

Por Manu Pineda (miembro de la dirección del PCE y de Izquierda Unida) -eurodiputado de IU de 2019-2024), 31 de marzo de 2025

Las declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, contra las misiones médicas cubanas no son más que un eco del resentimiento ideológico, incapaz de reconocer la magnitud de un proyecto humanitario que ha salvado millones de vidas.

La historia de la humanidad está marcada por un contraste irreconciliable: la lucha entre quienes construyen puentes de solidaridad y quienes erigen muros de egoísmo. En este contexto, las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, contra las misiones médicas cubanas no son más que un eco del resentimiento ideológico, incapaz de reconocer la magnitud de un proyecto humanitario que ha salvado millones de vidas. Sus críticas, teñidas de envidia y odio, revelan una miopía moral que confunde el altruismo con la propaganda e ignora el valor de una ética revolucionaria basada en el servicio al prójimo.

Internacionalismo cubano: Medicina contra la indiferencia

Desde 1963, cuando Cuba envió su primera brigada médica a Argelia, la isla ha desplegado un ejército de batas blancas en más de 150 países. Estos profesionales no viajan con fusiles, sino con estetoscopios; no imponen condiciones económicas, sino que ofrecen atención en las zonas más remotas y vulnerables. Durante la pandemia de COVID-19, mientras las naciones poderosas acaparaban vacunas y recursos, más de 3700 médicos cubanos llegaron a 40 países, desde Italia hasta Sudáfrica, demostrando que la solidaridad no es una abstracción, sino un acto concreto. ¿Cómo se explica este compromiso? La respuesta reside en los principios fundacionales de la Revolución Cubana: un socialismo que entiende la salud no como un privilegio, sino como un derecho universal.

Ceguera ideológica: bloqueos vs. brigadas

Mientras Cuba exporta salud, Estados Unidos —con políticas respaldadas por figuras como Rubio— exporta intervenciones militares, sanciones económicas y apoyo a regímenes opresivos. El bloqueo contra la isla, vigente desde hace seis décadas, es un acto de crueldad que busca asfixiar no a un gobierno, sino a un pueblo. Paradójicamente, sin embargo, esta misma hostilidad ha agudizado el ingenio cubano: a pesar de la escasez material, la isla ha desarrollado sus propias vacunas contra la COVID-19 y mantiene uno de los sistemas de salud más eficientes del mundo, incluso bajo extrema presión. La obsesión de Rubio por demonizar a Cuba no oculta una verdad incómoda: su modelo no genera empatía, mientras que el internacionalismo médico cubano gana reconocimiento mundial.

El humanismo como legado revolucionario

La crítica de Rubio no se dirige solo a Cuba, sino a la idea misma de que un país pobre pueda ejercer un liderazgo moral. Para él, es incomprensible que médicos cubanos atiendan a pacientes en Haití, Pakistán o Brasil sin exigir un pago a cambio. Pero esa lógica mercantilista —donde incluso la vida humana tiene un precio— choca con la filosofía de la Revolución, que prioriza la dignidad colectiva sobre el beneficio individual. Los profesionales cubanos no son héroes por casualidad: son producto de un sistema que forma médicos con conciencia social, no con ambiciones de lucro. Su «pago» es la gratitud de quienes recuperan la vista gracias a la Operación Milagro, o de las madres que ven a sus hijos sobrevivir tras epidemias de ébola o cólera.

La arrogancia del poder vs. la fuerza de la ética

Marco Rubio es un personaje que ha hecho del odio a Cuba su modus vivendi. Representa a una élite política que mide el valor de las naciones por su poderío militar o su riqueza, nunca por su capacidad de servicio. Su odio y envidia hacia Cuba provienen de su incapacidad para comprender que la verdadera grandeza no se mide en dólares, sino en vidas salvadas. Mientras Estados Unidos gasta miles de millones en bombarderos invisibles, Cuba construye hospitales en Guinea-Bissau. Mientras Washington impone sanciones que matan de hambre a la gente, La Habana forma médicos de Honduras o Angola. La paradoja es clara: un país pequeño, asediado y calumniado, muestra al mundo que otro modelo es posible. Y aunque pueda quemar a Rubio, esa lección de humanismo —nacida del socialismo— perdurará como un desafío a la arrogancia del imperio.

Fuente CUBADEBATE.

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