Gaceta Crítica

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La lucha vecinal de Torre Baró, ejemplo de cambio socialen el tardofranquismo

A propósito de la pelicula «El 47», (Revista NUESTRA BANDERA) Willy Meyer, 29 de Marzo de 2025

RESUMEN: La experiencia vivida por los y las vecinas de Torre
Baró, inmigración asentada en los años setenta en las afueras de 97 Barcelona, representa, desde la autoconstrucción de sus vivien-
das, las luchas para conseguir agua, saneamientos, electricidad
y transporte, un ejemplo de lo que fueron las luchas vecinales,
el movimiento vecinal, en el tardofranquismo y el cambio social conseguido a nivel local y general, en un contexto de falta de libertades y los comienzos de la democracia. Se trata, desde la
teoría del conflicto y de la acción social y su impacto en el cam-
bio social, de analizar cómo las protestas y los movimientos so-
ciales pueden ser estudiadas como respuestas colectivas a las injusticias y desigualdades percibidas dentro de una sociedad.

La película El 47 o la génesis de un movimiento social

El director y coguionista de la obra, Manuel Barrena (2024), cuenta la his- toria de las vicisitudes de un colectivo de inmigrantes llegados a Barcelo- na en los años cincuenta para asentarse en el entonces paraje de Torre Baró, el

proceso de la autoconstrucción de sus frágiles viviendas y las posteriores lu- chas para conseguir su urbanización y el transporte público durante los perio- dos de la dictadura y comienzo de la democracia. Se centra en el personaje de Manuel Vital, inmigrante extremeño, sus iniciativas para organizar las luchas vecinales y su «secuestro» de la línea del autobús metropolitano 47 en 1978, para reivindicar la llegada del trasporte público a Torre Baró. La película es una obra comercial que destaca por su honestidad, calidad y acierto. No pretende ser un documental ni un filme políti- co, por lo que su contenido y análisis son limitados, ya que ese no era el ob- jetivo del director.

El contexto político y social

Sídney G. Tarrow (2020, p. 324) señala que «la movilización es tal vez el pro- ceso más básico en el estudio de los movimientos sociales, ya que sin ella no tendría lugar ninguna acción colec- tiva. Está relacionada con procesos de cambios generales que afectan a los descontentos y a las autoridades». El proceso de movilización y cambio so-

98 cial que se origina en Torre Baró tiene que ver con un contexto político de falta de libertades, que origina un enfrentamiento desde el origen del asentamiento de los inmigrantes con las autoridades, por reclamar reivindicaciones relacionadas con los servicios básicos en sus viviendas. De Miguel Sánchez y Llorente Zurdo (Universidad de Alcalá, 2015) atribuyen el éxito de los movimientos ciudadanos en los años setenta a tres factores: «el descontento social por el desarrollo de barrios más equipados y conectados, la apertura hacia una democratización creciente del régimen y la existencia de un verdadero sentimiento de vecin- dad e identidad apoyado en una estructura social muy polarizada…». La pelí- cula describe los problemas sociales derivados de la inmigración del campo a la ciudad de los años cincuenta. Según el INE (Anuario Estadístico 1945-1975), las familias rurales con destino al medio urbano fueron las grandes protago- nistas del movimiento migratorio en España de 1950 a 1975. El descontento social del colectivo de inmigrantes asentados en Torre Baró fue el motor de la protesta social y la oportunidad (Tarrow, 2020, p. 279) que se percibía al consi- derar que mediante la movilización se podrían conseguir sus reivindicaciones.

Teoría del conflicto

Para K. Marx, el conflicto social surge principalmente de la contradicción entre los intereses de la clase trabajadora (proletariado) y la clase dominante (burguesía). Según Marx, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de 99 clases, y este conflicto es fundamental para el cambio social (Manifiesto comunista, 2012, p. 13). G. Simmel analiza el conflicto como una de las formas funda- mentales de interacción social. Para Simmel, el conflicto no es exclusivamente destructivo, sino que tiene un papel crucial en la cohesión social y el desarrollo de estructuras grupales, «al igual que el cosmos, para tener forma, necesita “amor y odio”, fuerzas de atracción y de repulsión, la sociedad necesita un com- binado de armonía y disonancia, de asociación y lucha, de simpatía y antipa- tía para definir su forma» (2013, p. 17). Desde esas miradas del conflicto social, Manuel Castells y Henry Lefebvre aportan análisis críticos del fenómeno urba- no. El primero, en su obra La cuestión urbana (1972), formula que la ciudad no se puede comprender de forma independiente, sino como resultado de las in- teracciones sociales en los procesos de producción y como un ámbito impor- tante en los conflictos de clase dentro del sistema capitalista. Lefebvre (1969, p. 159), también desarrollando la idea de la cuestión urbana como continuación de la lucha de clases: «El derecho a la ciudad se manifiesta como una forma su- perior de los derechos: derecho a la libertad, a la individualización en la socia- lización, al hábitat y al habitar. El derecho a la obra (a la actividad participante) y el derecho a la apropiación (muy diferente al derecho de la propiedad) están imbricados en el derecho a la ciudad». Durante los años setenta en España, las movilizaciones vecinales en los barrios obreros encontraron en las ideas de Le- febvre una herramienta clave para comprender sus demandas de servicios bá- sicos, vivienda adecuada y mayor participación política. Estas reivindicaciones desafiaron un modelo urbano que fomentaba la segregación y la alienación, al tiempo que ayudaron a forjar una esfera pública más democrática.

El habitus de los y las participantes en la movilización social

Bourdieu se refiere al habitus como las estructuras internas de percepción y ac- ción que guían el comportamiento de las personas en función de su posición dentro de la sociedad. «A cada clase de posición corresponde una clase de ha- bitus (o de aficiones) producidos por los condicionamientos sociales asociados a la condición correspondiente» (1997, p. 19). Bourdieu retoma de Marx la idea de que las condiciones materiales y sociales influyen en la organización de la vida de las personas, aunque agrega componentes que hacen más compleja esta conexión. Para Marx, «el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia» (1989, pp. 7-8). Esos condicionantes sociales son los que afectan a los y las protagonistas del asentamiento de Torre Baró. Inmigrantes, trabajadores precarios y excluidos socialmente de sus lugares de origen por falta de trabajo.

El propio personaje central de la película, Manuel Vital, lo relata en una entrevista a Nou Barris TV:

De manifestaciones aquí, una legales y otras ilegales recuerdo todas porque lle- vo viviendo desde el 51 aquí, cuando todo era monte [0:58]. Cuando esto se em- pezó a poblar, entre extremeños, andaluces, gallegos, todos los que veníamos, bien dicho expulsados de otros lados para trabajar aquí porque esto suele ser un acuerdo del capital que cuando nos necesita, el trabajador somos como el agua en una espuerta que nos traslada de un lado para otro [1:14]. […] me pue- do recordar las reuniones antifranquistas debajo de los pinos [5:16].

El asesinato de su padre, Diego Vital, contable del ayuntamiento de Valencia de Alcántara, cometido por las tropas sublevadas franquistas en otoño de 1936, le marcó profundamente. Según su nieta Joana Vital a de- claraciones a El Diario (16/10/2024), «mi abuelo hablaba de lo sucedido por- que para él fue muy importante, le dio mucha fuerza y dignidad para llevar a cabo otras cosas en su vida, como el secuestro del 47». El cuerpo de Diego Vital fue arrojado a las profundidades de la mina Terría junto a medio cente- nar de hombres.

La acción social reivindicativa de Manuel Vital, como tantos y tantas lu- chadoras de la época, está condicionada por su habitus en un contexto de fal- ta de libertades y una fuerte represión de la dictadura. Puede inscribirse esa acción en lo que Max Weber denominaba «acción social racional con arreglo a valores: «Determinada por la creencia consciente en el valor-ético, estéti- co, religioso o de cualquier otra forma de como se le interprete propio y ab- soluto de una determinada conducta, sin relación alguna con el resultado, o sea puramente en méritos de ese valor» (1993, p. 23). Estamos, pues, ante un colectivo de personas inmigrantes que, en palabras de Manuel Vital, se con- sideraban «expulsadas» de sus lugares de origen y manipuladas por el capi- talismo. Un colectivo con conciencia de pertenencia a una clase explotada y marginada, una conciencia que crearía en 1951 entre las personas asentadas en Torre Baró, lazos de solidaridad y fraternidad para hacer frente a las au- toridades, en ese momento de la dictadura, en sus intentos de impedirles la construcción de sus chabolas.

Génesis y desarrollo del movimiento vecinal de Torre Baró

a) Los primeros enfrentamientos con las autoridades

En el origen del asentamiento del colectivo de inmigrantes en Torre Baró,
surge el primer enfrentamiento con las autoridades al intentar construir sus chabolas. Bajo el epíteto común de chabolas y chabolismo, fueron conocidas 101 una amplia gama de construcciones de infravivienda que poblaron las peri-
ferias de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona. En Barcelona se de-
nominó barraquismo a ese fenómeno que, según Joan Roca i Albert, «es una modalidad de infravivienda, sí, pero con características propias, sobre todo
cuando pasa a ser un fenómeno urbano extenso, con formas de socorro mu-
tuo y de reivindicación específicas dentro del barrio» (2011, p. 14). Según las ordenanzas municipales y la ley del suelo de entonces, si las autoridades de- tectaban que se construía ilegalmente una chabola procedían a su derribo,
salvo que durante la noche consiguieran techarla. Esta fue la primera acción
solidaria de los vecinos que capta la película: ayudar a construir entre todos
los vecinos las paredes de una de las chabolas y techarla antes de la llegada
de la policía. Se gestaba así los primeros lazos solidarios de ese colectivo que
serían la base de su futura autoorganización y de las acciones colectivas para
mejorar sus condiciones de vida. Comenzaba, lo que Tarrow denomina la ac-
ción colectiva contenciosa,
que «se convierte en contenciosa cuando es utili-
zada por gente que carece de acceso regular a las instituciones, que actúa en
nombre de reivindicaciones nuevas o no aceptadas y que se conduce de un
modo que constituye una amenaza fundamental para otros o para las auto- ridades» (2020, p. 34).

El director Manuel Barrena centra la acción del secuestro del autobús 47 como una iniciativa personal de Manuel Vital para conducirlo hasta Torre Baró y demostrar así que, pese a las fuertes pendientes de los accesos, era posible trasportarlo, en contra de la opinión de las autoridades municipales. De for- ma tangencial, en la película aparece el papel de las asambleas vecinales, de la Asociación de vecinos y de la condición de sindicalista de Vital. Es lógico que Manuel Barrena, el director, centre toda la atención de los espectadores en la acción de Vital porque desde el punto de vista cinematográfico es un recur- so más dramático que «diluirla» en una acción colectiva. En los relatos de ac- ciones ciudadanas que han promovido cambios sociales, hay una tendencia a centrarse en los liderazgos en lugar de los colectivos que organizan y deciden las acciones que precipitan cambios. Es el caso de Rosa Parks, afroamericana, cuando el 1 de diciembre de 1955 en Montgomery (Alabama), se negó a ceder su asiento en el autobús que viajaba a un blanco tal y como exigían las leyes segregacionistas. Rosa Parks fue detenida desencadenando un fuerte movi- miento por los derechos civiles, considerándola posteriormente un icono de la lucha contra el segregacionismo. La realidad, como en el caso de Manuel Vi- tal, es que sus actuaciones, lejos de ser acciones individuales, fueron decisio- nes colectivas, decididas y planificadas en reuniones específicas. Rosa Parks pertenecía a la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color y su acción de negarse a ceder el asiento del autobús a un blanco fue decidida y apoyada colectivamente. Es decir, que son acciones que las ejecutan líderes por decisión colectiva de sus organizaciones.


b) Del enfrentamiento a la organización

Los vecinos de Torre Baró constituyeron una Asociación de Vecinos en 1970 (Ayuntamiento de Barcelona), durante la dictadura. En ese periodo, tanto el movimiento obrero clandestino como las asociaciones vecinales utilizaban los escasos cauces que permitía el régimen para organizarse. Las Comisiones Obreras nacen utilizando el sindicato vertical franquista para elegir a sus re- presentantes y las asociaciones vecinales utilizaron el marco legal para des- bordarlo con sus acciones reivindicativas. A la pregunta de por qué la gente de Torre Baró se organizó, Tarrow (2020, p. 39) obtiene una respuesta generaliza- da en relación con el motivo por el que la gente se aglutina: «plantear exigen- cias comunes a sus adversarios, a los gobernantes o a las élites […] en la base de las acciones colectivas se encuentran intereses y valores comunes o coinci- dentes». Las exigencias e intereses comunes en el caso de los y las vecinas de Torre Baró se circunscribían en un primer momento a la salubridad: alumbra- do, alcantarillado, recogida de basuras y reformas estructurales de las vivien- das para superar las fragilidades de las chabolas.

En ese primer escalón de reivindicaciones, la asociación de vecinos desa- rrolla las fases de toda acción colectiva para exigir de las autoridades el cum- plimiento de sus demandas.

El repertorio de acciones en esa fase es variado. Recogida de firmas, mani- festaciones, divulgación de octavillas y carteles reivindicativos para popularizar sus demandas y reclamar solidaridad de otros barrios y organizaciones sociales. La movilización pretende presionar a las autoridades en el momento que se inicia la negociación y esta puede terminar en éxitos o fracasos.

Éxitos o fracasos Movimiento Acciones y Negociación vecinal Demandas protestas con las autoridades

c) Convergencia de movimientos por sus derechos y contra la dictadura

La asociación de vecinos de Torre Baró desarrolló su actividad bajo la dicta-
dura, de 1970 a 1977. En ese periodo las luchas vecinales por reivindicaciones
locales convergían con otros movimientos sociales y partidos clandestinos
en la exigencia de acabar con la dictadura y conquistar la democracia. La de- 103 manda de «libertad, amnistía y estatuto de autonomía» era secundada por

todos los movimientos y partidos en ese periodo convirtiendo las luchas lo- cales o sectoriales en demandas también políticas de exigencia de libertad. Muchas de las personas del movimiento vecinal eran trabajadores industria- les o de servicios y miembros activos o simpatizantes de las CCOO, como en el caso de Manuel Vital, que además de ser el presidente de la asociación de vecinos era miembro de las CCOO en la empresa Transportes de Barce- lona S. A. (TB). Esa coincidencia facilitó la coordinación entre ambos movi- mientos, que generalmente se producía en reuniones de las iglesias de barrio donde se concretaban acciones comunes contra la especulación inmobiliaria, la falta de servicios públicos y la denuncia de la falta de libertades. Un ejem- plo de esa convergencia fueron las movilizaciones conjuntas del movimien- to vecinal y del movimiento obrero al Plan Comarcal de 1976, que pretendía una urbanización descontrolada y especulativa. Ricard Martínez i Muntada (2011, p. 63) señala que la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB) denunciaba entonces que «la presión de los industriales para desa- fectar sus terrenos previstos para equipamiento da lugar a un duro enfrenta- miento entre el sector industrial y el vecindario en la lucha por el espacio». Este autor hace referencia a que la resistencia a la especulación y la exigencia de que el suelo tuviera un destino social fueron elementos fundamentales en los conflictos urbanos. En este contexto, el movimiento identificó como su principal oponente a los intereses privados representados por las empresas constructoras e inmobiliarias, que simbolizaban las dinámicas especulativas en oposición al bienestar colectivo.

El profesor de la Universidad Au- tónoma de Barcelona Manel Már- quez, en un artículo publicado el 1 octubre de 2024 en El Salto, señala que El 47 es una historia de acción que deja de lado al héroe colectivo y a las organizaciones fundamen- tales en las luchas sociales de los años sesenta y setenta bajo la dic- tadura franquista, como el sindica- to de CCOO y el PSUC, el partido de los comunistas catalanes en el que Manuel Vital militaba y com- batía contra el régimen. En el ar- tículo antes referido del profesor Márquez, citando al historiador Marc Andreu Acebal, nos recuer- da que tanto Manuel Vital como su hijo Manuel Ángel fueron pro- cesados por el Tribunal de Orden Público del régimen franquista. En 1969, el hijo fue sentenciado a un año y medio de prisión por reali- zar propaganda ilegal y pertenecer a una célula de CCOO.

Por su parte, el padre, acusa- do en 1974 de haber colocado una bandera roja con la hoz y el martillo en el castillo de Torre Baró, fue ab- suelto por falta de pruebas. Toda la acción del movimiento vecinal no se puede entender sin la dinámica del compromiso político y sindical de una parte de sus componentes que, desde reivindicaciones locales, estaban comprometidos, desde las organizaciones clandestinas de las Comisiones Obreras y del Partido Socialista Unificado de Cataluña

d) La militancia política, sindical y vecinal, componentes de la acción social

(comunista), en la lucha contra la dictadura para alcanzar la libertad. Como re- cordaba recientemente Andreu Claret (El Periódico, 19/11/2024), «uno de cada cuatro vecinos de Torre Baró votó al PSUC —partido en el que militaba Vital— en las primeras elecciones democráticas» .

Es en ese marco de actuación social donde los vecinos y vecinas de Torre Baró se organizan, no solamente para conseguir un cambio de sus condiciones materiales, urbanísticas y de comunicación, sino en la perspectiva de contribuir a un cambio político y social más general como era el poner fin a la dictadura franquista. Manuel Barrena, el director de la película, centra el secuestro del autobús por parte de Manuel Vital como una acción y decisión heroica perso- nal de un dirigente vecinal que está dispuesto, con su gesto, a reivindicar la lle- gada de una línea regular del transporte urbano a Torre Baró. La realidad, como ya indicamos anteriormente, es que ese secuestro fue decidido colectivamente en la asociación de vecinos y apoyado tanto por las CCOO como por el PSUC.

e) El secuestro del autobús y sus consecuencias

Desde finales de los años sesenta, los vecinos de Torre Baró demandaban lí- neas de autobús que conectaran el barrio con otros servicios de transporte. Sin embargo, tanto la Compañía de Transportes como el Ayuntamiento de Barce- lona rechazaban la propuesta, argumentando que las malas condiciones de las calles, caracterizadas por su estrechez, curvas y pendientes, hacían impo- sible el paso de autobuses. Ante esta situación prolongada, el 6 de mayo de 1978, previa reunión mantenida en su asociación de vecinos, Manuel Vidal se reunió con miembros del PSUC y CCOO para tratar el tema (Marc Andreu, El País, 19/9/2024).

Al día siguiente, mientras realizaba su trabajo habitual como conductor de un autobús Pegaso Monotral articulado en la línea 47, tomó una decisión ra- dical. Tras completar dos recorridos entre la plaza de Cataluña y la Guineueta, se detuvo en una cabina telefónica cerca del paseo de Valldaura, llamó a su es- posa y le anunció: «Allá voy». Luego, secuestró el autobús y lo condujo por la carretera Alta de las Roquetes hacia Torre Baró. A bordo iba también el cobra- dor, quien no opuso resistencia, mientras vecinos de distintas barriadas se su- maban al trayecto en apoyo a la acción reivindicativa.

La película describe bien tanto su detención como el procesamiento judi- cial posterior al ser acusado del secuestro del 47. La acción de Vital dejó claro a las administraciones que era viable llevar el transporte público hasta Torre Baró. La empresa intentó despedirlo sin compensación, pero la movilización de los vecinos logró que fuera reincorporado. Con el tiempo, la línea 47 fue extendiéndose hasta que, en 1980, Torre Baró finalmente tuvo acceso al servicio de autobús.

Bibliografía

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Márquez, Manel (1/10/2024), «El 47 y los nadie de la historia», El Salto.

Martínez i Muntada, Ricard (2011), «Mo- vimiento vecinal, antifranquismo y anti- capitalismo», Historia, Trabajo y Sociedad, n.o 2, 2011, pp. 63-90.

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