Jaume Bosch (Catalunya Plural), 3 de Febrero de 2025
2025 es una buena oportunidad para desmontar los discursos que pretenden blanquear el franquismo y para denunciar su complicidad con el nazismo y el fascismo. Recordar los horrores de los campos nazis y el fin de la Segunda Guerra Mundial debe ser también un estímulo para luchar contra la expansión de la extrema derecha en nuestro país, en Europa y en América. Recuperar la historia de Josep Miret, y contársela a la gente joven, nos puede ayudar en unos objetivos que él habría compartido.
Esta primavera se conmemora el 80 aniversario de la liberación del campo nazi de exterminio de Mauthausen. En 2025 se recuerda también el fin de la Segunda Guerra Mundial. Una representación de la sociedad civil catalana, encabezada por la Amical de Mauthausen y otros campos, estará presente el mes de mayo en Austria para asistir a los actos que se han organizado. El anuncio de la conmemoración llega acompañado de una buena noticia: el genocida Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, no podrá asistir después de que el Tribunal Penal Internacional haya ordenado su detención.
Josep Miret, un consejero de la Generalitat asesinado en Mauthausen
Este año será un buen momento para rendir homenaje a todas las víctimas del nazismo y, en concreto, a las catalanas. Pero quizás sería la oportunidad de recordar también una figura de nuestra historia no suficientemente reivindicada. Cataluña sufre el triste hito histórico de que Lluís Companys fuera el único presidente democrático europeo asesinado durante la Segunda Guerra Mundial, tras ser detenido por las tropas nazis en Francia y ejecutado por la dictadura franquista en Montjuïc en 1941. No es tan conocido Sin embargo, que un consejero de su Gobierno, Josep Miret, moriría tres años más tarde, en noviembre de 1944, en el campo nazi de Mauthausen, después de haber sido herido en un bombardeo aliado, y posteriormente asesinado por un guardia de las SS.

Josep Miret Musté (Barcelona, 1907), firme defensor de la unidad de las izquierdas, era miembro del Partido Socialista Unificado de Cataluña, partido al que se afilió proveniente de la Unión Socialista de Cataluña (USC), una de las cuatro organizaciones que fundaron el PSUC en 1936. Había sido secretario general de las Juventudes de la USC. Fue colaborador de Joan Comorera, quien fue consejero de la Generalitat y secretario general del partido. Estaba identificado con el sector más catalanista del PSUC, lo que explicaría que el Partido Comunista de España (PCE) nunca le haya acabado de considerar uno de los suyos. En 1937 fue nombrado Consejero de Abastecimientos de la Generalitat: sólo ejerció el cargo unas semanas hasta que, después de los Hechos de Mayo durante los que mantuvo fiel a la Generalitat junto a ERC y el PSUC, fue destinado al frente a Aragón como comisario político, pero es innegable que fue consejero del Gobierno de nuestro país. Era un gran aficionado al rugby y fue jugador del equipo de la sección del FC Barcelona de este deporte.
Tras la derrota de la República se sumó a la resistencia francesa contra la ocupación nazi. El 30 de noviembre de 1942 fue detenido en París. El 16 de agosto de 1943, Josep Miret fue trasladado a Alemania y recluido en Mauthausen-Gusen, en concreto a uno de sus subcampos, el de Floridsdorf, donde participó en acciones de sabotaje en la fabricación de armas. En noviembre de 1944, unos meses antes de la liberación del campo, sería asesinado. Su hermano, Conrad, líder de la guerrilla urbana de la capital, había sido ejecutado en la cárcel de La Santé en París en 1942: una placa recuerda a Conrad Miret como “muerte por Francia”, según acuerdo adoptado por unanimidad l 2013 por los grupos políticos presentes en el Consejo de París; otra placa fue instalada en el 2018 en el edificio que había sido su domicilio, en la calle Aribau de Barcelona, por el Ayuntamiento presidido por Ada Colau.
De Montserrat Roig a Rosa Toran
Josep Miret aparece citado en el libro de Montserrat Roig «Los catalanes en los campos nazis» (Edicions 62, 1977). Según confesaba la propia autora, Josep Benet la “envolvió” a escribir una obra, publicada durante la transición, que fue fundamental para entender una parte esencial de nuestra historia que había estado escondida durante la dictadura. Artur London, en la Presentación del libro, explica las circunstancias de la detención y muerte de Miret a quien define como “ministro de la Generalitat”. Y Montserrat Roig le cita en dieciséis páginas distintas.
Durante los años de gobiernos convergentes, la recuperación de la memoria democrática no entró en las prioridades de Jordi Pujol. Hubo que esperar al gobierno catalanista y de izquierdas para que el consejero de Relaciones Institucionales y Participación, Joan Saura, junto al Amical de Mauthausen, retendido, en el campo de Ebensee, en 2005, un primer homenaje oficial a Josep Miret, en el transcurso de los actos del 60 aniversario de la liberación de los campos nazis, Saura afirmó que le resultaba «sorprendente» que un ex conseller de la Generalitat como Miret no hubiera sido homenajeado por el Govern con anterioridad, lo que va atribuir a «una situación de olvido generalizado y amnesia histórica» durante los años posteriores al franquismo. Fue la primera vez, veinticinco años después de las elecciones al Parlamento de Cataluña de 1980, cuando un consejero de la Generalidad participaba en un acto similar.
La figura de Miret fue objeto de un libro publicado por la historiadora Rosa Toran, Josep Miret Musté (1907-1944). Consejero de la Generalitat, deportado y fallecido en Mauthausen. Militancia política, acción institucional y lucha antifascista” (Ediciones 62, 2017) con prólogo del catedrático Josep Fontana. Rosa Toran nos permite acercarnos a la trayectoria vital y política de Miret, hasta su muerte a manos de Hans Bühner. miembro de las SS.
El Ayuntamiento de Barcelona había bautizado con su nombre una calle en el barrio de Sant Martí, en 1984, siendo alcalde de la ciudad Pasqual Maragall, cuando el PSUC tenía en el consistorio tres de sus dirigentes: Jordi Solé Tura, Jordi Borja y Jordi Conill. Y más recientemente, en 2023, se decidió dedicarle uno de los adoquines llamados “Stolpersteine” en memoria de la víctimas del nazismo, en la calle Aribau, después del trabajo realizado por el alumnado del Instituto Teresa Pàmies.
El 80 aniversario de la liberación de los campos nazis sería un buen momento para que el Gobierno de la Generalitat, el Parlament, y también en el ámbito deportivo el FC Barcelona, recuperaran con mayor decisión la personalidad de Josep Miret y su trayectoria al servicio de la libertad. Desde hace años, el historiador y responsable del Archivo del PSUC, Marià Hispano, reivindica la instalación de una placa en el Palau de la Generalitat, que recuerde la figura de ese consejero del gobierno catalán. En cualquier caso, este 2025 debería plantearse la celebración de un acto de reconocimiento institucional y de país en su memoria. Sería de justicia, pero también la oportunidad de poner en valor una figura que aporta prestigio europeo e internacional a la lucha de Cataluña por la libertad.
Las políticas de memoria, eje de la confrontación izquierda-derecha
Hoy, la Memoria Democrática en relación con el franquismo y la dictadura se configura como un elemento clave en la distinción entre las fuerzas progresistas y la derecha y la extrema derecha. El PP y Vox han emprendido una lucha enconada contra las políticas públicas de Memoria. Ahora se niegan a participar en los actos en recuerdo de la etapa que, en medio de incontables movilizaciones sociales y políticas que reivindicaban la democracia, se abrió en España hace cincuenta años con la muerte del general Franco. Un grupo de supuestos intelectuales conservadores, incluidos algunos ex socialistas arrepentidos, se oponen a la conmemoración y denuncian «la mistificación histórica y su miserable recurrencia a la Guerra Civil ya la memoria histórica». La derecha no quiere recordar porque tiene mucho que esconder y porque, en buena parte, es heredera de los sectores que apoyaron a la dictadura. En los últimos meses se han producido episodios vergonzosos como el protagonizado por el presidente del Parlamento balear, Gabriel Le Senne, de Vox, desgarrando la fotografía de Aurora Picornell y Ses Roges des Molinar, asesinadas por los falangistas en 1937. PP y Vox quieren sustituir las Leyes de Memoria de diversas comunidades autónomas por leyes llamadas cínicamente «de Concordia».
2025 es una buena oportunidad para desmontar los discursos que pretenden blanquear el franquismo y para denunciar su complicidad con el nazismo y el fascismo. Recordar los horrores de los campos nazis y el fin de la Segunda Guerra Mundial debe ser también un estímulo para luchar contra la expansión de la extrema derecha en nuestro país, en Europa y en América. Recuperar la historia de Josep Miret, y contársela a la gente joven, nos puede ayudar en unos objetivos que él habría compartido.
Jaume Bosch
Abogado. Exdiputado en el Parlamento. Ponente del Estatut de 2006
Deja un comentario