
Francesco Ravelli, 26 de Diciembre de 2024
A menudo, en los últimos años, hemos dicho que nos enfrentamos a una nueva fase histórica, en la que las contradicciones sistémicas se desarrollan rápidamente y aumentan constantemente: crisis del modo de producción capitalista, aumento constante de la tensión bélica, genocidio del pueblo palestino, crisis medioambiental, violencia sistémica (desde la explotación de clase desenfrenada hasta la violencia de género).
Frente a estos procesos, en los que desempeña un papel regresivo, un Occidente en crisis de hegemonía intenta desesperadamente relanzarse en el plano ideológico, representándose como la civilización más avanzada, un «jardín» armonioso asediado por la «jungla» (barbarie, autocracias, pueblos pasivos y atrasados).
En este contexto, y precisamente por la necesidad de dar cuerpo a una hipótesis de salida de esta grave y profunda crisis y de combatir eficazmente las armas ideológicas del adversario, el estudio y la elaboración del marxismo, es decir, de una cosmovisión todavía capaz de explicar los procesos en curso y de indicar una perspectiva alternativa de la sociedad, asumen una renovada centralidad teórica y política.
La nueva edición en italiano del texto fundador, del pilar fundamental del marxismo, el primer libro de El Capital de Karl Marx, editado para Einaudi (en la prestigiosa serie I millenni) por Roberto Fineschi, que ha coordinado un equipo de traductores formado, además de por él mismo, por Stefano Breda, Gabriele Schimmenti y Giovanni Sgro’, resulta por tanto especialmente oportuna.
Esta edición es el resultado de décadas de trabajo abierto sobre los textos marxianos en el marco del proyecto de la nueva edición histórico-crítica de las obras de Marx y Engels, el MEGA2, del que Fineschi, estudioso y compañero con el que hemos tenido el placer de colaborar durante años, es uno de los protagonistas.
Sobre la fisonomía y las adquisiciones de este trabajo filológico, que está sacando a la luz nuevos textos y sobre todo aclarando algunas coyunturas fundamentales de la reflexión de Marx, nos remitimos al trabajo de Roberto y entretanto al discurso de Francesco Ravelli, publicado más abajo, en la presentación de El Capital celebrada el 21 de noviembre en el club OST Barriera de Turín.
Lo que nos gustaría subrayar aquí es el alcance político de este trabajo de recuperación y profundización de los fundamentos del marxismo, que de hecho es también necesariamente una operación política, un elemento de la lucha de clases en el terreno de la teoría, en el plano de las ideas. De hecho, se trata de captar en Marx no a un «clásico», un pensador ciertamente de indudable profundidad pero en definitiva relegado a las polvorientas estanterías de una librería anticuaria o clasificable en una historia doxográfica de la filosofía moderna, sino más bien a un teórico actual, cuyo análisis sienta las bases para comprender el mundo en que vivimos, a partir de ese modo de producción capitalista, aún hoy dominante, del que supo captar la trama profunda del movimiento, el núcleo estructural.
El pensamiento de Marx (y de Engels) es el acto fundador de una concepción del mundo que, por su propia naturaleza, no puede cerrarse en sus escritos, pero cuya elaboración ha sido continuada en la historia del marxismo y del movimiento comunista, y debe reanudarse y continuar hoy en la teoría y la práctica revolucionarias.
Se trata de una concepción «fuerte», basada en el punto de vista de la totalidad, estructuralmente opuesta a la lógica burguesa, liberal y posmoderna que, por una parte, permanece aprisionada en el «mito de lo dado», descuidando el carácter histórico de la realidad, y, por otra, ve el mundo como un «laberinto» en última instancia incomprensible en su totalidad, y mucho menos sustancialmente modificable.
En la concepción marxiana del mundo, en cambio, se capta la tensión hacia el conocimiento del mundo social en su totalidad, compuesto de partes en relación unas con otras; la traducción de esta teoría en praxis toma entonces la forma del objetivo de modificar el mundo en un sentido revolucionario, no sólo en uno de sus sectores, sino con una verdadera sustitución de un modo de producción, de una formación económico-social, de una concepción del mundo por otra, la socialista.
Sin teoría revolucionaria, como nos enseña Lenin, no es posible ninguna acción política revolucionaria. Hoy más que nunca, en un capitalismo y en un Occidente crepusculares, la batalla sobre la teoría, sobre la «ideología» entendida precisamente, gramscianamente, como concepción del mundo, es un aspecto crucial de la lucha de clases más amplia, convertida ahora en lucha por la reanudación de un proceso racional de desarrollo humano.
Fuente: Contropiano, 7 de diciembre de 2024 (https://contropiano.org/fattore-k/2024/12/07/per-una-teoria-del-conflitto-la-nuova-edizione-del-capitale-di-marx-0178223)
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