
Publicado originalmente en Struggle – La lucha, el 18 de
julio de 2024 por Alfredo García Almeida
La semana que viene, el miércoles 24 de julio, está previsto que el primer ministro israelí y criminal de guerra, Benjamín Netanyahu, visite Washington DC, aunque todavía no ha recibido una invitación formal. Cuando el primer ministro israelí viaja a Washington cada año, ha transmitido un mensaje de cercanía e intimidad, a diferencia de los 4 años transcurridos desde su última visita a la Casa Blanca, algo que no pasa desapercibido para amigos y enemigos.

Netanyahu tiene previsto dirigirse a una sesión conjunta especial del Congreso y se espera que se reúna con el presidente estadounidense Joe Biden en la Casa Blanca, aunque esto aún no ha sido confirmado. También se espera que se organice una reunión con el próximo presidente estadounidense en espera, Donald Trump. Cuando Netanyahu se dirigió al Congreso en 2015, el entonces presidente Barack Obama se enojó porque Netanyahu habló ante el Congreso en contra del acuerdo nuclear con Irán que había negociado y se negó a reunirse con él.
Mientras tanto, una amplia gama de organizaciones están convocando una manifestación nacional para saludar al presidente sionista rodeando el Congreso de los Estados Unidos para posicionarse junto al pueblo palestino y exigir el fin del genocidio.
Desde que Netanyahu aceptó una invitación el mes pasado, extendida por los líderes de ambos partidos en el Congreso de Estados Unidos, se desató un debate público en Israel sobre si debía aceptar o no, antes de que se supiera si recibiría una invitación para reunirse con Biden. Entre los argumentos en contra de la aceptación de Netanyahu se encontraba que tal visita, iniciada por el presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, no era algo que agradara a la Casa Blanca y solo pondría de relieve las divisiones partidistas sobre Israel. Se ha sabido que entre la Convención Nacional Republicana en Milwaukee y la Convención Nacional Demócrata en Chicago el 19 de agosto, los expertos estiman que habrá quienes acusen a Netanyahu de intentar entrometerse en la política estadounidense, lo que podría tensar su relación con Biden.
La última vez que Netanyahu estuvo en la Casa Blanca fue en septiembre de 2020. Donald Trump era presidente y la ocasión fue la firma de los llamados Acuerdos de Abraham. Tanto Trump como Netanyahu perdieron las elecciones poco después: Trump en noviembre de 2020 y Netanyahu en marzo de 2021.
En 2023, cuando Biden invitó tardíamente a Netanyahu, como muestra de su desaprobación de las políticas del primer ministro, el presidente era políticamente fuerte, pues había salido victorioso de las elecciones de mitad de mandato, cuando no se materializó el pronóstico de un control republicano en ambas cámaras del Congreso. Por otro lado, Netanyahu, que enfrentaba una oposición popular sin precedentes a su plan de reforma judicial, era políticamente débil.
Ahora la dinámica ha cambiado. Ambos líderes son débiles y ambos enfrentan fuertes llamados a dar un paso al costado: Biden desde dentro de su propio partido y Netanyahu desde una calle de protestas cada vez más ruidosas. Al mismo tiempo, Trump, con su imagen de superhéroe, no puede pasar desapercibido para Netanyahu. Y es precisamente debido a que ambos líderes son políticamente débiles por lo que los expertos creen que una reunión en la Casa Blanca podría beneficiar a ambos:
Netanyahu intentará reafirmar su capacidad como estadista y Biden intentará demostrar sus habilidades de liderazgo y su perspicacia mental.
Alfredo García Almeida es periodista, analista internacional y colaborador de Mérida, Yucatán.
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