ALFREDO LÓPEZ PULIDO, 21 de Noviembre de 2024 (publicado en Viento Sur)
Alfredo es un gran amigo y compañero, doctor en filosofía. Desde hace veinte años viene publicando libros de filosofía inspirados en Marx e introduce elementos muy interesantes en el debate actual. Gerardo Del Val (Gaceta Crítica)

El objetivo del presente trabajo es mostrar que la dialéctica como método de análisis de la realidad socio política que suele utilizar la tradición marxista hunde sus raíces mucho más en el pensamiento kantiano y no tanto en el hegeliano como normalmente se piensa.
Los orígenes de la dialéctica
Descartes solía imaginar la ciencia como un árbol, donde el tronco sería la matemática, sus ramas las diferentes ciencias y cuya rama más alta sería la moral, encargada de dirigir y orientar todo el proceso investigador. La tradición cartesiana siempre había entendido que la ética formaba parte de la ciencia como principio rector. La construcción de una ética geométrica es común a todos ellos, reservando las raíces del árbol para la metafísica. Esta imagen quería mostrar la correspondencia y unidad entra las ciencias y la filosofía. Dando a entender que su separación llevaría a construir un árbol sin raíces, sin cimientos. El proceder filosófico occidental siempre se había entendido como un estudio de las concepciones que subyacen a las teorías científicas. Que hoy en día se vea más asociada a las disciplinas más literarias se debe al idealismo alemán, con Hegel a la cabeza, donde todos sus componentes tenían formación teológica.
Muchos de los problemas actuales proceden de aquí, de haber interpretado erróneamente la dualidad cartesiana separando las letras de las ciencias, la moral de la física, el árbol de sus raíces y haber construido un pensamiento que nace muerto, sin base. Donde la economía ha sustituido a la ética en el corazón de la política, de la gestión de la polis, desembocando en una razón inerte e instrumental. En un entendimiento analítico sin el papel regulador de la razón, como diría Kant. Parafraseando a Descartes, nosotros podríamos construir el árbol moderno del pensamiento materialista, donde el tronco sería el marxismo y las raíces la dialéctica transcendental kantiana.
Esta forma de intentar entender la realidad a partir de contraposiciones antitéticas procede originariamente del pensamiento oriental, principalmente de la filosofía taoísta. En ella el mundo está compuesto por dos fuerzas contrapuestas conocidas como el yingy el yang, que forman parte de una totalidadinmanente que las engloba, desprovista de cualquier tipo de transcendencia. Estas categorías son ficciones intelectuales (no tienen entidad real) y funcionan como herramientas, metáforas conceptuales necesarias para poder pensar esa Realidad unitaria llamada en principio Naturaleza, luego Cosmos y finalmente Universo. Realidad global, única, sin sujeto, sin sustancia, establecida y compuesta por una red de relaciones causales de la que todo y todos formamos parte, donde nada existe aisladamente sin relación con otros componentes de la misma. Esta forma dialéctica, a veces pagana, a veces hermética, de ver el mundo llega a Occidente de la mano de los presocráticos, siendo Anaximandro, Demócrito, Empédocles, Heráclito y Parménides sus figuras más destacadas. En todos, principalmente en los tres últimos, el Cosmos (orden en griego) se explica a partir de esas fuerzas enfrentadas.
De ahí (haciendo escala en Platón y Aristóteles), llegará al estoicismo y al epicureísmo. De rerum natura, de Lucrecio, sería la obra que condensaría todo este movimiento. Un trabajo que aúna ética y física. De aquí nacería, según Althusser, la corriente subterránea del materialismo que recorre toda la filosofía occidental hasta Marx, pasando por Maquiavelo, Spinoza y los materialistas ilustrados europeos. La filosofía crítica kantiana-fichteana y su concepto de praxis encajan perfectamente dentro de esta tradición y serían así parte de las raíces teóricas y prácticas de las que se nutre el pensamiento de Marx. Hegel empezará a construir su propia propuesta dialéctica como superación de la filosofía crítica kantiana-fichteana, tal y como la podemos encontrar en la Fenomenología del espíritu y en la Ciencia de la lógica, principalmente. La misma que Marx intentará poner boca arriba.
De Kant a Hegel. La transformación de la dialéctica
La gran diferencia entre la dialéctica kantiana y la hegeliana es que las contradicciones en Kant no tienen síntesis y con ello nunca se resuelve la tensión entre los términos (tesis y antítesis) que las componen. Sabido es que la Crítica de la razón pura puede interpretarse como un intento de fundamentación de la nueva ciencia mecanicista. Dividida básicamente en tres partes –estética transcendental, analítica transcendental y dialéctica transcendental–, su tema central es cómo es posible el conocimiento científico, cuáles son las condiciones de posibilidad de la experiencia científica; de ahí el término transcendental que acompaña a las tres partes mencionadas. Después de un periplo sinuoso por la matemática y la física, donde se muestran como ciencias ya consolidadas, Kant determina en la dialéctica transcendental la imposibilidad de la metafísica como ciencia. Pero el que no pueda ser una ciencia no la convierte en algo innecesario, muy al contrario, su función es representar un papel rector, moral, en la investigación científica a la hora de elegir entre unas opciones u otras. Según Kant, la elección, sea la que sea, debe estar marcada por el respeto a la dignidad de las personas, las cuales siempre deben ser tratadas como fines en sí mismas, nunca como medios.
Conviene aclarar que transcendentalno tiene nada que ver con transcendente a pesar de compartir la misma raíz etimológica. Transcendental significa condiciones de posibilidad del conocimiento. Lo transcendental sería así la condición de posibilidad de la inmanencia. De ahí que Kant llame a su sistema idealismo transcendental y realismo empírico. El idealismo transcendental (no el idealismo a secas) es la condición de posibilidad de la objetividad científica. Es decir, la objetividad existe, pero es construida, mediada por el sujeto investigador que la construye. Estas condiciones establecen el marco necesario de lo que podemos considerar ciencia, realidad objetiva en cada momento. Aquí el pensamiento metafísico expresa la tensión entre las condiciones ideales de posibilidad y las condiciones reales de su ejecución. Exactamente igual que el proceder de la ciencia mecanicista desde Galileoque, al estudiar el movimiento, se remontaba a sus condiciones ideales en el vacío, sin ningún tipo de rozamiento, para desde ahí calcular su movimiento real. El mismo proceder que podemos observar en Marx cuando deduce las características reales del capital (dinero-mercancía-dinero plus) a partir de sus condiciones ideales (dinero-mercancía-dinero).
La dialéctica transcendental kantiana se desarrolla a partir de tesis contradictorias entre sí llamadas antinomias, sin posibilidad de solución, unas de corte idealista (existencia de la libertad, existencia de Dios y del alma inmortal) y otras de corte materialista (necesidad natural, infinitud del universo y finitud humana). Somos nosotros los que debemos optar moral y políticamente, nunca epistemológicamente, por una u otra y esa opción siempre será contingente, regulativa de nuestra experiencia socio política. Es sabido que Kant apuesta por las tesis materialistas contemplando la libertad como una ilusión, un postulado necesario. No somos libres, pero debemos actuar como si (als ob) lo fuéramos. La tensión ética entre elegir una opción u otra de dichas antinomias nunca desaparecerá. No hay algoritmos ni fórmulas qué nos puedan ayudar, sino incertidumbre y esfuerzo. Tampoco hay síntesis, sino reconciliaciones momentáneas e inciertas para ser resueltas provisionalmente de manera moral y política.Con qué derecho decidimos lo que decidimos, qué hace de nosotros defender una opción u otra, qué máxima debe guiar nuestra acción. Partimos, por educación social y familiar, de una metafísica interiorizada, heterónomaa; si no la sometemos a crítica, nos dirá Kant, si creeremos que somos así por naturaleza, no alcanzaremos la autonomía. Pensamiento al que se recurre cuando se intenta justificar el estado de cosas existente, identificar naturaleza y cultura, atribuir a la naturaleza rasgos sociales como el interés o el egoísmo y definirlos como innatos. Sin embargo, Fichte solía decir que “el tipo de filosofía que se elige depende del tipo de persona que se es”. Estamos obligados moralmente a someter a crítica nuestras propias convicciones.
Por el contrario, en Hegel ya viene dada la solución al dilema que plantean las tesis y las antítesis en una síntesis superadora de ambas que recoge lo mejor de ellas haciendo avanzar la historia hacia un final, un telos que supone una reconciliación con los hechos. “Todo lo real es racional”. Así justifica Hegel, por ejemplo, la llegada de Napoleón a Berlín: “He visto al emperador a caballo, he visto la razón en la historia”. Cuando al mismo tiempo Fichte critica a Napoleón por ser el termidor de la Revolución, Hegel lo ve como su continuador. Todos los acontecimientos que se den en la realidad pasan a ser racionales, simplemente por el hecho de que han ocurrido, como si no hubiese otras posibilidades, otras opciones, otras potencialidades. Sin embargo, hoy sabemos que el capitalismo y el Estado absolutista se podían haber evitado, había otros caminos que estaban explorando los movimientos milenaristas y revolucionarios al final de la Edad Media. No estaba determinado, no había una finalidad intrínseca, un determinismo histórico para que tuviera que ocurrir así. No había ningún tipo de síntesis que implicase que el capitalismo era la superación del medievo. Este tipo de análisis marxista de corte hegeliano determinista y finalista se ha pagado muy caro a lo largo de la historia, llegándose a justificar lo injustificable. No importaba lo que ocurriera porque la Historia siempre jugaba a nuestro favor, siempre estaba de nuestro lado, el socialismo llegaría casi sin hacer nada por las contradicciones internas del capitalismo.
Es curioso que todos los autores y autoras que han usado o intentado recuperar la dialéctica materialista, en la estela de Marx, él mismo incluido, aunque no siempre, han renunciado a la síntesis como método del análisis político. Pese a que han solido atribuir su interpretación a Hegel, realmente la dialéctica sin síntesis como venimos diciendo, como opción temporal, moral y política se encuentra en Kant, en su dialéctica transcendental. No está de más recordar que Marx titula algunos de sus principales trabajos con el kantiano término de crítica, Contribución a la crítica de la economía política y Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
Desde sus orígenes, la metafísica dialéctica siempre ha tenido dos vertientes: una procesual, dinámica, y otra ética, moral, que actúa como motor del cambio. Como venimos diciendo, supone un pensamiento global, que concibe la realidad como un todo unitario, compuesta por una red de fuerzas causales entre sí, las cuales definen a su vez a los elementos que las componen.
La tradición materialista en los marxismos
Dentro de la tradición marxista, a la hora de abordar o interpretar la situación política, suele ser más común recurrir constantemente al materialismo histórico y, sin embargo, salvo raras excepciones, apenas se hace ya referencia a su otro hermano, el materialismo dialéctico. A diferencia del histórico, mucho más mencionado y usado, el materialismo dialéctico no goza de muy buena salud y ha dejado de ser un referente dentro del pensamiento comunista. Buscar las causas de todo ello nos puede ayudar a solucionar algunos prejuicios y malentendidos.
Si bien está de sobra documentado el recurso que hace Marx al término materialismo para referirse a su interpretación de la historia a lo largo de toda su obra, en cambio, la denominación del materialismo dialéctico es más problemática. En principio se pretende sostener una interpretación de la naturaleza a partir de las leyes de la dialéctica hegeliana (salto de la cantidad a la cualidad, la lucha de contrarios, definidos como tesis y antítesis y su identidad en una síntesis superadora recuperando lo mejor de ambas).
Marx, ocupado en la redacción de Das Kapital acuerda con Engels que se ocupe de desarrollar la lectura materialista de la dialéctica hegeliana, la cual lleva a cabo principalmente en tres trabajos: Dialéctica de la Naturaleza (de 1883, obra inconclusa, quizás por la muerte de Marx, y construida desde apuntes y notas sueltas que Engels fue tomando lo largo de los años), La revolución de la ciencia del Sr. Eugen Düring (conocido como el Anti-Düring, publicado en 1878, supone una crítica a la concepción científica y política del profesor universitario Eugen Düring que intentaba desarrollar su propia versión del socialismo) y Del socialismo utópico al socialismo científico (que vino a ser un resumen del Anti-Düring). El objetivo filosófico de todo ello era poner boca arriba la dialéctica hegeliana que según Marx se encontraba boca abajo 1.
Estos tres textos son considerados hoy como parte principal del corpus doctrinal de la ideología marxista, porque en ellos adquieren carta de naturaleza los dos materialismos, el histórico y el dialéctico (encargado de desarrollar la concepción filosófico-científica de la Naturaleza). Es lo que daría sustento al llamado socialismo científico como oposición a los otros socialismos, denominados utópicos por Engels, de corte más idealista y libertario como el defendido por el profesor Düring.
Tarea continuada por Lenin, en Materialismo y empiriocriticismo. Notas críticas sobre una filosofía reaccionaria, principalmente, y en sus Cuadernos filosóficos posteriores. Una vez muerto éste, en 1924 y a partir de la publicación por Stalin de Los fundamentos del leninismo, el materialismo dialéctico o diamat pasa a ser el pensamiento filosófico oficial de la Unión Soviética estalinista. Trotsky en sus últimos trabajos de 1939, En defensa del marxismo y sus apuntes filosóficos defenderá un materialismo dialéctico leninista frente a su apropiación por parte del estalinismo.
Publicado en 1909,Materialismo y empiriocriticismo, es un libro escrito deprisa, dentro de una coyuntura histórica concreta y supone un ataque contra la filosofía idealista representada según él, y en ese momento, por el positivismo de Ernst Mach (uno de los referentes del futuro Círculo de Viena, que curiosamente contará con un marxista entre sus filas, Otto Neurath), al que Lenin asocia a Kant a través del neokantismo epistemológico dominante en la socialdemocracia alemana. En sus Tesis de abril, Lenin hará una autocrítica de este trabajo. Es curioso que Lenin haga mención a Engels para recordar que el materialismo dialéctico nunca puede estar definido completamente porque tiene que incorporar los avances científicos a su propio desarrollo y poder así actualizarse.
Sin embargo, hoy en día padece cierto ostracismo al ser su rígido determinismo finalista y su teoría del reflejo como conocimiento de la realidad muy poco compatible con el desarrollo de la propia física. La mecánica cuántica y su principio de incertidumbre es un claro ejemplo de las dificultades que supone hoy defender un materialismo dialéctico clásico. El mal envejecimiento que ha tenido el libro y el leninismo soviético puede que haya sido una de las razones por las que apenas se mencione o se evita referirse a él como tal.
La Escuela de Frankfurt ha venido utilizando la, llamada por Adorno, dialéctica negativa, que resalta los antagonismos sociales sin ningún tipo de síntesis. Pero el concepto de materialismo dialéctico no suele aparecer ni en Benjamin, Horkheimer, Adorno, Marcuse o Habermas, que solo se plantea una reconstrucción del histórico. Al igual ocurre en la escuela anglosajona de historiadores marxistas (Hobsbawm, Thompson…) centrada más en establecer una lectura materialista de su disciplina. O en el operaismo italiano, donde los filósofos de la autonomía obrera, Antonio Negri o Mario Trontti apenas lo utilizan en sus análisis. Tampoco los neo-operaistas, como Franco Berardi o Sergio Bologna. Siguiendo la estela de Trostky sí encontramos algunas referencias en Bensaid, más en Mandel y Löwy que curiosamente ven la dialéctica marxista como superación de la hegeliana porque elimina el determinismo y (de nuevo) la síntesis (conciliadora) de las contradicciones sociales. El materialismo dialéctico solo tiene un resurgir en el maoísmo que siguió considerando a Stalin como heredero de Lenin. Las tesis filosóficas de Mao sobre la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción dan buena muestra de ello. Dentro de nuestras fronteras, Manuel Sacristán siempre fue muy crítico con el concepto de dialéctica como parte integrante del marxismo, o Martínez Marzoa, al sostener que ambos materialismos son una creación de la tradición marxista y no del propio Marx. Montserrat Galcerán también es de una opinión muy parecida, atribuyendo más a los trabajos de Engels que a Marx la invención del marxismo como ideología política. Como hemos apuntado antes, se cree que una de las causas que ha dejado obsoleto el materialismo dialéctico es el desarrollo de las ciencias naturales, sobre todo de la física.
¿Hacia un nuevo materialismo dialéctico?
Sin embargo, en los últimos años han aparecido publicaciones de autores como Fredric Jameson (Variaciones Hegel) o sobre todo Slavoj Zizek (Menos que nada y Contragolpe absoluto) que intentan una actualización del viejo materialismo dialéctico. Su idea es que se puede hacer una lectura materialista, que ya se encuentra en Hegel, sin tener necesidad de ponerla boca arriba como quería Marx. Aunque estos autores ya no hablan del espíritu absoluto hegeliano como sustancia o sujeto, sino como proceso o relación. Al igual que Marx cuando define el comunismo como un movimiento continuo (Marx/Engels 2014) y no como un estado de cosas. No estamos muy lejos de Spinoza y su concepción de la Naturaleza como una red de causas y efectos.
Zizek establece tres tipos de materialismo en la actualidad: el naturalismo científico, el subterráneo estructuralista de Althusser (mencionado al principio), y el neodeleuzeiano de corte spinozista (Zizek, 2015). Él propone un materialismo dialéctico de nuevo cuño a partir de la lectura que Lacan hace de Hegel, que incorpore al inconsciente freudiano (Zizek, 2016). Esta lectura vendría a resolver el problema kantiano que, como hemos visto más arriba, hacía depender la objetividad científica del marco transcendental como condición de su posibilidad. Se detecta cierta confusión entre los planos ontológico y epistemológico. Una cosa es que la Realidad exista objetiva e independientemente de nosotros (plano ontológico) y otra que la forma que tenemos de conocerla necesite de un marco de categorías conceptuales diseñadas por los sujetos investigadores (plano cognoscitivo o epistemológico).
Realmente, el materialismo althusseriano y el deleuziano se complementan. Ambos son un inmanentismo de corte spinozista y ambos son corroborados por el materialismo científico en la actualidad. La recuperación del materialismo dialéctico debe ser compatible con el desarrollo de la ciencia; quizás sea ésta la que deba decidir críticamente, sin dogmatismos ni oscurantismo, qué adjetivo debe acompañar al término materialismo si es que necesita alguno, pero ese es otro debate.
El uso de la dialéctica en el marxismo ecológico
Jason Moore en El capitalismo en la trama de la vida (Moore, 2020) sostiene que debemos abandonar los dualismos e interpretar dialécticamente la Naturaleza/Realidad, única manera de poder pensar de forma global, holística. Hoy en día, la contradicción principal, capital/trabajo, se expresa en la crisis ecosocial que padecemos, motivada según Moore por la incapacidad del capital para expandirse debido a los límites planetarios (porque nos quedamos sin planeta habitable) y al haber agotado la naturaleza barata (alimentos, fuerza de trabajo, energía y materias primas). De hecho, solo existe esta contradicción, esta crisis, las demás contradicciones están subsumidas en ella, a las que hay que darles respuesta, por supuesto, pero sin olvidar que todas son partes de una misma problemática global. La crítica de Andreas Malm contra el productivismo capitalista estaría en esta línea (Malm 2021). Autores como Kohei Saito o Kevin Anderson, que intentan recuperar al Marx más ecologista e indeterminista atento a todo este tipo de problemáticas, van también en la misma dirección, aunque existan diferencias entre ellos. En esta dialéctica tampoco hay síntesis: lo que venga después, la salida de la crisis, suponga o no el fin del capitalismo, no garantiza que vaya a ser mejor. Sea viable o no, el materialismo dialéctico o la dialéctica, en lo que coinciden todos o casi todos como hemos ido viendo, es en su vertiente ética porque establece una tensión entre lo que hay y lo que debería haber y en la necesidad de pensar la realidad y sus contradicciones como una totalidad de la cual formamos parte. Esto nos acercaría a un marxismo indeterminado, no finalista, sin ningún tipo de síntesis, ni de atajos históricos, donde todos los avances deben ser consolidados, siendo conscientes de su permanente provisionalidad y contingencia absoluta.
En este sentido, junto con Luis Martínez de Velasco, estamos intentando llevar a cabo una reconstrucción de la tradición materialista occidental desde la época clásica hasta la modernidad. En un primer trabajo buscamos las conexiones entre Spinoza y Kant a partir del subsuelo estoico que compartían (López y Martínez, 2022), para después estudiar la influencia de estos sobre Fichte (López y Martínez, 2024). Queriendo terminar este recorrido reconstructivo con Walter Benjamin y Antonio Gramsci.Almarxismo solo le vale reconocerse como inciertosi quiere ser capaz de superar las aporías a las que nos enfrentamos hoy en día.Podríamos llamar transcendentala este materialismo 2 marxista de corte kantiano-fichteano, crítico y sin síntesis, con raíces spinozistas que establece las condiciones de posibilidad del mismo en su acepción o interpretación político moral de las tensiones que generan las antinomias; aun sabiendo que la historia no juega a nuestro favor y que nos podemos equivocar en la apuesta por dichas soluciones. Una especie de idealismo materialista sui generis como única posibilidad para no desembocar en un materialismo vulgar, empirista, positivista que trata los hechos como dados, que se reconcilia con los hechos al explicarlos desde los hechos mismos, desde el hegeliano todo lo real es racional.
Conclusiones
El caso de Walter Benjamin sería paradigmático al criticar en sus tesis Sobre el concepto de historiaesa interpretación literal, determinista y teleológica que estaba haciendo cierto marxismo. El proletariado fue educado para creer que la historia corría a su favor y esperando que madurasen las contradicciones inherentes al capitalismo, el socialismo llegaría casi solo, prácticamente sin hacer nada para ello, por necesidad histórica, con el desarrollo de las fuerzas productivas, donde se obraría la síntesis hegeliana entre las contradicciones de la burguesía (tesis) y los trabajadores (antítesis). De ahí su nulidad frente al fascismo que se veía como algo arcaico, irracional, que no triunfaría al no ser racional, ya que iba contra el repetido y conocido aserto hegeliano de identificar lo real y lo racional (el fascismo no lo es, el socialismo sí lo es, luego acabará siendo real). Hoy, el socialismo no ha llegado y no se ve tampoco cercano a pesar de la crisis sistémica del capitalismo; es más, parece que vamos a peor, que entramos en una etapa de reflujo. La crisis y su salida no garantizan nada. Nuevamente, no hay atajos, no hay nada determinado, la historia no obedece a leyes naturales ni tiene ninguna finalidad oculta.
Benjamin contemplaba la revolución como una forma de detener el crecimiento capitalista (decrecimiento, lo denominaríamos hoy). Alegóricamente hablaba de la necesidad de tirar de los frenos de emergencia del tren del progreso capitalista, del desarrollo desmedido, porque si no desembocaríamos en la barbarie. Hoy, más de ochenta y cuatro años después, la situación se ha agravado, parece que vamos en un tren sin frenos de emergencia. Un tren que llegará a su destino, como el de los hermanos Marx en el Oeste, pero ya no quedará ningún tipo de tren reconocible, sin vagones al haber gastado todos los materiales por el camino. Algo muy parecido, siguiendo con la metáfora, al teorizado posible colapso que nos espera.
De sus Tesis se desprende un materialismo que contempla la explotación del ser humano y la explotación de la Naturaleza como las dos caras de una misma moneda. Un materialismo atento a esos caminos no recorridos, no determinados por la historia para poder alumbrar como un relámpago cualquier chispa, cualquier oportunidad para que pueda estallar la revolución. Estando permanentemente alerta como centinelas, prestando mucha atención a esos pequeños momentos que pasan desapercibidos. Los grandes momentos revolucionarios casi siempre han comenzado con revueltas por temas concretos, que poco tenían que ver con actos premeditados, ni habían sido programados estratégicamente para hacer la revolución, sino que ésta se la han encontrado de camino.
Este sería el tipo de materialismo que necesitamos, un materialismo aleatorio podríamos decir, que pueda conjugar y declinar todas las contradicciones a las que nos enfrentamos, que sea capaz de dar respuesta a todo tipo de explotación y alienación, sea la que sea y vengan de donde venga. Benjamin definía la dialéctica como una imagen que conecta la herencia revolucionaria del pasado con el presente. Pasado que nos implora moralmente a seguir luchando por una humanidad más justa en un planeta habitable para todas las especies.
Alfredo López Pulido es profesor doctor en filosofía
Referencias
Anderson, Kevin B (2024) Marx en los márgenes. Barcelona: Verso.
Althusser, Louis (2002) Para un materialismo aleatorio. Madrid: Arena Libros.
Benjamin, Walter (2021) Tesis sobre el concepto de historia. Madrid: Alianza
Descartes, René (1995) Principios de la filosofía. Madrid: Alianza.
Engels, Friedrich (1964) Anti-Dühring. Barcelona: Grijalbo
Engels, Friedrich (2017) Dialética de la naturaleza. Madrid: Akal.
Galcerán, Montserrat (2023) La invención del marxismo. Madrid: Traficantes de Sueños.
Kant, Inmanuel (1984) Crítica de la razón pura (KrV). Madrid: Alfaguara.
Lenin, Vladimir I; (1974) Materialismo y empiriocriticismo. Moscú: Ediciones en Lenguas Extranjeras.
López Pulido, Alfredo y Martínez de Velasco, Luis (2022) Crítica de la razón virtuosa. Madrid: Ápeiron.
López Pulido, Alfredo y Martínez de Velasco, Luis (2024) El dilema de Fichte. Madrid: Ápeiron.
Malm, Andreas (2021) Capital fósil. Madrid: Capitán Swing.
Marx, Karl, (2022) El Capital. Madrid: Akal.
Moore, Jason W (2020) El capitalismo en la trama de la vida. Madrid: Traficantes de Sueños.
Marx, Karl/ Engels, Frederich (2014) La ideología alemana. Madrid: Akal.
Saito, Kohei (2021) La Naturaleza contra el capital. Barcelona: Bellaterra.
(2022) El capital en la era del antropoceno. Barcelona: Ediciones B.
Zizek, Slavoj (2015) Menos que nada. Madrid: Akal.
(2016) Contragolpe absoluto. Madrid: Akal.
- 1“En Hegel la dialéctica anda cabeza abajo. Es preciso ponerla sobre sus pies para descubrir el grano racional encubierto bajo la corteza mística”, El Capital, tomo I, segunda edición alemana.
- 2No entraremos en el debate sobre el significado del término materialismo al igual que hemos hecho con el de dialéctica. Siendo conscientes de la polisemia que envuelve a ambos conceptos, llamaremos sin másmaterialismo a la filosofía de Marx y Engels, tal y como ellos la formularon.
GACETA CRÍTICA, 21 DE NOVIEMBRE DE 2024
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