Gaceta Crítica

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Involución democrática

Por ATILIO BORÓN (Publicado originalmente el 27 de julio de 2024 en RESUMEN LATIONAMERICANO

| Presidente de Argentina Javier Milei Foto Resumen LatinoamericanoFoto de archivo | MR Online

El gobierno de Javier Milei está llevando a la Argentina hacia una crisis de proporciones inéditas. Una crisis integral, multidimensional, multifacética. El improbable candidato al Nobel de Economía está hundiendo los principales indicadores económicos a niveles inéditos. Los indicadores de actividad caen, las fábricas funcionan a media velocidad, los comercios minoristas ven desplomarse sus ventas, la inflación está lejos de apaciguarse, el dólar se dispara, el desempleo crece sin control y los salarios de los trabajadores, sean registrados o precarios, así como los montos de las jubilaciones y pensiones, se desploman mes a mes. Todo esto es celebrado como un éxito por los exóticos feligreses de la secta anarcocapitalista y sus inescrupulosos beneficiarios.

Por supuesto, una debacle de tal magnitud, cuyas repercusiones sociales y políticas son gravísimas, no es nueva en nuestra historia. La dictadura genocida, el período menemista y, más recientemente, el gobierno de Macri impulsaron este proyecto con la eterna esperanza de que después de tanto dolor –considerado inevitable– la economía argentina renacería, liberada de sus legados estatistas y “populistas”, y avanzaría decididamente hacia el desarrollo. Esta apuesta al libre mercado no fue más que una ilusión desastrosa, pues nunca se había verificado en la historia, en ningún país, y la Argentina no fue la excepción. Pero sirvió de pretexto para ocultar que de lo que se trataba era de favorecer la redistribución regresiva del ingreso y concentrar la riqueza en cada vez menos manos. Sabemos cómo terminaron aquellos ensayos neoliberales: crearon sociedades mucho más injustas, aumentaron el número de pobres e indigentes, profundizaron el atraso económico nacional y nuestra dependencia externa.

Con una sonrisa

Sin embargo, el caso actual presenta una abyecta particularidad: cuando Martínez de Hoz presentó su programa de refundación neoliberal de la economía argentina, lo hizo con un tono solemne y severo, reconociendo, como un médico que diagnostica a un paciente grave, que se trataba de una medicina amarga, pero necesaria para sacar a la economía argentina del pantano del subdesarrollo. En cambio, cuando sus herederos ideológicos anuncian la misma política, lo hacen con una luminosa sonrisa en el rostro, revelando así el sádico goce que les produce la obra de destrucción comandada por el “topo”, cuya misión autoasignada es destruir el Estado desde dentro y, con ello, liquidar las conquistas económicas y sociales alcanzadas durante un siglo de luchas populares. Ese y no otro es el objetivo fundamental del actual experimento político.

Un proyecto de ese tipo no puede más que debilitar la vitalidad de nuestra democracia, lo que hace que hoy la Argentina sólo pueda ser conceptualizada rigurosamente como una semidemocracia, con tendencia a degenerar en un régimen francamente autoritario. La arrogancia presidencial, el fanatismo con que Javier Milei adhiere a sus ideas, unido a su absoluto desdén por el diálogo -ya que, como profeta iluminado, el presidente se cree dueño de la verdad absoluta- cristaliza en un conglomerado de actitudes y prácticas profundamente opuestas al juego democrático. De ahí su permanente abuso de la división de poderes y los insultos y groserías que dedica a diputados, senadores y gobernadores -la nefasta “casta política”-, así como a periodistas y políticos que no comparten sus delirios, además de su abierto desafío a las reglas de la república democrática cuando amenaza con vetar cualquier ley sancionada por el Congreso que no sea de su agrado. Dicho esto, es obvio que, por la naturaleza de su administración, así como por su escandaloso estilo personal, el Presidente está a un paso de convertirse en un dictador, violando los poderes que establecen la Constitución y las leyes de nuestro país.

Diputados

Sesión legislativa de las Leyes Bases. El Presidente arremetió en reiteradas ocasiones contra los parlamentarios, llamándolos “ratas”.

Este deterioro de la calidad de nuestra democracia se produce con la complicidad mal disimulada de la “prensa seria”, que hace tiempo dejó de hacer periodismo, y de fiscales y jueces absortos en la preservación de sus privilegios antidemocráticos, que no hacen el menor gesto para evitar el desenlace autoritario que conlleva el ejercicio despótico del poder presidencial. El panorama institucional se agrava cuando se toma nota de las crecientes limitaciones a los derechos civiles y políticos de la ciudadanía impuestas por estos libertarios farsescos que, como muestran los acontecimientos recientes, conciben la libertad de reunión y expresión, o la protesta pacífica, como actos terroristas o como conspiraciones encaminadas a producir un golpe de Estado.

Mentiras piadosas

Con el gobierno de Milei, Argentina no sólo se convirtió en una sociedad más injusta y desigual. También se resintió la calidad de su democracia, cada vez más desprestigiada a los ojos del pueblo. El “apretón” presidencial a legisladores y gobernadores provinciales, practicado a plena luz del día, y la escandalosa compra-venta de votos en el Congreso Nacional para aprobar las Ley Bases, el DNU 70 o cualquier iniciativa del Ejecutivo fortalecieron la convicción de que la corrupción está enquistada en las alturas del Estado y que la soberanía popular y la democracia representativa son mentiras piadosas difundidas por la autocracia gobernante. Como alguna vez recordó el expresidente de Brasil, Fernando H. Cardoso, al referirse a los avatares de la democracia en América Latina, situaciones como las recién descritas “impregnan al régimen democrático de olor a farsa”.

Pese a la gravedad del diagnóstico, aún estamos a tiempo de evitar la destrucción de nuestra democracia. Por supuesto, no serán sus instituciones las que nos preservarán de semejante tragedia. Ni los legisladores ni los jueces ni los fiscales acudirán en nuestra ayuda para recuperar el orden democrático. Tampoco lo hará la prensa hegemónica. Sólo la presencia masiva y pacífica de las masas en las calles y plazas de la república podrá poner freno a la instauración de un régimen autoritario. Las instituciones, duele admitirlo (pero es mucho peor negarlo), han traicionado a la democracia. Como ciudadanos estamos indefensos, y sólo nuestro protagonismo nos salvará de caer una vez más en una dictadura cruel, vestida hasta ahora con raquíticos ropajes pseudodemocráticos.

Acerca de Atilio Borón

Atilio A. Borón es investigador y escritor sobre política, economía, relaciones internacionales e imperialismo, con especial atención a América Latina y el Caribe. Se puede contactar con él en aaboron [at] gmail.com o visitando su sitio web http://www.atilioboron.com.a

GACETA CRÍTICA, 10 DE AGOSTO DE 2024

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