En enero del presente año, un discurso del dirigente norcoreano Kim Jong-un suscitó una fuerte inquietud en las cancillerías occidentales. Al anunciar una ruptura estratégica, Pionyang parecía amenazar a su vecino del sur. Como tan a menudo sucede, los análisis dominantes de la situación olvidaron tomar en consideración las responsabilidades de otros actores en el conflicto.
por Martin Hart-Landsberg, junio de 2024
MINA CHEON. – Lil’ Kim, 2016
Existen buenas razones para temer el estallido de un conflicto militar en la península de Corea, pero lo más habitual es que no sean las aducidas por los medios de comunicación y sus expertos. Estos últimos apuntaron recientemente la hipótesis de que una Corea del Norte aún más amenazante que de costumbre deseara aprovechar la guerra en Ucrania para atacar a Corea del Sur: “Kim Jong-un [el dirigente norcoreano] se declara dispuesto a ir a la guerra”, anunciaba, por ejemplo, un artículo del diario francés La Croix publicado el día 16 del pasado enero. Por esas mismas fechas, en Estados Unidos, dos reputados especialistas consideraban que la situación en la región era “más peligrosa de lo que jamás lo ha sido desde principios de junio de 1950” (1), fecha del comienzo de la guerra de Corea. Todo parece indicar que las autoridades estadounidenses comparten este análisis: también el pasado enero, un artículo del periódico The New York Times informaba de que ciertos altos funcionarios se mostraban convencidos de que Kim Jong-un “podría emprender una acción militar de algún tipo contra Corea del Sur en los próximos meses, tras un cambio estratégico que favorece una política manifiestamente hostil” (2).
Quienes desconfían del Gobierno norcoreano hallaron con qué alimentar su desasosiego en el discurso de Kim Jong-un ante la Asamblea Suprema del Pueblo, el parlamento unicameral de Corea del Norte, el 15 de enero de 2024 (3). En él, el dirigente calificó a Corea del Sur de “principal enemigo” de Pionyang y pidió el desmantelamiento de “todos los órganos de solidaridad que hemos creado con vistas a una reunificación pacífica”. También ordenó “la eliminación completa de conceptos como ‘reunificación’, ‘reconciliación’ y ‘compatriotas’ de la historia nacional de nuestra República”.
Esta ruptura manifiesta con el compromiso de larga data de Corea del Norte en favor de una reunificación pacífica no solo se ha visto acompañada del derribo del Monumento a las Tres Cartas para la Reunificación Nacional (un arco monumental de 30 metros de altura inaugurado en 2001 y que, por cierto, sirve de logotipo a la Asociación de Amistad Franco-Coreana), sino también de una intensificación del programa de disparos de misiles. Desde el punto de vista occidental, todo ello son elementos que respaldan la tesis según la cual Kim Jong-un está supuestamente preparando una operación militar. Y sin embargo…
Presentado casi como una declaración de guerra, el discurso en cuestión concernía, sobre todo, a la economía, como lo atestigua su título: “Sobre las tareas inmediatas para la prosperidad y el desarrollo de nuestra República y la promoción del bienestar de nuestro pueblo”. Kim Jog-un recordó en él la necesidad de llevar a buen puerto varios proyectos en sectores clave –en concreto el metalúrgico, el de la industria química, el de la maquinaria industrial y el energético– con el fin de “poner con garantías la economía global del país en vías a un desarrollo estable y duradero”. Lejos de achacar las dificultades económicas del país a un “adversario” contra el cual conviene tomar las armas, Kim Jong-un reconoció la responsabilidad del poder en lo que atañe a cierto número de problemas. Mencionó, por ejemplo, “la gran disparidad de nivel de vida entre la capital y las provincias, así como entre las ciudades y el campo”, subrayando el hecho de que dicha situación “contradice la idea de un desarrollo global de la edificación del socialismo”, antes de exponer su proyecto para avanzar hacia el porvenir: la construcción planificada de nuevas plantas industriales, centros sanitarios y educativos y viviendas en veinte condados a lo largo de los próximos diez años.
Cuando finalmente abordó las cuestiones de política exterior, en concreto la nueva postura de Pionyang a propósito de Corea del Sur, Kim Jong-un insistió en el hecho de que era el resultado de una degradación de la situación del país en materia de seguridad. Explicó, por ejemplo, que “no tenemos ningún motivo para elegir la guerra, de modo que tampoco tenemos la menor intención de comenzar una de manera unilateral”, tras lo cual añadió: “Pero si acabamos enfrentándonos a la perspectiva de la guerra, nunca trataremos de huir de ella. Tomaremos las medidas que hemos preparado con sumo cuidado con el propósito de defender nuestra soberanía, la seguridad de nuestro pueblo y nuestro derecho a existir”.
Alianza militar trilateral
El caso es que el deterioro de la situación de Corea del Norte en materia de seguridad es más fácil de documentar que el ardor guerrero que algunos aseguran que se ha apoderado del país. Júzguese por el balance que ofrece solo el año 2023: en ese año, Estados Unidos y Corea del Sur realizaron 42 maniobras militares conjuntas, y otras diez junto con Japón. En todas ellas se identificó a Corea del Norte como supuesto enemigo (4) y en su mayor parte postulaban escenarios de confrontación exacerbada, como un ataque con armamento nuclear por parte de los tres aliados o un derrocamiento de las autoridades de Pionyang.
La península fue sobrevolada en siete ocasiones por aeronaves estadounidenses capaces de portar ojivas nucleares. Varios de esos vuelos fueron realizados por bombarderos B-1 escoltados por cazas surcoreanos o japoneses con fines de reconocimiento de los sistemas de defensa antiaérea de Pionyang. En julio de ese año, Corea del Norte protestó por las misiones de espionaje realizadas durante ocho días seguidos por aviones estadounidenses sobre su zona económica exclusiva (ZEE) (5).
Pero puede que resulte todavía más preocupante para la República Popular que, durante la cumbre celebrada en Camp David en agosto de 2023, Estados Unidos lograra vencer las reticencias surcoreanas sobre un acuerdo militar trilateral con Japón. Los tres países llegaron en aquella ocasión a un acuerdo para instaurar un dispositivo hasta entonces inédito destinado a compartir datos de inteligencia militar en tiempo real, actuar coordinadamente en materia de misiles balísticos defensivos, organizar cada año maniobras militares conjuntas y, en general, reforzar su cooperación militar.
Tres meses después se celebró en Seúl la primera reunión de los ministros de Defensa de Corea del Sur y de los Estados miembros del Comando de las Naciones Unidas (UNC, por sus siglas en inglés: una organización militar creada por Estados Unidos durante la guerra de Corea sin autorización de las Naciones Unidas). A propuesta de Estados Unidos, los ministros de Defensa presentes en la cita se comprometieron a reforzar la preparación militar del UNC para responder a las “provocaciones” norcoreanas.
Menos de un año antes del citado discurso de Kim Jong-un, el presidente surcoreano Yoon Suk-yeol ordenó que se añadiera a Corea del Norte en la lista de los “principales enemigos” de Seúl incluida en el libro blanco de defensa del Gobierno. En diciembre de 2023, durante una visita a la zona desmilitarizada que separa Corea del Sur de Corea del Norte, Yoon Suk-yeol arengó a las tropas surcoreanas desplegadas en el lugar: “En caso de provocación, os pido que respondáis primero y aviséis después” (6).
¿Acaso no sería un exceso de confianza por parte de los dirigentes norcoreanos no tomarse en serio estas evoluciones? En especial la participación de Corea del Sur en una alianza militar trilateral diseñada para ponerse al servicio de la política exterior de Washington, y que tendrá por resultado someter aún más la diplomacia y el Ejército del país a las prioridades estadounidenses y, en menor medida, japonesas. El oficial estadounidense que tiene el mando de las operaciones combinadas en Corea del Sur ejerce ya un control operativo sobre las fuerzas surcoreanas en tiempos de guerra. Dicho de otro modo: desde el punto de vista de Pionyang, Seúl corre el riesgo de convertirse en un interlocutor cada vez menos fiable, por no decir hostil.
Semejante orden de cosas justifica otra interpretación del discurso de Kim Jong-un, que no sería tanto una escalada como un tener presente la nueva realidad militar regional, así como una advertencia a sus interlocutores en cuanto a los riesgos que entrañan las potenciales y acaso inesperadas consecuencias de sus políticas.
Ahora bien, a largo plazo, ¿prestarán servicio a su país las declaraciones del dirigente norcoreano? Habría podido conformarse con reducir discretamente la implicación de Pionyang en los proyectos conjuntos que lo vinculan a Seúl mientras mantenía su apoyo a las diversas organizaciones de solidaridad que Corea del Norte había creado para respaldar los esfuerzos en favor de una reunificación pacífica. La decisión de desmantelar estas estructuras ha dejado en una posición singularmente delicada a los activistas surcoreanos que trabajan por la desmilitarización de la península y la mejora de las relaciones entre el norte y el sur. Los miembros de la diáspora coreana que siguen apegados a la reunificación o, por lo menos, a una normalización de las relaciones entre ambas Coreas, se han visto privados en lo sucesivo de los pocos medios de los que disponían para preservar el diálogo. Además, la situación política en Corea del Sur está lejos de ser estable. El actual presidente –cuya formación perdió las elecciones legislativas del pasado abril–, es especialmente impopular. A priori, nada impide confiar en que el próximo Gobierno surcoreano se muestre más cooperativo.
Asistimos, pues, a un arriesgado círculo vicioso en la península de Corea. En diciembre de 2023, un submarino nuclear estadounidense atracó en la localidad surcoreana de Busán con el fin de demostrar la determinación de Estados Unidos de defender a su aliado. Al día siguiente, Corea del Norte probó un misil balístico intercontinental en respuesta a la presencia del submarino en el vecino del sur. Lo que llevó a Seúl y a Washington a condenar una “provocación” norcoreana…
“Una demostración de fuerza”
El pasado enero, algunos días después del discurso de Kim Jong-un, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur realizaron unas importantes maniobras navales trilaterales en las que participó un portaviones nuclear estadounidense. Una operación que la agencia de noticias Associated Press News describió como “probablemente, las mayores maniobras navales jamás realizadas” y “una demostración de fuerza” (7). Dos días después, Pionyang procedió al ensayo de lo que presentó como su arma más reciente: el Haeil-5-23, un sistema ofensivo nuclear submarino.
En marzo de 2024, Estados Unidos y Corea del Sur organizaron su serie de maniobras militares anuales, denominadas Escudo de la Libertad (Freedom Shield). Por primera vez, estos ejercicios contaron con la participación de doce miembros del UNC (entre ellos Australia, Canadá, Francia, Grecia, Italia y el Reino Unido). Washington y Tokio, por su parte, anunciaron su decisión de poner en marcha “la más importante actualización de su alianza de seguridad desde que ambos países firmaran un tratado de defensa mutua en 1960” (8). Sin embargo, un paso en falso en esta macabra danza podría desencadenar un conflicto a gran escala en la región. Ponerle fin pasa por abandonar la idea según la cual las tensiones derivan de la actitud de Corea del Norte e interesarse más por la de Estados Unidos, que, también en esta región, es quien lleva la voz cantante.
Desde la desintegración de la Unión Soviética, Corea del Norte siempre ha tratado de negociar directamente con Estados Unidos. Desea firmar un tratado de paz que ponga fin a la guerra de Corea con el propósito de normalizar sus relaciones. Washington se niega por muchos motivos: la amenaza norcoreana es de gran utilidad al complejo militar-industrial estadounidense, ya que justifica la financiación de una serie de sistemas armamentísticos particularmente onerosos. También permite justificar el mantenimiento de bases y tropas estadounidenses en Japón y Corea del Sur, lo que vale por decir: en las inmediaciones de China. De ahí que Estados Unidos solo esté dispuesto a reunirse con Corea del Norte si el orden del día se limita a la cuestión de saber cuándo y cómo pondrá fin el país a su programa militar y destruirá sus armas.
Por lo demás, no fue Corea del Norte sino Estados Unidos quien introdujo, en 1958, armas nucleares en la península de Corea. Y esas armas se esgrimieron en varias ocasiones para amenazar a Pionyang décadas antes de que este emprendiera su propio programa nuclear, en violación de los principios del Tratado de No Proliferación Nuclear. En la actualidad, Corea del Norte se enfrenta a una alianza de países hostiles fuertemente armados liderada por Estados Unidos. Mientras que los gastos militares se elevan a unos 900.000 millones de dólares en Estados Unidos y a cerca de 40.000 millones de dólares en Corea del Sur, Corea del Norte solo está en condiciones de invertir en defensa unos 4000 millones de dólares, según las estimaciones del Departamento de Estado estadounidense. Desde el punto de vista de Pionyang, una desnuclearización unilateral equivaldría a una especie de suicidio. ¿Significa eso que Corea del Norte está poniendo en peligro la paz?
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(1) Robert L. Carlin y Siegfried S. Hecker, “Is Kim Jong Un preparing for war?”, 38 North, Washington, 11 de enero de 2024, www.38north.org
(2) Edward Wong y Julian E. Barnes, “U. S. is watching North Korea for signs of lethal military action”, The New York Times, 25 de enero de 2024.
(3) “Respected comrade Kim Jong Un makes policy speech at 10th session of 14th SPA”, traducción al inglés del discurso disponible en https://kcnawatch.org/
(4) Jang Chang-jun, “Crisis bélica en la península de Corea: ¿repetición del pasado o nueva fase?” [en coreano], Minplusnews, 24 de enero de 2024, www.minplusnews.com
(5) Lee Minji, “Kim’s sister warns U. S. military will face ‘very critical flight’ in case of ‘repeated intrusion’”, 11 de julio de 2023, https://en.yna.co.kr
(6) Kim Han-joo, “Yoon orders military to retaliate first, report later in case of enemy attacks”, Yonhap News, 28 de diciembre de 2023, https://en.yna.co.kr
(7) Kim Tong-hyung, “The US, South Korea and Japan conduct naval drills in a show of strength against North Korea”, AP News, 17 de enero de 2024.
(8) Demetri Sevastopulo y Kana Inagaki, “US and Japan plan biggest upgrade to security pact in over 60 years”, Financial Times, Londres, 24 de marzo de 2024.
Martin Hart-Landsberg
Profesor emérito de economía, autor de numerosos libros sobre Corea y Asia Oriental y administrador del laboratorio de ideas Korea Policy Institute, con sede en Estados Unidos.
Publicado originalmente en el número de Junio de Le Monde Diplomatique
GACETA CRÍTICA, 19 DE JUNIO DE 2024
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