Guillem Pujol, 3 de Febrero de 2025
Las movilizaciones de cientos de vecinos del Eixample de Barcelona han dado resultado: el primer desahucio programado en la Casa Orsola se ha detenido. Sin embargo, ya hay una nueva fecha prevista: el próximo martes a primera hora de la mañana. (La última hora de hoy mismo es que se aplaza el deshaucio del martes 4 de Febrero hasta el 18 de Febrero)
A veces, ciertos espacios resultan mucho más que el marco de una lucha puntual; se convierten en símbolos de reivindicaciones colectivas. La Casa Orsola es uno de esos casos. Situada en el cruce de la calle Consell de Cent con la calle Calàbria, este edificio se ha convertido desde 2021 en el epicentro de una de las principales luchas inquilinos en la ciudad. Todo empezó cuando el fondo de inversión Lioness lo adquirió sin efectuar reforma alguna, con el objetivo de esperar la caducidad de los contratos de alquiler para transformarlos en contratos de temporada a precios que triplicaban los anteriores.
Josep Torrent, uno de los vecinos afectados, debía ser el primer desalojado. Residente desde hace 23 años y pagando un alquiler de 700 euros, su desahucio estaba previsto para hoy. Sin embargo, la resistencia vecinal ha impedido que éste se llevara a cabo.

Una mañana de lucha colectiva
Desde primera hora de la mañana, más de un centenar de personas se habían concentrado frente al edificio. Algunas incluso habían pasado la noche. Mireia, estudiante de 24, explicaba: “Vinimos ayer, estamos aquí hoy y nos quedaremos el tiempo que haga falta”. Entre la joven multitud, que en su mayoría no superaba la treintena, también había personas como Toni, un activista de unos 60 años implicado con el Sindicato de Alquiladoras. «He estado en otros desahucios y hoy vengo a defender la Casa Orsola», afirmaba con convicción.
A medida que se aproximaban las 10:00 h, a treinta minutos de la hora prevista para la llegada de la comitiva judicial, el ambiente se volvía cada vez más tenso y expectante. Los gritos de “Casa Orsola, ¡no estás sola!” resonaban con fuerza. Marta Ill-Raga, portavoz del Sindicato de Alquiladoras, se dirigía a los concentrados con un megáfono en la mano: “José no está solo; lo apoyamos todos juntos desde hace tres años. Somos una comunidad que se cuida”.

Cuando finalmente la comitiva judicial ha hecho acto de presencia, ha sido recibida con gritos de «Vergonya, vergonya!» y “¡Gente sin casa y casas sin gente!”. La presión vecinal, combinada con la elevada presencia de medios de comunicación, ha vuelto a ser determinante.
Poco después de las diez y media, las noticias esperadas llegaban: el desahucio quedaba suspendido. Según explicó Enric Aragonès, también portavoz del Sindicato de Alquiladoras, la comitiva judicial había decidido dar marcha atrás porque “había demasiada gente obstaculizando y demasiada prensa mirando”. Este episodio deja en evidencia la postura de las autoridades judiciales respecto al derecho a la vivienda: parece que sólo la presión social y mediática logra detener un sistema que prioriza los intereses de los fondos de inversión por encima de las necesidades de los vecinos.

Una victoria temporal
Tras la suspensión, varios representantes del Sindicato de Alquiladoras ha tomado de nuevo la palabra desde el balcón de la Casa Orsola, destacando la importancia de sindicarse y recordando que «la solución es nuestra, es del pueblo». Pero los discursos también han ido más allá de la estricta defensa del derecho a la vivienda, incidiendo en problemáticas sociales más globales: “Hay que enfrentar el miedo, porque cuando no lo hacemos es la puerta de entrada al fascismo y al extrema derecha. No faltan casas, sobran rentistas. No sobran personas, sobran rentistas. El problema de la vivienda no es la inmigración”. Estas palabras, recibidas con una ovación retronante, sintetizan la esencia de esta lucha: solidaridad, resistencia y dignidad colectiva.

La batalla por la Casa Orsola no ha terminado. A pesar de esta victoria temporal, el desahucio de Josep sigue programado. Pero lo que ha ocurrido hoy es un aviso: la organización comunitaria puede marcar la diferencia. La Casa Orsola ya no es sólo un edificio; es un símbolo de cómo la unión vecinal puede hacer frente a la mercantilización de la vivienda. Lo que ocurra en las próximas semanas puede ser determinante para muchas otras luchas similares en toda la ciudad y del territorio.
Guillem Pujol. Licenciado en Ciencias Políticas (UPF), MSc en European Politics and Policies en la University of London, Birkbeck College y Doctor en Filosofía con mención Cum Laude (UAB). Co-autor del libro «Cartha on Making Heimat» (Ed. Park Books). Director del medio Cataluña Plural.
GACETA CRÍTICA, 3 DE FEBRERO DE 2025
Deja un comentario